ALAS DE ROBOT

*Cuento para niños pequeños.

ALAS DE ROBOT

En un lejano y pequeñísimo planeta, llamado Nar, vivían 4 robots y robotas gigantes: cada uno medía 5 metros de altura.

Ellas se llamaban Karola y Timoxa y ellos tenían de nombres, Oli y Fluy.

Timoxa era roja, Karola era violeta, Fluy verde y Oli era amarillo.

En Nar los montes eran de hojalata y crecían árboles de hierro, cuyo fruto eran latas de aceite de las que se alimentaban los 4 habitantes de ese planeta.

Aquellos seres metálicos vivían en casas de acero. En todo el suelo de aquel mundo habían puesto baldosas de cobre, menos sobre un tranquilo lago al que los robots no hacían ni caso y nunca se fijaban en él.

A Nar le alumbraba una estrella de color azul llamada Tim, igual que nosotros tenemos el Sol amarillo para darnos luz.

Los robots tenían todo el planeta muy sucio de chatarra. Además, sus coches enormes, las chimeneas de sus casas y su pequeña fábrica echaban muchísimo humo hacia su cielo y hacia el sol Tim.

Pero un día aquella bonita estrella azul comenzó a calentarse demasiado, cogió una fiebre terrible y comenzó a echar demasiada luz sobre el suelo del planeta Nar.

Así que el suelo de cobre comenzó a quemar mucho y los pies metálicos de los robots se empezaron a derretir un poco.

Muy asustados, Oli y su amigos comenzaron a subir a los árboles mecánicos. Aunque esperaron y esperaron en lo alto, el suelo no se enfriaba sino que se calentaba más y más. Allí siguieron un rato subidos, bebiendo de las latas de aceite que daba el árbol.

– No debimos tirar tanta porquería sin recoger nada, luego mira que pasa – se quejaba Timoxa.

– Ni echar tanto humo a la estrella Tim con los coches y tuvimos que andar mucho más con la bici eléctrica – dijo Fluy

-Debimos cuidar el clima mejor –dijo Karola y se puso a llorar.

Las lágrimas de la violeta chica-robot, que eran de un líquido llamado mercurio, cayeron al suelo y lo enfriaron durante solo un instante. Entonces Fluy y Oli pidieron a Karola que llorara mucho, entonces se solucionaría el gran problema que tenían.

Pero Timoxa les echó la bronca a los chicos porque dijo que aquello no podía ser, que no era la solución. ¡Karola no podía estar todo el día llorando!

Pasaron las horas y el suelo seguía caliente. ¡No podían bajar todavía de los árboles y aquello empeoraba! Además si no arreglaban aquello pronto los propios árboles también se estropearían y en Nar no se podría vivir.

-Tengo una idea – dijo Timoxa- Encendamos la luces de la Gran Linterna de Emergencia, así, tal vez, los niños de la Tierra puedan vernos y ayudarnos.

Así fueron de árbol en árbol, como los monos, hasta llegar a una enorme linterna que nunca utilizaban. Entonces la encendieron: tenía una luz muy fuerte.

Dos niños de la Tierra vieron dicha luz con un potente telescopio. ¡Eso quería decir que sus amigos del planeta Nar estaban en problemas serios!

Así que, con una nave gris muy poderosa, los terrícolas llegaron al planeta Nar, en poco tiempo, y se posaron en una enorme rama del árbol mecánico donde estaban Oli y los demás.

Luego, los dos niños, llamados Laura y Josito, salieron de la nave vestidos de astronautas y los robots les saludaron.

-¡Cuánto tiempo, amigos humanos! Encantados de veros de nuevo- dijeron los seres metálicos.

-¿Como estáis robotitos? Mejor dicho, robotazos –dijeron los niños al ver su enorme tamaño de 5metros.

-Muy mal, ya veis que problemas tenemos con el suelo caliente –aclaró el verde Fluy.

-Es verdad, está muy caliente y no se puede pisar pero os ayudaremos porque somos vuestros amigos y los amigos han de ayudarse –les tranquilizó Laura.

– Robots, venid aquí, un momento, por favor. –les dijo Josito.- Hemos traído cosas que os servirán mucho y os permitirán ir más rápido a los sitios.

Entonces los niños les echaron un líquido por la espalda a cada uno de los robots, que se quedaron muy sorprendidos.

-¿Esto por qué lo hacéis? Escuece un poco ¡ay! –se quejó Oli.

