La luz en la montaña Cap 2 (Estruendo)

-Tira de ese lado, chico!- lo apremió el anciano por el altavoz

-Eso intento, eso intento!- replicó el sudoroso muchacho mientras trataba de sostener la enorme plancha metálica en el aire. –Nada!, pesa demasiado!, me va a hundir!- gritó asustado.

Un espantoso crujido indicó que otro de los soportes había cedido, apenas quedaba tiempo y aquel tesoro de casi tres toneladas se hundiría en el mar si no lograban izarlo. Por desgracia, un enorme y oxidado armazón metálico actuaba de tenaza sobre la preciada plancha de metal, logrando que poco a poco los soportes de la montaña de chatarra sobre la que se encontraban fuesen cediendo en una algarabía de chasquidos y crujidos. Marcus sudaba aferrado a la palanca de sujeción, su N.O.C.N.I se encontraba peligrosamente cerca de la fuente de crujidos y eso le asustaba. En cualquier momento la estructura se vendría abajo y el desdichado joven se hundiría bajo una montaña de escombros y metal.

Marcus continuó aferrando la enorme plancha metálica con las pinzas delanteras del artefacto, clavó las traseras para ganar agarre adicional y comenzó a tirar de la placa aplicando el anzuelo trasero de agarre a la montaña de escombros que se recortaba detrás. Otro crujido, la plancha se deslizó un poco más hacia las profundidades, – El armazón es demasiado pesado!- pensó. –y sin embargo, el desgraciado no se suelta!-, -Maldita sea!- imprecó cuando la plancha se soltó de una de las pinzas que la sujetaban. –Tú no te escapas…-gruñó mientras aferraba de nuevo la plancha metálica con la pinza delantera libre. Un chasquido espantoso procedente del armazón le dio nuevos ánimos, al fin una de las partes de la plancha estaba libre y la otra comenzaba a sobresalir ligeramente.

El armazón emitió un nuevo crujido de protesta, las ventanas de lo que antaño debió de ser una oxidada cabina escalonada miraban con odio al ser de aspecto cangrejil que buscaba arrebatarle su corazón: Una enorme placa de acero eterno de casi veinte metros de ancho. Inicialmente, el tesoro oculto descansaba en la bodega de lo que antes fue un enorme barco antiguo, pero gracias a los esfuerzos de la desconocida criatura, ahora el tesoro era reclamado por un nuevo dueño y se abría paso rasgando en dos al que antes había sido su guardián.

Ahora, el armazón se hunde en las profundidades del mar que antes surcó orgulloso, decidido sin embargo a arrastrar consigo el gran tesoro que tantos años custodió, enzarzado en un mortal pulso con el N.O.C.N.I que pugnaba por arrancar la valiosa placa metálica del gigante moribundo. El piloto del artefacto se aferraba a la palanca de anclaje con fuerza mientras con su mano metálica intentaba a duras penas continuar peleando por el ansiado premio.

-Cede maldito esqueleto…- gruñía con la fuerte perlada de sudor, la pantalla azul central indicaba que el nivel de oxígeno y cadmio eran  suficientes para permanecer un par de horas más operando a un nivel similar. Otro espantoso crujido indicó que el momento de la victoria estaba próximo, unos pocos minutos bastarían, solo tenía que aguantar un par de minutos más y todo acabaría.

Y tenía razón…

El primer impacto sacudió el N.O.C.N.I, aplastó una de las pinzas y golpeó el abandonado cadáver que resonó como un gong. Una miríada de crujidos y horribles quejidos metálicos llenaron la pequeña cabina, Marcus se incorporó y observó al principio confundido como cable del anzuelo trasero se precipitaba al negro abismo, luego horrorizado al observar como el cable poco a poco se tensaba y arrastraba bruscamente el N.O.C.N.I hacia el abismo…

-Mierda!, No!, No!,No!NO!-

-Que sucede Marcus?!- resonó la voz del anciano por el altavoz con un deje de miedo

-Abuelo!, no sé qué hacer!, el anzuelo trasero me está arrastrando hacia abajo!No!,No!,NO!-

-Usa el anzuelo delantero!, clava el anzuelo delantero!, gira la cabina y clava el anzuelo!-

