Cuatro segundos

Cuatro segundos.

Cuenta cuatro segundos. Uno. Dos. Tres.Cuatro. Es la duración del trayecto que recorre una lágrima.

Uno.

Tu cuerpo te alerta. Teme. Reacciona. Muestra sus señales. Y es capaz de anticiparse a ti. No es sólo un signo de debilidad. Es el instante en el que sientes verdaderamente qué significa la honestidad. Vulnerable a mil sensaciones y sentimientos perdidos… y también encontrados…

A ciencia cierta, es complicado que una vez que las lágrimas nacen… se detengan. A pesar de los obstáculos, los abrazos, palabras hirientes o de consuelo… a pesar de las personas. Y, sin tener en cuenta el lugar y el momento.

El peso de su fuerza no viene determinado. Agua. Sal. Recuerdos. Experiencias. Un poco de ti. Un poco de tu persona… Y de quienes te han ayudado a componer tu puzzle interno.

Siguen el mismo proceso fisiológico. Pero nunca es igual. No existen lágrimas idénticas… Y, aunque acuden todas a una a voz secreta… inundan tos ojos formando un llanto indivisible. Y están unidas con un fin.

Proteger.Comprender. Revivir…eso que acabas de imaginar. Siempre que necesitas despedirte…un tiempo… o para siempre… Y, hasta cuando te prometes ser feliz.

Dos.

La angustia es efímera. La voz quiebra. Y las emociones se hacen palpables. Es el momento único en que te permites recordar. Viajar al pasado. Valorar el presente. Justificar tus vivencias. Y, mostrarte expectante con mil ideas sobre tu incierto futuro…  Ajustar cuentas con tu trayectoria. Explorar el camino… e incluso estudiar por qué abandonaste otras alternativas. Pero… suceden entonces… durante el segundo tres… sensaciones contradictorias… orgullo y vergüenza… miedo y seguridad… felicidad y tristeza… como dos perfiles que conforman una misma cara. O dos manos enlazadas. Que ya no se extrañan de caminar unidas.

Cuatro.

Miras al cielo… y desde aquí tienes dos opciones… recobrar la calma, respirar y ser capaz de recuperar la mirada perdida y fija en un punto muerto… buscar tu serenidad y armarte ante lo que te agota… te debilita… o, en cambio… y siempre prefiero ésta… sonreír, limpiar tus lágrimas… dedicar unos segundos a reconocerte… sentir todo lo que te hace tal y como eres. Reconocerte en lo bueno, en lo malo. Y disfrutar de ti. Y en ocasiones… disfrutar de esos cuatro segundos de cada lágrima… porque… en definitiva… llorar es parte de nosotros… como señal de alarma… como reacción física a las emociones que tiene la vida. Señal intensa de que vivimos… y además significa que quedarán miles de cosas que nos sorprenderán y serán capaces de hacernos llorar de emoción.

 

Ariana Gutierrez de la Torre

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