A VECES ME GUSTA MIRARME

A veces me gusta mirarme. Vengo de yoga y me ducho. Me siento flexible y mientras extiendo la crema a lo largo de los brazos, acariciándome desde los hombros, me observo en el espejo. Nadie me espera, puedo dedicarme tiempo. Imagino lo que sienten los hombres teniéndome delante así, desnuda y sonriente, dispuesta ¿soy una tentación?. Creo  que sí, puede que sí.

En mi cabeza habla una mujer y me pide que fotografíe lo que veo, quiere disfrutar de la visión de mi cuerpo. Obedezco excitada, ella está esperando. Cojo el móvil y activo la cámara colocando hacia mí el objetivo. Me recorro viendo la imagen reflejada en la pantalla. Mis formas son curvas y suaves y puedo lograr una perspectiva muy sexy buscando una buena posición. Escucho el clic automático de la fotografía y la miro. Me gusto y le doy otra vez al botón. Sueño que ella aprueba mi conducta y me anima. Quiere ver todo mi cuerpo y se inventa una historia sobre un concurso de fotos pero yo no le presto demasiada atención, estoy eligiendo la mejor panorámica de mis pezones. Su tono rosado y un ligero brillo resultan apetecibles y naturalmente busco que se reflejen en todo su esplendor. Hace un momento estaba relajada y ahora siento la tensión del deseo. Elijo una nueva postura enfocando mi pubis depilado. La cámara lo muestra aniñado, pequeño con su breve sonrisa vertical. Me gusta sentirme observada y prosigo notando como se humedece. Ya no escucho la voz de la mujer cuando me coloco el móvil entre las piernas, ella permanece callada observando. Dejo que el objetivo enfoque mis labios, mientras deslizo un dedo sobre ellos. No sigo, quiero enseñarle mi trasero contundente. Sé que lo espera desde hace rato. Me coloco de espalda frente a la pared y la veo reflejada en el espejo, los brazos estirados, las piernas ligeramente abiertas y una suave marca del sol sobre mis nalgas. Arqueando la espalda, me inclino un poco más hacia delante y contemplo como ocupan el centro de la imagen. Abro un poco más las piernas, exhibiéndome. Estoy segura de que no podrá resistirse a tocarme.
Mientras sigo haciéndome fotografías me impongo la disciplina de no acariciarme. Cuando termine de mostrarme, la voz de mi cabeza me agradecerá haber sido tan generosa y nos citaremos para otro día. Entonces podré tumbarme sobre la cama y calmar el deseo de esta noche.

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