Complejo

Me desnudé de cuerpo completo. Me miré al espejo. De frente. De perfil. Me sentí la persona más obesa del mundo. Pechos pequeños, generosa cadera, diminuta cintura y un coloquial flotador bajo la barriga. Un suspiro y a la ducha. Dándole la espalda a mi reflejo, a mi impresión exacerbada de mí misma. Disfruté de la ducha, del agua caliente recorriéndome, del placer de la música de Beethoven.

Media hora, tal vez más. Inclinada para coger la toalla, repararé en el efecto del vapor en el baño. Todo en el techo, nada a mi altura reclinada. Poco me importó mi reflejo, poco me importó mi complejo. Decidí disfrutar del espectáculo. Y sonreí como la niña que era, como la niña que soy, como la niña que seré siempre.

Deseé evaporarme para desaparecer, convertirme en el agua del espejo. El mismo que empieza a despejarse y me deja paso para mirar, para mirarme. Deja paso a mi cara, a mi cuerpo, a mi manía. A mis dientes torcidos, mi repertorio de granos, mis pechos pequeños. Mis incontables lunares y mis ojos saltones.

Comienza a disiparse el vapor del aire y del espejo. Mi complejo persiste. Pero, siempre existe un pero incluso en el siempre, me veo a mí misma, veo mi historia. Y no podría estar más orgullosa de ser quien soy.

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