Marcus gritó de dolor cuando la palanca de estabilidad se escurrió y le golpeó en los genitales. Trató de ignorar el intenso dolor y aferró nuevo la palanca mientras con la mano metálica giraba frenéticamente el rudimentario volante del artefacto. La montaña de escombros se desintegraba por momentos, trozos plásticos y metálicos golpeaban el N.O.C.N.I, por fortuna, estos no eran lo suficientemente grandes como para causarle graves daños o derribarlo, sin embargo, el derrumbe iba en aumento y la montaña entera se convulsionaba ahora en su agónico final. Marcus tomó aire y aferró con más fuerza la palanca de estabilidad, ya se hallaba casi en el borde del abismo oceánico y no quedaba tiempo, tenía que calcular el momento justo donde soltar la palanca y aferrar el mando del arpón. El abismo estaba cerca, ya podía ver el borde así como al esqueleto metálico precipitarse hacia el abismo, sin la placa metálica que tras soltarse, descansaba un centenar de metros más arriba, clavada en la tambaleante mole que amenazaba con derrumbarse.

Diez metros, la mano metálica de Marcus era incapaz de mantener fija la palanca que temblaba descontroladamente.- Vamos, aguanta un poco más- imploró.

Nueve metros,  otro impacto sacudió el maltrecho artefacto produciendo un quejido metálico espantoso. Marcus alcanzó a ver vagamente una aspa metálica desaparecer en el abismo

Ocho metros, el suelo de chatarra dio paso a la negra piedra, logrando que el chirrido metálico se multiplicara por mil, el muchacho contuvo las locas ganas de taparse los  oídos y aferró con toda su alma la palanca de estabilidad del artefacto

Siete metros, uno de los dedos metálicos de Marcus se partió con un brutal crujido, un aullido de dolor recorrió la cabina y sangre mercúrea bañó el suelo.

Seis metros, la palanca de estabilidad se dobló hacia delante, el muchacho clavó los talones en el asiento mientras trataba de enderezarla con todas sus fuerzas. Otro impacto lo hizo sacudirse y gritar de nuevo de dolor.

Cinco metros, el muchacho perdió de vista la montaña de chatarra cuando un saliente inesperado cubrió su visión, desesperado, su mano metálica ordenó a la pinza ilesa que aferrase el saliente con todas sus fuerzas.

Cuatro metros, la pinza se partió con un sonoro ´Clac`, el muchacho vislumbró durante un segundo el apéndice anaranjado antes de enfrentarse de nuevo al abismo

Tres metros, la palanca de estabilidad se partió en dos y Marcus se estrelló violentamente contra el asiento. Dos nuevos apéndices metálicos rodaron por el suelo y el muchacho sintió como el mundo estallaba en su cabeza.

-Tanto poder a tu alcance… y eres tan tonto.- resonó en su cabeza. –Que desperdicio- concluyó.

Dos metros, se lanzó a la palanca de mandos y aprestó el arpón. La sangre metálica manaba de los tres muñones y el dolor lo recorría como si fuesen latigazos pero aguantó y trató de concentrarse.

Un metro y el negro abismo ya le esperaba, la sardónica e incontestable nada, la muerte por la presión y el olvido en un mundo ocupado por el vacío.

El N.O.C.N.I perdió pie y fue arrastrado por el anzuelo hacia la negra oscuridad… entonces, y solo entonces, cuando el abismo se alzó para reclamarlo y la presión amenazaba con quebrar el artefacto…  apuntó con toda la calma del mundo y disparó.

El arpón voló con un zumbido sordo e impactó con fuerza contra la pared de roca, hundiéndose en sus entrañas, el artefacto frenó su descenso de forma brusca, el acero eterno se tensó y  crujió de forma amenazante pero no se partió a pesar de la monstruosa tensión que soportaba. El muchacho saltó del asiento y se dirigió trastabillando hacia la escotilla roja de salida, tenía que alcanzar la bolsa antes de que el N.O.C.N.I se partiese en dos, como seguro que haría.

