El alma no responde

Leve. Sutil. Tanto como la vida de la llama en una cerilla.
Pierde de vista un silencio que es interrumpido por el zumbido de mil abejas… y ahora ocupa cada rincón de tu mente. Y no hay escapatoria.
Cuando las lágrimas ya se han congelado. El alma no responde. No hay estímulo capaz de reanimar el brillo en tus ojos. Que mueren vacíos y olvidan hasta cómo ver las cosas desde un mejor ángulo. Una mejor opción que desaparece frente a ti.
Cualquier ángel puede sentarse a tu lado a preguntar qué ves. Qué quieres ver o qué quieres sentir. Pero no habrá nada… así tu corazón se acartona. Raspa. Recela desconfiado.
Puedes pasear por todas las calles. Vacías… Y sentirte sola. Tus piernas te llevan. Te sujetan. Te afianzan al suelo que se quiebra ante cada paso. No hay destino. Ni descanso. No hay tiempo para pensar. No hay tiempo. Las emociones quedan fuera. Te esperarán ahí. Para cuando regreses. Mientras tanto permanece en ti el zumbido. Y hagas lo que hagas. Todo estará condicionado. Cada palabra, cada gesto… llegará el momento en que tu límite sea infranqueable y necesites dedicarte un momento a conocer en qué dirección vas a asentar para darte una nueva oportunidad… para desahogar tu corazón y poner tu contador emocional a cero.​

Ariana Gutierrez de la Torre

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