EROS Y TÁNATOS EN ANTONIO MACHADO.

Preámbulo.
Tánatos es un concepto mito-cultural que representa la muerte en todas sus manifestaciones. En la mitología griega, era la personificación de la muerte sin violencia. Su toque era suave, como el de su gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre: las Keres, asiduas al campo de batalla. …
En Más allá del placer Freud lo identifica con el principio de nirvana o instinto de muerte. Según él esta pulsión obra en el sujeto como un fuerte apetito hacia el estado de tranquilidad total, el cese de la estimulación, del placer y de la actividad, un deseo por regresar al estado inorgánico inicial, a la muerte. El masoquismo, el sadismo y toda avidez por la destrucción son expresión patológica y manifestación de Tánatos.
Este instinto o pulsión es irreductible a otros instintos positivos, formando junto con el instinto de vida o Eros las disposiciones básicas de todo ser vivo, y por supuesto también el hombre.

Introducción
En este corto artículo trataré de aquilatar en qué términos o aspectos se plasma este instinto en la obra de Antonio Machado para determinar la actitud del poeta ante la fe.
La actitud que tenemos ante la muerte determina en efecto si somos creyentes o no. Para un creyente la muerte es un puente hacia la verdadera vida que es el más-allá. Para un ateo, en cambio, todo termina con ella. No hay nada. O mejor: Hay la Nada.
Luego: ¿Cuál de estas dos actitudes (la fe o la nada) ostenta Antonio Machado ante la muerte? y ¿Qué concepción tiene de Dios, resultante de esa actitud?
La mayoría de los críticos presentan a un Antonio Machado (abreviado aquí en AM) muy creyente y con una fuerte fe en el más allá. Sin embargo hay indicios en su obra que muestran a un poeta muy escéptico y demasiado agnóstico, para no decir ateo.
Es sabido que la poesía de AM es una búsqueda permanente del sentido de la vida y de las cosas; un largo trabajo interior, introvertido e insondable en torno al misterio mismo de nuestra existencia. Y es esta inquebrantable preocupación del poeta la que “crea una tensión dialéctica entre su creación espontánea y su conciencia retrospectiva” (1).
Dado el corto espacio del presente trabajo, intentaré mostrar brevemente cómo obra Tánatos en AM para poder desvelar la actitud del poeta ante la muerte y la fe.

I. La larga sombra del escepticismo en AM.
¿Es AM cristiano, agnóstico o ateo?

El poeta alcanzó tardíamente sólo una titulación universitaria que no pudo culminar con el doctorado. Sin embargo, AM fue un activo investigador y un continuo estudioso de las principales corrientes filosóficas contemporáneas, hasta tal punto que las ideas de algunos autores elegidos influyeron profundamente en su poética.
Conviene presentar desde ahora mi hipótesis de trabajo: en relación con el tema de Dios, AM muestra un escepticismo inequívoco. Cree más en el hombre que en las metas escatológicas. Para él, Dios es sólo un presentimiento o nostalgia de algo indefinido. AM es sobre todo un existencialista. Y como bien se muestra en su poema, es un ateo insatisfecho que sólo siente la necesidad de Dios:
“Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía… Después soñé que soñaba”.

