Blanco

Vestir de blanco ya no es suciente.
Lavar las arrugas
y las vísceras
no es sino un perverso acto de contradicción.

Permanecer de este otro lado,
esa es la consigna.
No intervenir.
No desfilar.
No correr riesgos.

Todo el mundo sabe
que ser un maniquí pulcro y discreto
exige un alto grado de concentración.

Pero la mierda,
tarde o temprano,
acaba llegando a todos lados.

Niuqech

No se bien qué poner. Aún me pregunto si soy real o un simple personaje inventado.

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