LA ALUMNA Y EL PROFESOR

Ella estaba tendida boca abajo en la cama, desnuda, húmeda. Él la miraba incrédulo, sí, era ella, la chiquita, su alumna, la cumpleañera y sus diecisiete, en su cuarto, en su cama, y sin llamarla si quiera, sin duda… era la calentura, el cuerpecito a esa edad ya pica, y el morbo, claro, el morbo de ser poseída, penetrada, sí, tenía que ser eso, calentura y morbo, ambas cosas la habían traído cual caperucita a la boca del lobo, con la diferencia que esta vez el lobo no había movido ni un dedo.

Él estaba casado y su esposa seguro no tardaría en llegar, pero por otra parte también era un hombre, con un miembro ya erecto, siempre quería lo mejor para sus alumnas y nunca les negaba nada, mucho menos la cultura, y el sexo es cultura, sí, es cultura sexual, y ella que no es tan niña que digamos, y queríendolo sobre todo, deseándolo por ella misma, consiguiéndose la dirección de su casa y todo, y hasta arreglándoselas para tocar la puerta cuando la vieja no estara…

En fin, inútil era pensar cuando él ya había tomado su decisión y no daría marcha atrás, y más ahora que ella desde la cama le decía: “profe ¿yaaa?, deme lo que quiero, plis, ¿o es que he caminado cuadras enteras por las puras?” y su sonrisita; era todo lo que quería escuchar y se avalanzó encima de ella, penetración y gemido fueron uno solo: “Aaayyyyy”.

A fin de año, en la entrega de notas, grande fue la sorpresa de la madre cuando después de tres bimestres jalados en el mismo curso lo lograra aprobar a las justas con un 11, la causa era un 20 en el cuarto bimestre, ¿la explicación?, qué importaba, “venga mi chiquita yo sabía que eras inteligente” y la colmaba de besos y abrazos. Ella, la chiquita, se dejaba abrazar y besar con una ligera sonrisita en los labios.

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1 Comentario

  1. por Gabriel publicado el 11/01/2018  13:30 Responder

    Lo que voy a contar sucedió a principios de este año.
    Tengo 52 años y me defino como un tipo con cierta facha
    Soy profesor y tengo muy buena onda con mis alumnos, quiza esto provoca un grado de seducción en ellas. Hasta ese momento nunca se me había cruzado en la cabeza tener algo con una alumna, pero flor (así la voy a llamar para no dar su verdadero nombre) tenía algo especial.
    La tuve todo un año y siempre había miradas cómplices, pero nunca un avance.
    Llegaron las vacaciones y su cumpleaños entonces la salude por facebook, ella respondió mi saludo casi de inmediato y comenzamos a charlar. Me dijo que iba a extrañarme y que queria volver a tenerme como profe por que yo era especial para ella. Entonces no pude resistirme y comencé el juego.
    - ¿especial? Le pregunte
    -si.
    -¿qué tan especial?
    -mucho. Dijo
    -suena a que no debería ser tu profe.
    -ya no lo sos
    -es verdad. Le dije
    -me gustas como hombre
    Por un momento me quede paralizado, no sabia si seguir o no. Pero era cierto yo ya no era su profe, el año habia terminado, entonces me dije, por que no.
    -vos sos muy linda también
    -me gustaría un regalo de cumpleaños. Me dijo.
    - ¿qué clase de regalo?
    - quiero verte. Dijo ella
    -flor sabes que nunca hice algo así
    -yo tampoco, pero quiero hacerlo
    -- ¿hoy?
    -si, hoy
    -ok
    Nos encontramos a la tarde y tomamos algo, lo hicimos en un lugar donde nadie nos podía conocer. Parecíamos padre e hija, algo común
    Charlamos un rato y le pregunte hasta donde quería llegar, y me dijo que hasta donde nos animemos los dos.
    Pagué y nos fuimos, subimos al auto y fuimos a un hotel
    Todo era muy excitante. Yo con mi alumna de 21 años por primera vez.
    Comenzamos a besarnos, ella movía su lengua contra la mía de una forma que se me erizaba la piel.
    Comenzamos a sacarnos la ropa y quedamos casi sin nada sobre la cama.
    CorrÍ su tanguita y comencé a chupar su sexo, ella gemía fuerte. Luego me acomode y arrime mi pija a su boca y como si fuera una experta se la metió entera, su lengua recorría la cabeza de mi pija y jugaba con mi glande como con experiencia.
    No aguanté más, se la saque de la boca y me dirigí a su conchita
    Lentamente comencé a penetrarla. Yo sentía que estaba en el paraíso, ella se retorcía de placer y trataba de ahogar sus gemidos pero no podía. La penetré hasta el fondo y me pedía más, entonces comencé a embestirla con fuerza. Sentía que estaba por acabar entonces la saque y termine en sus hermosas tetas.
    Ambos quedamos agotados, pero con ganas de repetir.
    Lo que voy a contarles en mi segundo relato. Hasta la próxima.

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