Muchos son en efecto los estudios sobre la obra de AM que señalan como influencias impactantes las obras de Nietzsche, Unamuno, Bergson, Kierkegaard, Heidegger y Freud. Nietzsche anuncia la muerte de Dios y Freud demuestra que la religión es una neurosis. La concepción que tiene AM del hombre es la de un ser heterogéneo fragmentado y situado frente a la nada, fuente de angustia y del nihilismo en su vertiente escéptica. AM muestra una mórbida curiosidad permanente por la metafísica del Ser/no ser.
Esta problemática se plasma ya, como lo notaron muchos autores, en Los Complementarios, bajo los títulos ambiciosos de “Apuntes para una nueva teoría del conocimiento” (2) y de “Sobre la objetividad” (3). Aquí AM explica, contrastando la fe, que tiempo y espacio son meras “pseudo representaciones” y que la objetividad no es posible “porque las conciencias individuales no pueden coincidir con el Ser, esencialmente varío, sino con el No-Ser” (4); porque la “Objetividad, que en sí no es posible de alcanzar, es simplemente el reverso borroso y desteñido del ser pensante. Sólo existen conciencias individuales, varias y únicas, integrales e inconmensurables entre sí. Y lo que es común a todas ellas es el trabajo de desobjetivación” (5) o perspectivismo del pensamiento…
En su obra Las adelfas (6), encontramos más detallada esta ambivalencia del Ser/No Ser, Dios/LA Nada, Realidad/Sueño: la de una racionalidad del pensar socrático que persigue una verdad universal y la de la conciencia individual, discontinua, un conjunto de experiencias vitales, de fracasos y desengaños, donde lo irracional prevalece sobre lo racional. Mas en un escrito de 1938 AM opta por la desobjetivación y confiesa su irracionalismo en estos términos: “Siempre he sido un hombre muy atento a los propios sueños, porque ellos nos revelan nuestras más hondas inquietudes, aquellas que no siempre afloran a nuestra conciencia vigilante” (7).
En otro apartado de su Los Complementarios (8), AM muestra explícitamente su preferencia: “El culto a lo inconsciente parece tener hoy más devotos y oficiantes que nunca. Ellos convierten en temas de reflexión y análisis los que fueron ayer temas de fe, de honda creencia. Hoy alcanzan una expresión conceptual que ayer no tuvieron” (9).
En Soledades, en el poema “EI viajero” (10), AM dice: “Yo no sé leyendas de antigua alegría sino historias viejas de melancolía”. La melancolía es la resultante del escepticismo…la pérdida de la fe o por lo menos de algo trascendental trasluce aquí:
“Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado. Tengo en moneda de cobre el oro de ayer cambiado” (11).

Luego concluye: “A orillas del Duero Castilla miserable, ayer dominadora envuelta, en sus andrajos desprecia cuanto ignora como”; “La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes” (12).
Confesiones poéticas radicalmente existenciales que recuerdan la filosofía occidental del pesimismo nihilista de los autores citados arriba y particularmente el spleen de los simbolistas y parnasianos franceses como Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé y Verlaine.

II. Radioscopia de Tánatos en AM.

Si la fe de AM es un evidente espejismo, su actitud ante la muerte ha de ser radicalmente diferente de la de un creyente, sea cristiano católico apostólico o de otra confesión. Pero en este caso: ¿cuál es esta actitud?
Veamos primero qué peso tiene el tema de Tánatos en la obra de AM.
Las siguientes etapas de la obra del poeta muestran la abrumadora y persistente presencia de Tánatos manifestándose como tema primordial e isotopía fundamental.

Primera etapa: Soledades (1903/1907).
AM inicia, según muchos autores, una estética modernista y simbolista con su obra ampliada, “Soledades, galerías y otros poemas”. Se dice que su poesía suma la raíz romántica de Bécquer y Rosalía de Castro, el simbolismo francés que es sugerente y evocador, y la brillantez formal de Rubén o los parnasianos. Su lírica, marcada por el existencialismo, es intimista; transmite sentimientos de tristeza y hastío y llora el vacío de un tiempo sin mañana mediante numerosos símbolos: la melancolía de las tardes otoñales, los viejos parques. Espacios a los cuales va aproximándose el poeta a través del recuerdo, del sueño o de las ensoñaciones. Introspección y sobriedad en el lenguaje que lo hacen deudor de Bécquer. Usa paisajes como medios expresivos de estados de ánimo. Pero el tema que da cohesión y sentido a su poesía es la muerte: se repiten motivos como ocaso, ataúd, vejez, la otra orilla. Pero este tema se puebla de numerosos símbolos (agua que corre, agua quieta; luz-sombra; río=vida humana – río=frontera, vida-muerte). En la sección “Galerías” AM se atreve a describir hasta paisajes anímicos sin elementos naturales, para no decir macabros.

