Voces

¡Te dejé entrar en mi mundo!¡Te abrí las puertas de par en par!” gritaba mi mente. Pero mi fachada, mi expresión era severa, casi se podría decir que indiferente. Como Occidente contempla la destrucción de Oriente, nos mirábamos a los ojos. “No le importa, no le importa, no le importa. No le importa que esté mal, que me haya hecho un daño irreparable.” Lo único que salió de mi boca fue mi sentencia.

-Vete.- un disparo.

Pero los reflejos no mueren.

 

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