¿Cómo se debe leer una novela?

La novela convoca básicamente tres métodos de lectura: el narratológico, el semiótico y el lingüístico.

La narratología, como se sabe, es la ciencia de la narración, una disciplina que estudia las técnicas y estructuras narrativas utilizadas en los textos, literarios o no. Este enfoque fue fundado por los teóricos del estructuralismo y profundizado por Gérard Genette, Todorov y Umberto Eco.

Antes de leer una novela, el lector debe primero empezar por no confundir historia, relato y narración. La historia es el contenido o significado del texto, objeto de estudio de la semiótica y el relato es la forma o el significante que da sentido al contenido y por ello es objeto de los estudios lingüísticos. En cuanto a la narración, se define como acto narrativo donde historia y relato se funden.

Veamos ahora cómo encajan e interactúan estos tres elementos para presentarnos una lectura comprensible.

La teoría propone 10 ejes en la producción del sentido de la historia leída.

 

  1. DISTANCIA NARRATIVA.

Es la que sitúa al narrador frente a la historia que cuenta, distancia que permite medir la exactitud de la información facilitada sobre la historia. La teoría produce cuatro tipos de discursos que revelan gradualmente esta distancia: El estilo directo e indirecto donde las palabras son citadas morfosintácticamente por el narrador y por lo tanto la distancia al texto es grande porque reduce la libertad del narrador de interpretar las acciones y los pensamientos de los personajes; el discurso narrativizado que transforma las palabras del personaje en acciones; el estilo indirecto libre en el que se omiten las conjunciones subordinadas para dar rienda suelta a la subjetividad y el discurso transpuesto que permite interpretar aquellas palabras y acciones a través de dichas conjunciones.

  1. FUNCIÓN NARRATIVA.

Si el narrador no participa en la historia que narra, se le denomina extradiegético (= está fuera de la diégesis).

Es la posición estándar del narrador desde la cual ejerce su función esencial, la función narrativa. Pero también puede ocurrir que interrumpa su relato para darle una retroalimentación. Es la función comentativa donde el narrador aporta sus propias interpretaciones de los hechos. Está también la función testimonial, la función ideológica que le permita justificar su visión o el significado global de la historia y, por último, la función comunicativa que implica un narratario considerado como una figura textual del lector.

  1. LA VOZ NARRATIVA.

En teoría, hay dos tipos de historias: una en la que el narrador es presente y donde se le denomina homodiegético y otra donde es ausente y por ello se le denomina heterodiegético.

Si la narración está en primera persona, el “yo” del narrador se utiliza solo para interponerse entre el narratario y la diégesis y servir la función comunicativa y la verosimilitud.

  1. EL TIEMPO DE LA NARRACIÓN.

Desde el punto de vista temporal, se cuestiona la relación cronológica establecida entre el acto narrativo y las acciones relatadas. El narrador está siempre en una posición temporal específica en relación con la historia que cuenta. En teoría, hay cuatro tipos de narraciones: La narración ulterior es la posición temporal más común. El narrador cuenta lo que sucedió en un pasado más o menos remoto. La narración anterior que cuenta lo que ocurrirá en un futuro más o menos lejano. La narración simultánea donde historia y relato coinciden en el presente y la narración intercalada que combina la narración ulterior y la narración simultánea.

  1. LA PERSPECTIVA NARRATIVA.

La relación entre relato e historia también es crucial para definir la categoría de persona. La perspectiva narrativa es la visión adoptada por el narrador, llamada focalización, es decir, una selección de la información con respecto a la teoría llamada omnisciencia. Es la cuestión de la percepción: el perceptor no es necesariamente el que cuenta, y viceversa. La teoría distingue tres tipos de enfoques: Enfoque cero donde el narrador sabe más que los personajes que describe. Él es capaz de decir lo que está sucediendo en varios lugares y mentes a la vez. Gracias a él, el lector también sabe más que los propios personajes. Este es el tradicional “narrador omnisciente”. La focalización interna donde el narrador sabe tanto como el propio personaje. Se filtra la información que se proporciona al lector. No puede informar de los pensamientos de los otros personajes. Y el enfoque externo donde el narrador sabe menos que los personajes. Aquí funciona un poco como el ojo de una cámara, siendo incapaz de adivinar los pensamientos de los personajes.

  1. RELATOS SUPERPUESTOS.

Hemos visto que el narrador principal puede ser extradiegético, heterodiegético o homodiegético en relación con la historia que narra. Pero se puede dar el caso donde los propios personajes de esta historia se ponen a narrar otros relatos secundarios dentro del relato principal. Estos personajes-narradores se denominan intradiegéticos y pueden ser homodiegéticos o heterodiegético, según participen o no en sus relatos.