La presencia de Tánatos es tremenda y se lee pues en toda su poesía. Evoco sólo algunos ejemplos:
-El paso del tiempo y su transcurso implacable: la infancia, el reloj, la tarde, el paso de las estaciones, el agua (cuando fluye), los caminos, las galerías….Todo corre hacia el final.
-La monotonía: la noria, las campanas y campanarios, los cementerios, los cipreses, el agua (cuando está estancada o parada: lagos, charcas, mar). Agonía temporal
-La nostalgia del pasado y la distorsión entre el presente y el futuro mediante recuerdos, la tristeza, la angustia de vivir, la soledad, el desamor y el deseo de volver a ser feliz, el aburrimiento. El léxico se caracteriza por la abundancia de adjetivos de tipo sensorial, sus construcciones de sinestesias, y el empleo de recursos fónicos como las aliteraciones y paranomasias, todo ello como manifestaciones letales de Tánatos.

Segunda etapa: Campos de Castilla (1912).
Obra heterogénea que contiene poemas dedicados a Leonor, elogios (homenajes a figuras de las que AM se considera discípulo y deudor intelectual: Valle, R. Darío, Unamuno, Giner…, poemas filosóficos y folclóricos en “Proverbios y Cantares”, poemas paisajísticos (de contenido sentimental, de problemática noventayochista donde aparece personificada la decadencia histórica española. Esta obra es un avance pero no una ruptura total con lo anterior. Sigue estando presente el tema de la Muerte (Leonor, ansias de resurrección como en “La saeta”, crímenes horrendos “Un Criminal” o “La tierra de Alba González”). Hay una salida de las galerías interiores del alma a favor de una mayor objetivación del paisaje y de una reflexión teórica profunda sobre la muerte.
Aquí también la obsesiva presencia de Tánatos se lee en toda su poesía; evoco algunos ejemplos:
-El paso del tiempo. La poesía no puede pero debe inmortalizar cosas que corren hacia la nada, de ahí la importancia de campos semánticos como camino, viaje, etc. La temporalidad es emoción efímera, de ahí la condena de la poesía neobarroca del 27. Poesía existencial que nace de un sentimiento de angustia ante el paso del tiempo, ante el dejar de ser de las cosas, ante el olvido, ante la muerte.
-El peso de la soledad. Toda la obra de AM es un intento de escapar hacia la soledad. “Querer elevar la mirada y levantar una esperanza por encima de la pena, aunque la Nada y la muerte estén detrás”, dice en “Otro Viaje”.
-Los sueños como única realidad. Éstos le sirven para mirar hacia dentro, hacia las galerías del alma, espacios de misterios donde está la realidad inexplicable de la vida.
-Sólo quedan los recuerdos. Leonor, infancia. AM usa varias técnicas: dialogismo (con la amada muerta, con amigos como J.M. Palacio); auto interrogaciones; superposición de tiempos (pasado que irrumpe en el presente, presente invadido por premoniciones); superposición de lugares (ojos físicos contemplan el paisaje andaluz mientras el alma reconstruye el paisaje soriano)…Estos recuerdos los rige y manipula Tánatos.
-Los viajes y el viaje final. Éstos se convierten en una forma de detener el tiempo que está entre dos puntos sin haber finalizado aún.: “El horror de llegar”, “lo molesto de la llegada”. Es un momento propicio para la actividad sentimental e intelectual. En el viaje el poeta se dedica a cuatro posibles actividades: Contemplar paisajes, observar personas, interpretar su estado de ánimo y soñar-recordar. Sumiso a Tánatos.