Otro crujido, a pesar de la profundidad a la que estaba clavado, el arpón de anclaje no aguantaría mucho, el grueso cable metálico se tensaba de forma agónica soportando presiones inmensas, columnas de burbujas aceitosas acompañaban los crujidos y un enorme impacto sacudió el aparato. Marcus soltó un grito al ser lanzado hacia la consola de mandos, aturdido, luces parpadeantes danzaban ante sus ojos, trató de mover la cabeza y notó la sangre en la boca.

Otro impacto brutal sacudió el Artefacto, el muchacho fue arrojado contra la pared derecha contra la que se estrelló con fuerza. Marcus trató de levantarse pero estaba mareado, veía llover chatarra a su alrededor, hundiéndose en las negras profundidades y comprendió lo que sucedía: el soporte había cedido y ahora la montaña de chatarra se deslizaba hacia el abismo oceánico. La lejana voz del abuelo resonó en la pequeña cabina:

-Chico!,Marcus!. Sal de ahí! Sal de ahí ahora mismo!- Gritó. –Todo se está viniendo abajo!, Marcus!- repetía. – Me oyes Marcus?!, Sal de ahí ahora mismo… Marc…!-

La voz del anciano fue totalmente bloqueada por el sonido de la roca al ceder y al quebrarse, los espantosos chasquidos y crujidos ahora daban paso al sonido sordo de cientos de toneladas de escoria metálica al deslizarse hacia el abismo. Un nuevo impacto sacudió el aparato, más fuertes que los anteriores, otro impacto desestabilizó el N.O.C.N.I.

Marcus se incorporó con esfuerzo y vomitó el desayuno y los restos de la cena del día anterior, un olor acre invadió el pequeño habitáculo y el muchacho sufrió una nueva arcada, notaba dentro de él una sensación hormigueante en el pecho, una sensación que conocía demasiado bien y que temía más que a la muerte. Otro impacto lo estrelló de nuevo contra la pared, sintió que la sangre manaba de su espalda y eso le dio fuerzas. Se alzó usando la pared como soporte, nuevos impactos zarandearon el vehículo, Marcus aguantó el golpe y logró mantenerse en pie. Acto seguido, se precipitó hacia la escotilla, una voz de alarma alertaba que el Neo Operario Crustáceo para Iniciativas Náuticas se encontraba en estado crítico.

-Como si no lo supiera!- Vociferó  mientras se afanaba por abrir la escotilla. Un nuevo impacto sacudió la cabina astillando el grueso cristal, Marcus observó hipnotizado como la diminuta grieta aumentaba por momentos. La muerte se burlaba de él desde el agua, haciéndole señas.

La escotilla cedió con un chirrido y Marcus ascendió por las escalerillas metálicas, en un instante un rugido ensordecedor le indicó que la cabina había cedido y en un par de segundos notó como el agua ascendía por sus pantalones a más velocidad de la que él ascendía. El pánico se apoderó de él y la visión se tiñó de rojo al tiempo que la voz regresaba.

-Usa tu poder, estúpido… o morirás-

-Prefiero morir, ya lo sabes-

-Ya sé que eres un idiota pero yo no deseo morir…-

-por desgracia es mi decisión…-

-úsame…-

-jamás-

-Entonces morirás…-

-sí, moriré contigo y le haré un favor al mundo.-

-al menos permíteme que alimente este patético cuerpo tuyo.-

-…-

-Déjame mandarte fuerzas a tus débiles miembros… permíteme al menos eso…-

-…-

El agua alcanzó al fin al muchacho y anegó sus pulmones, se debatió y trató de continuar ascendiendo, apenas quedaban unos metros pero sintió que caía,saboreó el miedo y el horror… y su corazón cedió.

-De acuerdo… Hazlo-

-Sainaran.-

Un calor súbito se apoderó de Marcus, su visión pasó del rojo al azul y del azul al negro más absoluto, sus extremidades se alargaron y sus pulmones cambiaron, la calma más absoluta se adueñó de él y lentamente comenzó a ascender en dirección a la cápsula de salvamento. Arrancó la escotilla de un manotazo y penetró en el interior de la capsula de salvamento. Sin la escotilla, el agua comenzó a inundar la capsula, sin embargo, deformó su cuerpo para taponar a la perfección la entrada y activó la capsula.

