La mancha de tinta

Tengo una cantidad imparable de espirales en la cabeza, que zumban, que no me dejan estar en soledad.
Mas tengo miedo de estar sola y encontrarme cara a cara con el abismo de mis pensamientos, y flotar en una oscuridad que  se propaga por cada rincón, que se reproduce, que se multiplica como nidos de araña. Voy a darle mecha a esta resina inflamable, voy a subirle el volumen a la música voy a acallar mis voces internas y dejar que el tiempo resuelva los problemas por mi. 
Me enfrento de nuevo a este precipicio de pensamientos que me encandilan, la lapicera escribe estas lineas por si sola, autómata. La luz se adueña de mis ojos, de mi cuerpo.

Mis párpados se cierran por tan solo un momento.

El aroma de la noche me acecha y su calma me desvela, la lluvia vino ya a lavar nuestros pecados, se hizo vapor y se convirtió en olvido.
Estoy en un viaje en el que ya me perdí y nada sacia  mi sed de libertad. De repente pasan un par de años y sigo sentada en la misma silla, en la misma situación, con la misma melodía escribiendo este mismo texto.
Una mancha de tinta ahora emborrona los puntos, nada tiene final. Todo es un desastre de tinta y sangre que cae de mis ojos. El tiempo resuelve.
El tiempo resuelve una muerte distante y silenciosa, el tiempo lo dispone todo. El silencio de mis pensamientos, esa es la verdadera muerte.

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