Última etapa:
Nuevas canciones (1924).
Una obra que defraudó por su carácter irregular.
El aspecto más interesante reside en los Proverbios y cantares. Los poemas de

Este libro se caracterizan técnicamente por la influencia de la lírica popular: breves, esenciales, métrica de verso corto y rima asonante, sencillez lingüística general. En lo referente a los temas destacará la aparición de un nuevo personaje femenino, Guiomar, y con ella de nuevo el tema amoroso. Pero el tema de la muerte es otra vez recurrente cristalizándose sobre todo en el recuerdo de la esposa.
De un cancionero apócrifo (1926). Esbozo del perfil de unos poetas que pudieron existir. Cada poeta está representado por una breve biografía y un poema. Son proyecciones del propio Machado. Posibles caminos que podría haber seguido. Pero huye aquí del Yo y se refugia en “lo otro” y “la otredad”.
Juan de Mairena (1934). Dentro de esta obra esboza un auténtico “arte poético” donde ataca al barroquismo e intelectualidad de la G. 27. Define la poesía como “palabra esencial en el tiempo”. Y el tiempo es otra cara de Tánatos.
La Guerra. (1936-1937). Recopilación de colaboraciones a favor del bando republicano. Escritos en prosa y elegía a la muerte de F. García Lorca “El crimen fue en Granada”.

En esta sucinta radioscopia podemos confirmar que Tánatos secuestra toda la producción de AM. Veamos ahora algunos ejemplos concretos de este macabro secuestro.

III. Autopsia de Tánatos en AM.
El tema de la muerte es consecuencia lógica de las elucubraciones de AM sobre el tiempo inspiradas en la lectura de Heidegger, Schopenhauer y Nietzsche. El tiempo es el que se encarga de conducirnos directa e infaliblemente a Tánatos, el gran enterrador de la humanidad. El tiempo nos señala inexorablemente como seres abocados a la muerte: un ser para la muerte decían los existencialistas. “La muerte está omnipresente, se le puede ver por doquier, en la destrucción, en la guerra, en la enfermedad, en el crimen”, dice AM en Soledades. En esta obra, como lo especifican sus críticos, la muerte aparece como una profunda angustia personal (melancolía frente al paisaje, espejismo de la fe, pérdida de identidad) y AM se escandaliza y llega a la rebeldía con rasgos patéticos sobre todo ante la muerte de su esposa en Campos de Castilla: Al morir Leonor, machado siente una fuerte tristeza y decide abandonar Soria, pues poco le ata a aquellas tierras, ahora que ha perdido a su mujer. Después de los funerales celebrados en honor a su esposa, abandona todo y como un moribundo se dirige a Madrid.

Una noche de verano —estaba abierto el balcón y la puerta de mi casa—la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho —ni siquiera me miró—, con unos dedos muy finos, algo muy tenue rompió. Silenciosa y sin mirarme, la muerte otra vez pasó delante de mí.

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

El poeta se siente abandonado por Dios y decide abandonarlo a su vez. La muerte, en vez de acercarlo a la fe, lo aleja de forma irremediable: “Ya estamos solos, mi corazón y el mar”

El mar es la inmensidad de la muerte, otra figura de Tánatos porque:
“Morir ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso?
O ser lo que nunca he sido: uno, sin sombra y sin sueño, un solitario que avanza sin camino y sin espejo”

Sin duda la muerte ha angustiado a AM durante toda su vida por no haber encontrado precisamente respuesta a sus desesperadas preguntas sobre Dios y la fe.
Tras la muerte de muchos de sus amigos y sobre todo la de Leonor, la búsqueda de Dios se transforma para el poeta en un anhelo fugaz de su sed de saber y de dudar…

La muerte toma figura de algo absurdo e injusto…

Tras lo cual AM se ve obligado a reconocer que después de la muerte no hay nada, o hay sólo la Nada, nada en oposición a la finalidad teologal cristiana.

En sus Poesías de Guerra (1936-1939) AM dedica dos poemas, uno a la muerte de Federico García Lorca El Crimen fue en Granada y otro a las atrocidades de la Guerra Civil en La muerte de un niño herido.