El N.O.C.N.I se perdió en los abismos pero la pequeña capsula unipersonal atravesó la lluvia de chatarra y emergió a la superficie dejando tras de sí una estela de burbujas violetas, negras, blancas y azules…

Un estruendo desconocido inundó la playa y derribó a Cat. El sonido: Una mezcla de chirridos ahogados y crujidos sordos, reverberó por toda la playa de escoria. La pequeña adolescente no fue la única afectada por el monstruoso sonido de índole desconocida. De hecho, la playa entera comenzó a bullir como si aquella cacofonía sorda significase el mismísimo fin del mundo. La muchacha de cabellos blancos sintió la húmeda arena en su espalda y su visión cubrió el cielo… Un cielo repleto de nubes negras amenazantes y bandadas de grises gaviotas que graznaban asustadas. El sonido se intensificó, a los chasquidos y crujidos se sumó un nuevo sonido: Una especie de ruido de arrastre que ponía los pelos de punta. La arena comenzó a moverse y agitarse, formas crustáceas emergían de puntos aleatorios chillando de pura agonía. Cat sabía lo que eran aquellas formas: Desolladores Náuticos, despiadados depredadores que anidaban por toda la costa, por lo que su hermano Leo le había explicado, los desolladores poseían un oído asombroso, por lo que Cat dedujo que para ellos, aquella cacofonía debía de suponer una agonía incesante.

-De todas formas… si la playa entera se mueve, tienes que moverte- pensó antes de incorporarse de un salto.

Examinó el estado de su espalda durante uno segundos, un par de magulladuras pero sin heridas de importancia. Acabado el examen médico, sonrió satisfecha y se agachó a ras de suelo para contemplar un poco más el espectáculo que ofrecían los desolladores.

Estos sin duda, habían enloquecido con la algarabía sónica que restallaba por toda la playa. Se movían de forma errática y desorganizada, atacando a todo aquello que estuviese a su alcance, lo que incluía también otros desolladores. De hecho, varios núcleos por toda la playa albergaban decenas de individuos sumidos en un frenesí de rabia y dolor ciego, su fuerza monstruosa derribaba las pilas de chatarra que encontraban en su camino, arañaban sus conchas con las afiladas pinzas que brotaban de  la espalda cubierta de grueso caparazón y afiladas púas, se desplazaban casi en cuclillas y en sus deformes rostros vio el sufrimiento en su expresión más básica y brutal. Cat ensanchó la sonrisa mientras el sonido poco a poco se intensificaba hasta el extremo de forzarla a tapar los oídos y apretar los dientes. La reacción en los desolladores la estremeció y obligó a apartar la mirada: Se quedaron quietos, catatónicos, con la mirada perdida en el horizonte y la mente obliterada por el insidioso sonido que ellos oían multiplicado por mil, sus rodillas comenzaron a temblar, espuma blanca salía de sus grandes bocas y tras un par de segundos inmóviles, comenzaron a despedazar sus propios caparazones  y arrancar  la grisácea y débil carne que se ocultaba debajo. Cat contempló casi asustada como más y más desolladores emergían de la arena para seguir el destino de sus hermanos… Entonces se asustó de verdad, cuando un desollador surgió de forma brusca de la arena, a escasos metros de ella.

Se quedó quieta, aguantando la respiración mientras observaba al desdichado ser, este se golpeaba contra la enorme pila de chatarra que se encontraba a su derecha. La masa metálica compuesta por oxidados trozos de metal, plástico y arena a partes iguales, se tambaleó por el impacto, arrojando una lluvia de despojos que Cat esquivó de una voltereta. El desollador no pareció reparar en ella y siguió golpeando la pila sin descanso, ajeno a los golpes y roturas que presentaba su caparazón con cada nuevo golpe. Cat retrocedió unos metros cuando advirtió que la pila entera se tambaleaba a punto de caer, la cacofonía continuaba dañando sus oídos por lo que no pudo oír el chillido de alivio del antaño letal desollador cuando varias toneladas de metal y escoria aplastaron su cuerpo, acabando con su tormento para siempre.

