Para ti

Para cuando leas esto estarás muerta.

Me imagino en este momento tu risa nerviosa y tu mirada de animal asustado, buscando a tu alrededor alguna respuesta, algo que te libere de la opresión que ahora sientes en el pecho. Claro, si estás leyendo esto es imposible que estés muerta, ¿no? Tiene que ser una broma —una de esas atrozmente pesadas— pero de las que uno se ríe largamente cuando las descubre.

Lamentablemente, el único que reirá acá soy yo… Y tú no podrás escucharme cuando lo haga.

No hay nada que puedas hacer, así que ni siquiera te levantes de la cama. ¿Qué como sé que estás acostada? Querida, me ofendes: te conozco perfectamente. ¿Recuerdas cuánto tiempo estuvimos juntos? Exactamente. Yo le llamaría, sencillamente, demasiado tiempo.

Hasta que me robaste mi inmortalidad, claro está.

Debo decir que adoré tu plan cuando lo descubrí. Me dio un poco de rabia —sí, es cierto, lo reconozco— y desee estrangularte con mis propias manos pero, ya ves, no se puede tener todo lo que uno quiere en la vida.

Ni siquiera cuando se está muerto, como en mi caso.

Ahora, lo interesante aquí es que entiendas cómo te maté desde el otro lado. Como logré acabar contigo, siendo que ahora no soy más que un cadáver pudriéndose en un ataúd, tres metros bajo tierra.

Considerando que tu tiempo es escaso, iré al punto. ¿Te suenan las palabras arraght millish? ¿No? ¿Ni siquiera cuando te las mencioné una y otra vez, durante todos los eones que compartimos?

Bueno, si tu conocimiento del argot está algo oxidado —y creo que lo está— tendrías que buscar uno de mis tomos para dilucidar qué diablos significan esas dos palabras; por favor, permíteme que te ahorre la molestia. Por los viejos tiempos.

Arraght millish significa «dulce espectro».

Sí, es ese mismo componente del que tanto te hablé, el que era capaz de acabar con uno de nosotros incluso con la menor ingesta. Claro, también te aclaré que tenía un fuerte olor y sabor, lo que nos alertaría de él en cualquier circunstancia.

Ahora, conociéndote como te conozco, luego de haberte librado de mí tenías que celebrar. ¿Y qué mejor que hacerlo bebiendo una botella de ese licor dulcemente añejo que tanto te gusta? Sí, ese mismo que estaba guardado en la cava inferior derecha, especialmente reservado para un momento especial como éste.

¿Te acuerdas ahora del ligero sabor metálico que sentiste hace unos momentos? Ese era el arraght, disfrazado con ciertas especias con las que estuve experimentando por siglos antes de perfeccionarlas. Ahora, ¿cómo supe exactamente cuál botella tomarías? Eso ni yo podía saberlo, así que las envenené todas.

La carta, por supuesto, la dejé bajo tu libro de cabecera, confiando en que tu obsesión por el orden te llevaría a leerla después de haber bebido una copa. ¿Acerté? Estoy seguro que sí.

Acerca de mí, puedes estar tranquila: aquel cadáver está tan sólo descansando y, en un par de días, reirá ruidosamente cuando emerja de la tierra.

F. A. Real H.

(Santiago, 1986): Escritor, editor y traductor. Ganador de varios concursos literarios menores en Chile, España y México, ha traducido variados autores y obras, entre las que destaca “Yo, Cthulhu”, de Neil Gaiman y Los Dioses de Pegāna (2014), de Lord Dunsany. Ha sido antologado en 101 Cuentos Rescatados del Cementerio (2011), Cuentos Chilenos de Fantasía (2012), Cuentos Chilenos de Fantasía: Antología 2010-2012 (2013) y Cuentos Chilenos Steampunk (2014). Es director de Fantasía Austral y panelista estable de Sin Lugar para los Débiles.

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