Mataron a Federico cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico -sangre en la frente y plomo en las entrañas-
Que fue en Granada el crimen, sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada.
Dios no salva a nadie porque simplemente no está…La muerte es inevitable…

A lo largo de su obra, AM utilizó varios heterónimos. Utilizó sobre todo dos heterónimos: Abel Martín y Juan de Mairena en su De un cancionero apócrifo, que contiene textos en poema y prosa y en los que indaga en la filosofía y la reflexión poética. En ellos leemos la abrumadora ausencia de Dios y la dolorosa presencia de la Nada.

Quien se vive se pierde, Abel decía.
¡Oh distancia, distancia!, que la estrella que nadie toca, guía.
¡Oh gran saber del cero!, del maduro fruto sabor que sólo el hombre gusta,
agua de sueño, manantial oscuro, sombra divina de la mano augusta…
Antes me llegue, si me llega, el Día, la luz que ve increada,
ahógame esta mala gritería, señor, con las esencias de tu Nada.
…..
Aquella noche fría supo Martín de soledad;
Pensaba que Dios no lo veía, y en su mundo desierto caminaba.

Mas si un igual destino aguarda al soñador y al vigilante,
a quién trazó caminos, y a quién siguió caminos, jadeante,
a fin, sólo es creación tu pura nada, tu sombra de gigante,
el divino cegar de tu mirada.

¡Esta lira de muerte!
Abel tendió su mano hacia la luz bermeja de una caliente aurora de verano,
ya en el balcón de su morada vieja.
Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego llevó, sereno, el limpio vaso, hasta su boca fría,
de pura sombra -¡oh, de pura sombra!- lleno.

Aquí vemos que Tánatos triunfa de nuevo pero sin cristalizar un fin entendido como pasaje a otro mundo, el de Dios. Aquí la muerte invita a otro viaje. Pero: ¿Qué viaje?

IV. El combate final de Eros y Tánatos.

Pablo de A. Cobos ha dicho que el poeta tenía una actitud de sereno estoicismo hacia la muerte de ciertas personas conocidas (13) y Juan Ramón Jiménez ha observado que Machado se adaptó como pocos a la idea de su propia muerte (14). ¿Significa esto que AM concibe la muerte como un simple puente hacia otra vida que no sea la de la fe y la reencarnación? ¿Cree AM en la Nada? ¿Vence Tánatos a Eros en ambos casos (Dios versus la Nada) o existe una tercera perspectiva de salvación para el poeta?
En términos físicos, la muerte es definitiva, tal como Machado la concibe cuando habla de la copa de cristal o el cuerpo mortal en el siguiente poema de Proverbios y cantares:

¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal se me rompe,
nunca en ella beberé, nunca jamás (15).

Ahora bien: ¿Qué significa el concepto de la inmortalidad del alma para AM? Ya que para el poeta la muerte del cuerpo es definitiva y no implica ninguna reencarnación.
Dámaso Alonso se refiere a esta idea en su estudio Muerte y trasmuerte en la poesía de Antonio Machado al comentar el pasaje de Mairena citado arriba donde Machado afirma creer en la dualidad de sustancias, cuerpo y alma, entreabriendo así sin rechazarlo el problema de la inmortalidad del alma. Posibilidad que no solo no rechaza Dámaso Alonso, sino que lo que rechaza es que pueda ser rechazada tal posibilidad (16).
En varias poesías tempranas, Machado nos da una pista cuando describe la visión de una mañana pura que es el principio de una nueva existencia después de la muerte.
Buen ejemplo de esta visión luminosa se encuentra en el poema XXI, donde el poeta piensa en el momento de su propia muerte:

¡Mi hora! Grité…
El silencio me respondió: No temas;
tú no verás caer la última gota que en la clepsidra tiembla.
Dormirás muchas horas todavía sobre la orilla vieja,
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera (p. 80).