-Ahora lo veréis. Es un líquido natural sacado de una planta muy rara de la Tierra y solo funciona con robots de este planeta- dijo Laura.

Entonces a los robots les empezaron a crecer, muy rápido, grandes alas en la espalda. ¡Era asombroso!

A Karola le salieron alas de cisne, a Timoxa de libélula, a Oli de águila y a Fluy de murciélago.

– Que bonitas son las mías – dijo Karola.

-Yo las tengo transparentes y las tuyas son de pájaro, Oli- comentó Timoxa.

-Me sientan bien – respondió el robot amarillo.

-¡Buaaaa! las mías son las más feas, son de murciélago- lloraba Fluy.

-Es verdad pero también son las alas más fuertes, Fluy- le consoló el niño, Josito.

El robot verde voló para entrenarse y luego hizo una carrera por el aire con los otros robots: Fluy ganó por mucha diferencia. ¡Era verdad, sus alas eran las más potentes y rápidas!

Luego, Josito y Laura, encendieron su nave otra vez y les dijeron:

-Ahora, acompañadnos hacia el sitio de agua que hay allí.

Entonces, los niños guiándoles con su nave, les llevaron a los alados habitantes de Nar, hacia aquel lago al que los robots no hacían ni caso.

-¿Pero ese lago sirve para algo? – preguntó Karola.

Los niños no dijeron nada. Luego sacaron de la nave una máquina muy potente y una resistente manguera muy muy larga y las pusieron al lado del lago. Luego conectaron un extremo de la manguera a la máquina.

-Coged el otro extremo de la manguera entre los 4 y volad, volad alto, todo lo cerca que podáis de vuestro sol azul, esa estrella que llamáis Tim. –ordenó Laura.

Los robots volaron lo más alto que pudieron hasta que la estrella comenzó a darles demasiado calor.

-Adelante, rápido o nos quemaremos- gritó Timoxa desde el cielo.

Entonces, los niños pulsaron un botón y la máquina comenzó a aspirar y bombear agua del lago hacia la boca de la manguera. El agua corrió por dentro de la manguera y salió disparada del otro extremo a 100 kilómetros por segundo ¡en forma de cubitos de hielo!

Salían a una velocidad terrible pero los trocitos helados lograron mojar la estrella Tim hasta que ésta volvió a su temperatura normal. Así, el suelo de cobre del planeta Nar también se empezó a enfriar poco a poco. Cuando fue suficiente dieron de nuevo al botón y ya no echaron más hielo por hoy.

Laura y Josito enseñaron a sus amigos de metal a manejar la manguera y el bombeador de agua.

Laura dijo : -Tenéis que echarle hielo todos los días hasta que vuestro sol se cure del todo.

Josito propuso: -También debéis utilizar más vuestras bicis eléctricas y en vuestras casas y la fábrica deberéis utilizar más materiales ecológicos, que no contaminen tanto.

Luego los nenes también enseñaron a los robots a reciclar la chatarra del planeta para convertirla en algo útil y fabricar nuevas cosas con todo el metal viejo.

Así que, Karola y sus amigos les regalaron a los “peques” de la Tierra un teléfono móvil espacial y les dijeron:

-Si alguna vez tenéis algún problema, llamadnos a este número 123-45-67-89. Sirve para hablar entre un planeta y otro.

– Gracias amigos. No os olvidaremos –dijo Josito

– Gracias a vosotros, que nos habéis salvado -dijo Timoxa contenta.

– Y gracias por las super-alas para nosotros cuatro ¡Adiós!- agradeció Fluy.

Así, los niños volvieron a la Tierra con su nave gris y los robots comenzaron a limpiar y cuidar su planeta, Nar.

Pero algo malo ocurrió dos semanas después: Laura y Josito fueron secuestrados por unos malvados robots de la Tierra llamados Pliksy y Biktor. Eran hermanos gemelos, eran de color negro y medían 4 metros de alto. Ni los papás de los niños ni la policía sabían cómo había ocurrido y estaban muy preocupados.

Entonces, los niños desde la habitación donde habían sido secuestrados, llamaron con el teléfono móvil espacial a sus amigos.

Piiip- piiiip- piiiip

Sin embargo, los robots del planeta Nar no contestaban.

-¿Pero cómo es que no están? –dijo Laura.