  1. LA METALEPSIS.

Este registro consiste en romper el límite entre la realidad y la ficción. El autor se esfuerza por violar el orden de la historia para crear efectos especiales. Imagínense que están en el cine y un personaje sale por la pantalla para saludarles o darles una paliza. La metalepsis narrativa produce tales efectos. El autor utiliza muchas referencias extralingüísticas e incluso sobrenaturales para reforzar la verosimilitud, entretener o inculcar su ideología al lector.

Quisiera aquí recordar mi actitud sobre la verosimilitud y el compromiso del escritor. Una novela une básicamente una diégesis y una mímesis (= imitar la realidad) para hacer que la ficción sea plausible. Ahora bien, un escritor nunca puede imitar la realidad ya que su escrito es lingüístico y la historia que escribe, solo se realiza por medio del lenguaje. Una novela está pues amueblada con palabras que se refieren a otras palabras. Así que tiempo, espacio, acciones, pensamientos, personajes, todo es de papel.

  1. VELOCIDAD DEL RELATO

Hemos visto que el tiempo de la narración se refería a la historia, es decir, a la posición temporal del narrador con respecto a los hechos narrados. Ahora voy a explicar cómo ese tiempo interactúa con el tiempo del relato.

Este registro organiza el orden de la narración, su velocidad y frecuencia.

La velocidad de la narración se refiere a la relación entre el tiempo de la historia y el del relato. Es el ritmo de la novela, sus aceleraciones y desaceleraciones. Por ejemplo, se puede resumir en una sola frase toda la vida de un hombre o exponer en un millar de páginas un relato de dos horas.

En teoría, hay cuatro movimientos narrativos donde ambos tiempos se superponen: La pausa, donde la historia se interrumpe para dar paso a la descripción estática de los lugares y personajes. La escena, donde coinciden el tiempo de la historia y el del relato. El diálogo es un buen ejemplo. La historia se congela, dando paso a una representación teatral. El sumario, donde parte de la historia es resumida, proporcionando un efecto de gran aceleración y por fin, la elipsis que permite ocultar partes importantes de la historia.

  1. FRECUENCIA DE LOS EVENTOS.

Es la relación entre el número de ocurrencias de una parte de la historia y el número de veces que se menciona en la historia. Este sistema de relaciones ofrece esquemáticamente tres modos: El singulativo, que cuenta una vez lo que ocurrió una vez. El repetitivo que dice más de una vez lo que ocurrió una vez.  El iterativo que cuenta una vez lo que sucedió varias veces.

  1. EL ORDEN DEL RELATO.

El narrador suele presentar exhaustivamente los hechos en el orden en que ocurrieron, en función de su cronología real, pero también puede infringir este orden. Para lograrlo, utiliza lo que se llama anacronía que produce dos procesos narrativos: la analepsis y la prolepsis. El primero permite al narrador contar una acción anterior al momento actual de la historia principal y el segundo le permite realizar estas acciones en el futuro en relación con la historia principal.

La analepsis utiliza  a su vez dos procesos, el alcance para remontar lejos en el pasado y la magnitud para dilatar un acontecimiento específico. Por otra parte, la analepsis produce varios tipos de extensiones o tentáculos y presentarse como externa, interna o mixta. La interna a su vez se subdivide en heterodiegética y homodiegética y ésta última puede ser completiva o repetitiva.

El narrador es como un conductor de coche: para viajar al pasado, da  marcha atrás, con la mirada fija en los espejos retrovisores y, para volver al presentar y viajar al futuro, cambia de velocidad según se trate del tiempo de la historia o del de la diégesis. Embrague, desembrague, analepsis, prolepsis. Pasado, presente y futuro.

Siempre he pensado que un relato es una locomotora que nos puede llevar a lugares sorprendentes.

Ahmed Oubali

 

Ahmed Oubali

Catedrático de Semiótica de Textos en la Escuela Normal Superior de Tetuán desde 1991, donde impartió análisis del discurso para futuros agregados de francés y clases de didáctica del español para futuros profesores marroquíes de español. Profesor conferenciante en varios países. Escritor, investigador y crítico literario. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria en diversos medios y revistas especializadas. Traductor-intérprete. Miembro de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE). Es actualmente miembro del consejo de redacción de las Revistas Dos orillas y Hércules cultural.

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