Para Dámaso Alonso, “esa mañana y esa llegada a una nueva ribera” se las promete el poeta a él y a cada hombre. Es decir, no cabe duda de que el poeta imagina, cree, que algo es inmortal en el ser humano, y que ese algo le espera en una extraordinaria limpidez virginal, un nuevo día, una desconocida ribera que no hay que confundir en absoluto con cualquier más-allá religioso.
En el poema LXX el poeta nos da más detalles:
Tú sabes las secretas galerías del alma, los caminos de los sueños y la tarde tranquila donde van a morir… Allí te aguardan las hadas silenciosas de la vida y hacia un jardín de eterna primavera te llevarán un día (p. 119).

Sin embargo Pablo Corbalán (17) desarrolla una interpretación teologal interesante de la creencia del poeta en un mañana particular. En una carta a Unamuno, recuerda el autor, Machado escribe: Algo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. Tal vez por eso vino Dios al mundo. Pensando esto me consuela algo. Tengo a veces esperanza. Una fe negativa también es absurda… En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar (p. 1.016).
En el poema CXLIX, A Narciso Alonso Cortés, poeta de Castilla, se encuentra en efecto una angustiosa descripción del tiempo y de su efecto corrosivo en el mundo físico. Machado cree que el tiempo es una ilusión del pensar lógico que nos obliga a pensar las cosas en términos de principios y fines. Aquí, como en otras ocasiones, Machado no se satisface con lo que le dice la lógica y apela al pensar intuitivo del poeta que logra afrontar el tiempo inexorable. Y aunque su existencia se ha puesto en duda durante la Época racionalista, lo que le permite triunfar sobre el tiempo es el alma:

El alma vence al ángel de la muerte y al agua del olvido.
Pero: ¿Qué significa “tener fe en el alma” para AM?
¿Alude concretamente el poeta a un más-allá religioso, como lo creen muchos críticos, o hace referencia a un mundo donde rige la Nada o el eterno retorno de todas las cosas?

Dámaso Alonso, al que suscribo, cree que en estos poemas se ofrece la visión de una trasmuerte que no es equivalente en nada a la idea del cielo cristiano, sino al de la filosofía pagana. Esto quiere decir que si Machado no se muestra abiertamente anticristiano es porque tiene una actitud de tolerancia frente a otras religiones.
En efecto hay un poema que algunos críticos han señalado para demostrar que Machado no creía en una vida sobrenatural. Se refieren al poema IV, En el entierro de un amigo, y donde los últimos versos han ofrecido muchas dificultades para los críticos que defienden la fe cristiana de Machado. Después de describir el descenso del ataúd al fondo de la fosa, el poema termina así:

Sobre la negra caja se rompían los pesados terrones polvorientos…
El aire se llevaba de la honda fosa el blanquecino aliento.
¡Oh tú!, sin sombra ya, duerme y reposa, larga paz a tus huesos…
Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero (p. 64).

Como lo han dicho ya muchos autores, la muerte aquí ya no presenta un problema escatológico para Machado sino más bien panteísta ya que, según la concepción panteísta de Abel Martín (= AM), toda esencia es eterna porque forma parte del Todo, un todo que muchos confunden con Dios.
Ahora bien: ¿se pierde el Ser cuando desaparecen cuerpo y alma o se integra en este Todo indivisible? Machado propone dos soluciones en el poema XVIII citado que se intitula El poeta, donde implícitamente opta por la segunda:

Morir… ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso?
O ser lo que nunca he sido: uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza sin camino y sin espejo… (p. 222).

