Querida “yo” del futuro

Querida yo del futuro:

Espero que te hayan salido ya todos los dientes y que los brackets te hayan corregido eso que tienes por dentadura. Porque, la verdad, has heredado la boca de tu padre. Casi todos los dientes torcidos y dos o tres bien colocados.

Espero que sigas disfrutando cada día de tu vida como si fuera el último, porque puede serlo si te atropella un camión. De hecho, cada día puede ser el último que vivas porque nunca sabes qué puede pasar. Imagínate que vas caminando por la calle y de repente te cae la maceta del vecino en la cabeza ¿tu existencia se habría acabado, no? Pongamos otro ejemplo: estás navegando tranquilamente por un tranquilo mar y cae un rayo que destroza tu barco.

También espero que te mires al espejo y hayan desaparecido todos esos granos que tienes por la cara, que pareces una paella humana. Cada grano es como un pequeño volcán que explota y libera cenizas, en este caso, pus. Ojalá que mamá te siga cuidando tanto y que nunca te falte nada de lo que quieres. Acuérdate de limpiarte la cara con jabón todas las noches porque si no lo haces, la infección se propagará y vas a quedar muy fea.

Además, me gustaría que hicieses enfadar a mamá simplemente por la cara de enfado tan graciosa que pone (sí, la que tienes dibujada en tu mente: una cara redonda con cuernos y humo saliendo por las orejas). Aun así, la dibujes como la dibujes, mamá sigue siendo la mujer más bella del mundo. Podría emplear una paleta entera de marrones intentando dibujar sus ojos. Pero en esta carta, querida yo, no te voy a hablar del dibujo porque creo que siendo la misma persona nos imaginamos las cosas bastante parecidas.

No obstante, quiero decirte un par de cosas: la primera, antes de meterte en la ducha ¡abre el grifo de agua caliente si no quieres morir congelada! Y la segunda, no te olvides de recoger tu habitación todos los días, porque así le haces la pelota a papá y consigues que te compre ese unicornio volador que llevas pidiéndole desde hace tiempo.

Por favor, dime que no te has olvidado de estudiar matemáticas, que te veo un poco perdida con las ecuaciones de primer grado con denominadores. Sí, suena a enigma y realmente lo es. No te olvides que para resolverlas tienes que quitar denominadores, QUE SIEMPRE LO HACES MAL.

No estés triste por lo que la gente pueda decir de ti, porque lo único que tienen es envidia, que ellas son muy feas y no tienes nariz de cerdo. Y aunque la tengas ¿qué más te da? ¿a ti te gusta, no?

¡Ah! Se me olvidaba: bebe mucha agua, deja de comer chocolate y patatas fritas a escondidas y cuando papá y mamá te digan que no hagas algo, por tu bien, NO LO HAGAS. Sé que las dos somos muy cabezotas, pero aun así, inténtalo.

Y lo más importante: sé plenamente feliz con todo lo que hagas.

Al leer está carta dos lágrimas asoman a mis ojos esmeralda. Si de pequeña hubiera sabido que los granitos horribles se iban a cambiar por bellas arrugas, no me habría preocupado tanto. ¡Pobre de mí! Y aunque ahora no es que me encanten mis arrugas no voy a sufrir por ellas, porque son un símbolo de que he vivido una vida maravillosa, llena de momentos tristes y sobre todo, alegres.

 

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