Tras esta demostración de desesperación, a Car se le quitaron las ganas de seguir disfrutando del espectáculo. Por mucha rabia que los desolladores le causaran, por mucho odio que pudiese albergar hacia ellos, nada justificaba el sufrimiento que aquellas criaturas padecían. Era como si sus cráneos explotasen por dentro, como si cada segundo de audición significase un dolor incontestable. Ciertamente, para ella, el sonido era molesto, doloroso incluso, al fin y al cabo, era como si un ser gigante moviese un enorme objeto metálico arrastrándolo por el suelo. Pero aun molesto, la cacofonía era soportable. Por ello, Cat se estremeció al pensar si Dugath hubiese estado allí, a diferencia de Cat, la virtud de Dugath era su audición afinada. Facultad que le permitía localizar a un ratón a un centenar de metros sin dificultad.

Otro desollador, esta vez una pequeña hembra, trataba absurdamente de huir de la fuente del sonido, avanzó casi hasta la posición de Cat, antes de desplomarse inerte a escasos metros de ella. El ejemplo se repetía por toda la playa, la mayoría de desolladores no alcanzaban a recorrer un centenar de metros antes de perecer, aunque unos pocos, lograron alcanzar el anular antes de desplomarse entre estertores de agonía. A apenas tres metros, la arena se agitó cuando una miríada de crías trataron de huir en dirección al mar. Cat observó horrorizada como apenas alcanzaban la decena de metros antes de sucumbir al aterrador sonido… Que tras un crescendo monstruoso… se  detuvo.

Y como si de un regalo de despedida se tratase, el último sonido fue de tal potencia sónica, que Cat se desplomó al suelo entre arcadas, con un sordo pitido continuo en su cabeza. La nota de despedida era como si tras incontables siglos, el barrero que sujetaba la placa continental comenzase a moverse en su éxodo final hacia lo desconocido.  Si pudiésemos compararlo con algo, diría el sonido de las uñas sobre una pizarra elevadas al tamaño de islas. Un sonido que aturde, que desmaya y destruye. La nota final del apocalipsis de los Desolladores que acabó con todos los supervivientes que habían logrado resistir el ataque enterrándose y ocultándose bajo las arenas. Estos férreos supervivientes vieron su final cuando la nota definitiva licuó sus cerebros en un amasijo grisáceo que brotó de sus oídos. Cat sintió como todos y cada uno de los desolladores náuticos perecían, una oleada de muerte que la estremeció de la cabeza a la cola con un escalofrío que tradujo sus arcadas en vómitos.

Y después… el silencio.

Sordo, oscuro y carente de significado. Llegó como si de un invisible cuervo se tratase, para ensañarse con los muertos y atormentar a los vivos. Cat sintió el regusto metálico de la sangre en la boca, trató de incorporarse, pero perdió el equilibrio y acabó tumbada sobre la arena. La cabeza le daba vueltas, lo único que recordaba era la agónica expresión de sufrimiento de los desolladores, su monstruoso deformado hasta parecer irreconocible, a una parte de ella le habría gustado que semejantes monstruos recibiesen tal castigo. Pero, en su fuero interno, Cat lloraba de pena, toda la colonia de desolladores exterminada por algo implacable e imbatible.

Consiguió ponerse de rodillas, un hilillo de baba goteaba por la comisura de sus labios, la cabeza aún le daba y su visión era borrosa, el silencio era total. Sin gritos de agonía, sin estertores a su alrededor, nada. Como si algún dios demencial hubiese arrancado el sonido del mundo. A su alrededor, yacían varios cadáveres, no solo desolladores: Gaviotas, crustáceos diversos e incluso un par de rayas negras que se debatían por regresar al agua agitando su cuerpo pesadamente.

-Me habré quedado sorda?- pensó

-Hola… Hola… Hola…- Oía su voz, pero como si proviniese de un lugar muy lejano, en cambio, el pitido permanecía en su cabeza, insidioso, molesto e incesante.

-Al menos algo puedo oír- se dijo en voz alta. De nuevo la voz parecía llegar de muy lejos.