Caer como gota de mar en el mar inmenso. El mar inmenso de la muerte. Morir sin esperanzas de reencarnación. Pero el mar inmenso es también la totalidad de lo que Es. El mar inmenso del mundo como mundo donde nada se pierde sino todo cambia… Este mundo nuestro. Frente a la Nada… El Ser aquí y ahora no se pierde sino que se disuelve en el eterno retorno de todas las cosas. Si prescindimos pues del tono retórico de las preguntas notaremos que el poeta opta por la primera solución, o por lo menos esa es mi propia impresión…

En la carta ya citada a Unamuno Machado expresa en efecto su esperanza no solamente de seguir existiendo como individuo, sino de experimentar un estado de renovación espiritual. Después de mencionar la posibilidad de que la muerte sea el fin de la vida, dice:

“Cabe otra esperanza que no es la de conservar nuestra personalidad, sino de ganarla. Que se nos quite la careta, que sepamos a qué vino esta carnavalada que juega el universo en nosotros o nosotros en Él, y esta inquietud del corazón para qué y por qué y qué es… ¿Que dormimos? Muy bien. ¿Que soñamos? Conforme. Pero cabe despertar. Cabe la esperanza, dudar en fe… (p. 1.022).

“Dudar en fe”, es decir pensar en términos de la metafísica panteísta que postula que lo que llamamos Dios no es sino el propio Universo con sus fuerzas naturales, tanto las del universo exterior como las del universo íntimo del hombre. Universo donde nunca cesa el combate entre Eros y Tánatos. Vida y Muerte son indivisibles, las caras de la misma moneda. Dámaso Alonso, que he citado y comentado a través de otros autores, dice que la mejor formulación de lo que Machado creía en los últimos años se encuentra en los versos finales del poema “Muerte de Abel Martín”. En él Machado expresa de nuevo la convicción de perder la identidad personal en el momento de morir para ganar la del Ser como totalidad de lo que es:

Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego llevó, sereno, el limpio vaso, hasta su boca fría,
de pura sombra -¡oh, de pura sombra!- lleno.

Aquí notamos que Mairena, hablando de la muerte de Abel Martín, declara que su maestro estaba más inclinado hacia el nirvana búdico que esperanzado en el paraíso de los cristianos.
¿Es entonces la actitud de Machado ante la muerte equivalente sin equivocación al nirvana de los budistas?
Según Dámaso Alonso, el fin del poema significa que Machado parece anhelar precipitarse en la pura Nada, o sea, la totalidad de lo que Es. Sin fe en la reencarnación ni en el día del juicio final. Así lo creen muchos especialistas del poeta.
Pienso, sin embargo, que AM barajaba una tercera vía en la que creía profundamente:
La del eterno retorno de todas las cosas.
El lector pensará legítimamente que hay confusión y paradoja, hasta contradicción en la dualidad Muerte/Vida, Tánatos/Eros, Nada/Eterno retorno. Porque: O todo es vano e inútil (la Nada) o todo tiene sentido trascendental (Dios). Tal no es el caso. Porque partiendo de las premisas del existencialismo (y no olvidemos la estancia de AM en Franca) el mundo no tiene sentido ni finalidad ni final. El Ser siendo del mundo y de las cosas es absurdo y siendo absurdo se confunde con la Nada, no la del Nirvana sino la del eterno retorno. O sea: si el mundo no tiene sentido y es absurdo entonces estamos hablando de la Nada en tanto que existencia sin esencia.
Hegel afirmaba ya que el ser y la nada son igualmente indeterminados porque la Nada tiene la misma falta de determinación que el Ser. Esta idea parte de vaciar al Ser de toda referencia tras el objetivo de alcanzar la pureza absoluta: así purificados, el Ser y la Nada son la imagen de lo mismo. La absoluta inmediatez del Ser lo coloca en el mismo plano que su negación y sólo en el Devenir nietzscheano podrá surgir como un movimiento capaz de trascender la identificación de la tesis y la antítesis.
Heidegger, por su parte, sugiere pensar el problema de ‘la Nada’ desde un paradigma diferente pero complementario: él no se pregunta por qué se afirma que hay una Nada sino por qué no la hay. En realidad, lo que pretende observar Heidegger es que la negación de un ente no es sino aquello mismo que hace posible la negación. Entonces, la Nada es el ‘elemento’ sobre el cual se sostiene la existencia y lo que lleva a descubrir el temple de la angustia. Todo esto se refleja en la poesía de AM.
Sartre, posteriormente, acepta y corrige a Heidegger sosteniendo que el Ser por el cual viene ‘la Nada’ al mundo debe ser su propia Nada, porque solo la libertad radical del hombre permite enunciar tal afirmación. Es curiosamente la idea también de AM.
En el universo del eterno retorno todo se confunde y se disuelve, todo se transforma y nada se pierde, tiempo y espacio se renuevan, vida y muerte se enmarañan, la identidad individual se muta en otredad, en el Devenir de lo mismo y de lo Diferente.

