PULSIÓN

Se mezcla la tragedia en la tormenta
con la calma del rostro del deseo
a la par que el incesante aleteo
de los fulgores a la muerte ahuyenta

en la inmediata aurora virulenta
bajo la enfermedad del apogeo
rendida ya al soberbio centelleo
que cede la velada polvorienta

a la electricidad ya dominante
de la noche, que pierde su fragancia
por cortejar al albor asonante,

derramando sin piedad ni ganancia
glóbulos dorados, en un instante,
dejando la senda a la extravagancia.

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