-Vale, ahora… tengo que moverme.- decidió. –Arriba… vamos… un poco más… mierda!.-

Cayó de bruces al suelo, de nuevo, el sabor de la sangre inundó su boca, sus encías sangraban profusamente. La potencia del sonido había sido tal que había causado daños en su cuerpo, ignoraba exactamente que daños, -Eso ahora no importa- Decidió. –Por ahora es necesario salir de aquí… vamos a ver, arriba, arriba… No!-

Por tercera vez, su cuerpo saboreó la sangre, Cat comenzó a asustarse, -Que mierda pasa aquí?, Mi equilibrio es perfecto… No voy a poderme levantar hoy?!- Gritó.

-Y una mierda… Arriba!… Arriba!… No!-

Esta vez gritó de dolor, se había aplastado la cola con la caída y le dolía mucho, la cabeza le daba vueltas y su visión se tornó de nuevo borrosa. Ahora oía el mar, el mar y el pitido, el sordo pitido culpable de su malestar. –Mierda…-pensó mientras su visión se nublaba.

-Cat!, Cat!- una voz gritaba a lo lejos, era el pasado o el futuro? Estaba delirando?, nadie de su familia podía haberla seguido, se había asegurado de que la compuerta de  la torre quedase bien cerrada. No, estaba sola y abandonada a escasos tres kilómetros de su hogar, pero incapaz de regresar y acostarse en su litera, donde, enroscada, olvidaba todas sus penas.

Tighe corría como nunca en su vida lo había hecho, corría en dirección al cuerpo inerte de su hermana, mientras por dentro gritaba de pura pena e ira. Corría esquivando sin dificultad alguna los cuerpos de los cientos de desolladores que cubrían la playa, aquellas bestias no le importaban en absoluto, toda su visión estaba concentrada en el pequeño y delicado cuerpo tendido sobre un charco de algo que rezaba con toda su alma para que no fuera sangre. La cacofonía misteriosa había afectado también al anular donde todos cesaron sus tareas para taparse los oídos y encerrarse en sus habitaciones. Tighe y Noahn se habían asomado al balcón más alto del anular para tratar de localizar la fuente de tal sonido.

Lo que vieron los dejó boquiabiertos.

El mar de chatarra, la formación de deshechos de mayor envergadura de toda la zona, se desplomaba. Al principio mostraron una mezcla de inquietud y alivio, al fin y al cabo, el derrumbe de la enorme estructura explicaba la fuente de semejante estruendo. Después en horror, ya que el abuelo y Marcus operaban en aquella zona en ese mismo momento. La impotencia los invadió, Noahn lloraba y gritaba mientras golpeaba la barandilla metálica, Tighe intentaba decirle algo pero sus palabras eran sepultadas por completo por el creciente estruendo. Tighe sentía que algo dentro de él se rompía, le parecía imposible que su hermano y su abuelo muriesen… Pero… que esperanza había? , el enorme vertedero de derrumbaba a una velocidad asombrosa, su vista de águila apenas le ofrecía dato alguno, solo veía chatarra, chatarra y más chatarra acudiendo a su encuentro con las aceitosas aguas. A su lado, Noahn golpeaba la barandilla mientras las lágrimas surcaban su grueso bigote, a Tighe le parecía que gritaba algo, pero no habría podido leer sus labios ni en el caso de que hubiese querido, además, no hacía falta, su expresión de dolor y angustia era suficiente.

Tighe desvió la mirada al notar que las lágrimas anegaban sus ojos, no quería que su hermano le viese llorar. Él debía mantenerse fuerte, su abuelo así lo habría querido, alguien debía mantener la cabeza fría, alguien necesitaba tomar las riendas para sacar a la familia adelante… y sin Marcus, por mucho que le doliese, tendría que ser él. En su interior, su ser verdadero gritaba y lloraba de rabia, el hombre que le había salvado moría ahora ante sus ojos y él no podía hacer nada, nada, mas que contemplar como el vertedero se desplomaba sobre el mar. Su mirada se centró en la playa, donde una miríada de formas grisáceas que reconoció al instante como desolladores sufrían una desconocida agonía, la situación era tan dantesca que Tighe olvidó durante unos segundos el derrumbamiento. Los desolladores corrían por la playa en un afán asesino, atacando a todo aquello que encontraban antes de desplomarse, los más grandes optaban por el suicidio, derrumbando las pilas de chatarra de la playa sobre ellos. Las gaviotas perecían en pleno vuelo y se estrellaban contra el suelo. El propio mar bullía agitado: Las Kálasvas y las Rayas negras se varaban en la orilla, donde permanecían agitándose agónicamente.