Y este mundo es, creo, el que hubiera elegido Antonio Machado, el que ha elegido…
“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.

CONCLUSIÓN
Antonio Machado, como sabemos, se ha enfrentado a muchas muertes, desde la de su padre hasta su propia muerte. La muerte de seres queridos como su mujer, sus profesores y compañeros lo trastornó profundamente. Cada muerte lo sacudió de forma distinta y en situaciones dramáticas. Interiorizó estas muertes. Las teorizó y plasmó en su poesía, como acabamos de verlo. La muerte en definitiva lo escandalizó, lo llevó a dudar de la fe y de su propia existencia. Desintegró al final su propio ser, cuerpo y alma, pero no su identidad que se plasma para siempre en su obra: porque ésta sigue interrogándonos, convocándonos y conquistando nuestra admiración y simpatía. En el caso de Antonio Machado, y por una vez, se puede decir que Tánatos ha perdido el combate frente a Eros. Frente a Antonio Machado.

Bibliografía.

(1) MACRI ORESTE; GAETANO CHIAPPINI: Antonio Machado. Poesía y prosa. Espasa-Calpe, S. A Madrid, 1989, pág. 109.
(2) MACHADO, Antonio: Los Complementarios. Óp. cit., págs. 127-129.
(3) Ibíd., págs. 147-148.
(4)Ibíd., pág. 129.
(5)Ibíd., pág. 148.
(6) MACHADO, Manuel y Antonio: Las Adelfas. Espasa-Calpe, S.A Madrid, 1981.
(7) MACHADO, Antonio: Juan de Mairena. 1/. Ediciones Cátedra, S. A Madrid, 1986, pág.123.
(8) MACHADO, Antonio: Los Complementarios. Ediciones Cátedra, S. A Madrid, 1987, págs. 100114.
(9) Ibíd., pág. 110.
(10) MACHADO, Antonio: Poesías. Editorial Losada. Buenos Aires, 1968, pág. 23.
(11)Ibíd., pág. 83.
(12)Ibíd., pág. 88.
(13) Pablo de A. Cobos, Sobre la muerte en Antonio Machado (Madrid: Ínsula, 1970), p. 22.
(14) Juan Ramón Jiménez, Españoles de tres mundos, Sur, X, 79 (1941), pp. 9-10.
(15). Antonio Machado, Obras: Poesía y Prosa, 2ª ed. (Buenos Aires: Losada, 1973), p. 221.
(16) Dámaso Alonso, Muerte y trasmuerte en la poesía de Antonio Machado, Revista de Occidente, 5-6 (marzo y abril 1976), p. 18.
(17) Pablo Corbalán, EL LARGO ÉXODO Y LA MUERTE DE ANTONIO MACHADO, Publicado en: Tiempo de Historia nº 4, marzo 1975

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Por Ahmed Oubali

Ahmed Oubali

Catedrático de Semiótica de Textos en la Escuela Normal Superior de Tetuán desde 1991, donde impartió análisis del discurso para futuros agregados de francés y clases de didáctica del español para futuros profesores marroquíes de español. Profesor conferenciante en varios países. Escritor, investigador y crítico literario. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria en diversos medios y revistas especializadas. Traductor-intérprete. Miembro de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE). Es actualmente miembro del consejo de redacción de las Revistas Dos orillas y Hércules cultural.

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