Caramelos de anís

Sólo tú, como el ave fénix supiste exactamente cuál era el momento en el que debías resurgir de ti mismo. Deambulaste entre la locura y la cordura y saliste victorioso. Luchaste con uñas y dientes por un único objetivo que alcanzaste: alzar con júbilo tu grito para expresarle al mundo lo que sentiste, la felicidad expresada en mayúsculas. Superaste el temido qué dirán, callaste a quien mal te quiso e hiciste que los tuyos sintieran el gran orgullo de verte sonreír hasta que te dolía la mandíbula. Recetabas caramelos de anís para la tristeza y la búsqueda de la tranquilidad era para ti el motor único de la vida.

 

Ahora yo: Inexperto, incapaz de superar tus logros, incapaz de dejar de presumir de quién eras. Con tu apellido y tu mal genio, buscando la felicidad en esa profesión para la que nací, como tú bien sabías: el placer de saber ordenar las letras para que en conjunto sepan al menos expresar todo lo que te echo de menos. Fuiste mi mejor mentor , un punto clave en mi origen.

 

Nos dejaste solos, huérfanos en este mundo lleno de incompetentes con apellido compuesto y talentos no pulidos. Esta semana hizo cinco años de tu partida y aún no me acostumbro a la soledad; no me acostumbro a no escuchar tu risa y ver como le das caladas a un cigarro de LM. No quiero, y sin embargo no puedo evitarlo, olvidar el matiz de tu voz cuando nos decías a todos lo que nos querías y lo que sin duda aún nos quieres, por muy lejos o cerca que hoy estés de nosotros.

 

Quizá no supe decirte en vida lo que hoy te quiero hacer llegar. Seguramente allí donde estés ni siquiera tengáis constancia de lo que pasa en este pequeño rincón del universo. Pero hoy he de acogerme a las palabras de Machado para poder seguir en la vida echándote de menos pero con fuerza y valentía, formándome como tú me decías, para ser cada día más capaz de derribar las mil barreras que el tiempo y la vida me pondrá para que aprenda a base de golpes. Él decía que por el amor viviremos, y yo aún no he dejado de amarte.

 

Querido abuelito, allí donde estés espérame a que un día vuelva para poder verte de nuevo. Espero tardar mucho en hacerlo, aún me queda mucho por conocer aquí. Pero no lo dudes, algún día volveré a pedirte un caramelo de anís. Porque desde el día 15 de octubre del 2009 no he vuelto a querer comerlos. Porque solo los tuyos tenían ese sabor tan especial.

 

Gracias abuelito por todo lo que aprendí de ti. Nunca olvidaré todo lo que me enseñaste. Si hoy soy como soy es gracias a ti. Te quiero, no lo olvides.

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