El mejor amigo del hombre

El perro estaba hasta el rabo, pero no hasta el rabo que le salía de encima del culo, no. Estaba hasta sus mismos testículos caninos.
Su dueña se estaba follando al pringado en su hocico. No tenian ningun respeto, y eso que habia marcado territorio.
Se meaba muchas veces encima cuando estaba nervioso, lo sabía, Y se había ganado más de una hostia por culpa de su incontinencia. Pero esa noche, cuando habían entrado por la puerta le había meado encima aposta. Y los imbéciles se habían reído con esa peste etílica que llevaban, y se habían metido a la ducha juntos antes de pasar a la cama.
Y no conseguía hacer nada. Y lo había intentado, vaya si lo había intentado.

Se había acercado dos veces.

La primera había actuado llevado por la ira. Se había lanzado gruñendo con el fin de separar a su amada de ese soplapollas. ¿Y que había conseguido? Llevarse dos patadas en el morro. De no ser así le habría arrancado esos huevos con tres pelos sueltos que tenía y se los habría tragado. Estaría goteando sangre por la boca en vez de lefa mientras disfrutaba de su mujer y le enseñaba realmente lo que era la postura del perrito.

La segunda se había parado a pensar. Años con los humanos le habían enseñado el significado de “maquinacion” y “concebir un plan”, así que se le iluminaron las orejas cuando supo que la solución estaba en aprovechar la moralidad de los bípedos. Se acercó más calmado y con el lomo encorvado y comenzó a lamerle los dedos de los pies al hombre para provocarle una caída en picado en el miembro que tanto se afanaba en hincarle.
Un gemido y embestidas más fuertes. Al hijoputa le ponía que el perro le lamiese los pies. Y luego sus colegas le decían en el parque que el enfermo era él por enamorarse de su dueña. Jodido cabrón, encima de zoofílico como él, homosexual. Y ahí seguía, metiéndole su asqueroso gusano por el agujero sagrado.

Pero no se iba a ir, no podía abandonarla.

Se quedó mirando impotente hasta que los gemidos de ambos se acompasaron y se convirtieron en gemidos de placer. Ella se apartó goteando su semen y el perro se marchó enfadado otra vez.

Se iba al salón. Y pagaría su rabia con el peluche con forma de ave que ella le había regalado. Si ella encontraba a alguien que se le corriese dentro, él encontraría a algo sobre lo que correrse.

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