– Vuelve a llamar, vuelve a llamar al planeta Nar – le dijo Josito nervioso.

Ring—Ring—-Ring—(hasta ocho “rings”)

Entonces, Timoxa oyó el débil pitido a lo lejos y les dijo a los otros:

-¿No oís? Es el teléfono de mi casa. Seguro que son Laura y Josito ¡Vamos, vamos!

Y los robots gigantes volaron muy rápido moviendo sus alas y fueron a contestar la llamada:

-¿Laura, Josito? Perdonadnos, habíamos salido afuera a echarle cubitos de hielo a nuestro sol Tim como nos enseñásteis- dijo la robot roja por el auricular.

– Por favor ayudadnos. Unos robots malos nos tienen secuestrados y no hemos podido llamar a nadie más que a vosotros –susurró la niña asustada.

-Estamos en un almacén de nuestra ciudad, Barcelona, pero no sabemos cual.- dijo Josito asustado a través del móvil.

-¡Aguantad! Iremos a la Tierra en vuestra ayuda.- dijo Timoxa colgando el teléfono.

– No hagas la maleta Oli, no tenemos tiempo – dijo Karola al robot amarillo.

Así que, volando muy velozmente, los 4 robots fueron en auxilio de Laura y Josito hasta Barcelona.

El que más rápido iba era Fluy, con sus fuertes alas de murciélago.

-¡Espéranos!- le dijeron los otros pero él no les oía ya porque iba muy adelantado en su viaje.

Así que, el robot verde fue el primero en llegar a la Tierra. Entonces, sin perder tiempo, sacó su radar mágico y descubrió donde estaban, exactamente, Laura y Josito. ¡Era en un almacén abandonado!

Fluy llegó hasta dicho almacén, de puntillas y en silencio. Luego abrió fácilmente la puerta y vio a los niños dentro:

-¡Cuidado Fluy es una trampa! –gritó Laura.

Entonces Pliksy y Biktor, que también eran muy grandes, se echaron encima de Fluy y tras una pelea de agarrones y empujones, lo fueron cansando y lo tiraron al suelo.

-Somos dos contra uno, chaval y podemos contigo- le decían los traicioneros robots negros.

– No es justo, dos contra uno- se quejaba el verde- ¡Soltad mis alas!

Justo en ese momento aterrizaron, a toda velocidad, los 3 amigos de Fluy.

-Volved a contar el número de los que van contra vosotros, robots terrícolas tontos- le dijo Timoxa a Biktor y a Pliksy.

¡Glubs! Los gemelos tragaron aceite por su garganta. ¡Eran robots alados de otro planeta! Los hermanos estaban ahora muertos de miedo porque eran ahora 4 contra 2.

Timoxa y los otros les dieron unos cuantos puntapiés en el culo a los dos pillastres. Pliksy y Biktor salieron corriendo y nunca más secuestraron a más niños porque pensaron que aquellos robots con alas tan bonitas se quedarían para siempre en la Tierra. De todos modos, al final les detuvo la policía cuando supo de sus fechorías.

Luego, Laura y Josito fueron acompañados donde sus padres, que estaban en la comisaría de policía esperando noticias. Éstos se pusieron muy contentos al verles y les dieron un gran abrazo porque estaban muy preocupados. También los policías abrazaron a los niños y el jefe le dijo a los robots de Nar:

-La recompensa por encontrar a los niños era de 10.000 euros pero como este dinero no sirve en vuestro planeta, os regalamos estas 4 cajas de latas de aceite gratis. Pero ¡cuidado! hay que reciclarlas luego ¿eh?

– A la orden, señor agente –dijo Fluy saludando al estilo militar, como un soldado.

Todos rieron con la broma del travieso robot verde.

-Es hora de marcharse –dijo Timoxa agitando sus alas de libélula.

-Os visitaremos, alguna vez pero seguid cuidando vuestro planeta ¿eh?- les dijo Josito.

-Claro que sí. Adiós a todoooooooos.- dijo Oli, el amarillo de alas de águila.

Y los robots gigantes volvieron volando al planeta Nar, que desde entonces cuidarían muchísimo y sería el más limpio de todo el universo. La estrella azul Tim nunca volvería a coger fiebre.

FIN

Escrito por Txus Iglesias

 

Txus Iglesias

Soy autor de dos libros de poesía y una obra sobre un grupo musical. Las tres obras editadas.
También me gusta escribir relatos de ficción.

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