Poesía espontánea y barroca

 

Ese trozo de pizza que nos sirve como intento vano,
como espasmo motor.
Y esos trozos más pequeños que se acumulan
en las cañerías solitarias llenas de parásitos,
del camino del Tao.
Pútridos cuerpos celestes manando pletóricamente
participaciones platónicas,
llenas de estrabismo y mal asimilación.
Venas hinchadas como reclamo de ADN sobrevalorado.
Pienso en los antiguos y me siento presionada.
Pienso en ti y las transaminasas se invierten en su oxigenación.
¿Cuántos sonidos podré otear?
Siempre lo mismo, desautomatismo voluntario,
como instinto.
Mímesis, insecticidio mundano.
No conoces a nadie.
El fuego consume el agua,
mi miopía es un simple reflejo del loto violado.
Mancillas mi casa y te atreves a desafiar mi pulso.
Nada se lleva, todo perece, todo amanece, nada cuelga.
Sigue así y tendré que morder lo obvio.
No desafíes lo que masticas.
¡Maldita lechuga, de ella saliste y a ella volverás!
Pero todo lo habrás vomitado en vano.
Patrones violados por su homólogo.
Nada importa si no queda explicado, limitado, mancillado.
Me gusta tener relaciones sexuales con la palabra “ciencia”.
Me gusta agotar la semiótica de la antimateria.
Mis densidades y lo blanco de mi letra.
Me cuesta concentrarme en la densidad.
En la posibilidad nouménica, en los ojetes cuánticos.
Los pliegues de tu blusa solapan cuestiones.
Y mis manos y tu ego,
juntos hallan lo inamovible de la posibilidad.

H. Purr

H. Purr (diciembre 1991) http://hpurr.blogspot.com.es/

Mi alter-ego entrañable y misántropo lo podéis encontrar en Twitter.
No apto para gente sin sentido del humor. En homenaje a Ignatius J. Reilly.

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