Su mirada de pronto se vio atraída por una figura que no era nativa de la playa… Se quedó sin aliento, conocía demasiado bien aquella cola sedosa y aterciopelada, la había acariciado demasiadas veces para gran deleite de su dueña. Su cerebro trató de imaginar cómo Cat había terminado en aquel lugar, pero por algún motivo que desconocía, su cerebro no respondía. El instinto respondió por él, el ciego y abrasador instinto de rescatar a los cachorros en peligro que cualquier madre habría tenido. No pensó, era innecesario, la razón y la lógica estaban bien para determinados momentos… Este, no era uno de ellos.

Con facilidad trepó por la delgada barandilla y calculó la distancia: Necesitaría un buen salto para aterrizar de forma satisfactoria. A sus pies, decenas de metros aguardaban ansiosos su caída, la pared de la torre teñida de óxido descendía irregular hasta la aglomeración de chatarra contra la que batía el mar.

Ignoraba lo que en ese momento hacía su hermano, no era importante. En su orden de prioridades, lo primero era Cat, luego ya tendría tiempo de organizar prioridades. Tras de sí, un grito ahogado lo alertó… Era de Noahn? O de otro miembro de la familia? Acaso importaba?… Había llegado el momento.

Tomó aire, sus vientre se hinchó hasta triplicar su tamaño, flexionó las rodillas mientras aferraba los dedos a la barra…- 1,2,3…- Contó mentalmente- SALTA!- Gritó al viento.

Sintió su cuerpo volar, el viento acariciaba su rostro y el coro de gritos de piedad, ruego o ira quedaba muy atrás. El impulso lo llevó a perder el sombrero de plumas que adornaba su cabeza… No importaba, lo único que importaba era aterrizar y nadar hasta el cuerpo de su hermana.

-VENID A MÍ!!- Rugió a las aguas.

Ahora, empapado y magullado. Corría sin cuartel en dirección al inerte cuerpo tendido a casi un centenar de metros. Su hermana yacía inmóvil, con las gastadas prendas verdes teñidas de marrón y carmesí. Ya no cabía duda alguna, lo que empapaba las ropas de su hermana era su propia sangre. El aliento de Tighe había huido hacía mucho, quien sabía a donde. Sin embargo, continuaba avanzando incansable, los cadáveres a su alrededor todavía se sacudían por espasmos, no importaba, nada importaba salvo alcanzar el inmóvil bulto en el que ya vislumbraba una palidez mortal. Esquivó de un salto el magullado caparazón de un enorme ejemplar y espantó a las ansiosas gaviotas que picoteaban el cuerpo.

Por su parte, Cat navegaba en un mar de sombra y truenos, sin duda era el mismo mar que hasta ahora había visitado. Pues veía en un contorno borroso el anular recortándose en el horizonte, la playa sembrada de cadáveres, los huesos de hierro… Todo seguía allí. Igual… pero muy distinto. Las sombras mucho más intensas, las nubes de tonalidad anaranjada, el sol lo conformaba una diminuta pelota blanca que podía mirar sin esfuerzo. Todo era igual, pero por algún motivo se sintió desplazada en el tiempo y el espacio.

Algo se aferró a ella… Una entidad sombría, un borrón negro con gruesas patas arácnidas… La arrastraba al mar… Un mar lleno de tentáculos repugnantes y risas ahogadas… Un mar de ácido puro, de costas esculpidas en breves instantes, de habitantes abominables…

-Me estoy muriendo-pensó.

 

Y no pudo pensar nada más… Pues la oscuridad la engulló.

Animal Banir

Poeta, Psiconauta y Caminante Contemplativo. Enamorado de la vida y con pasión por la poesía y una buena tertulia. Mucho gusto en conoceros.

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