La estructura semiótica de EL diablo de Yudis, de Ahmed Daoudi.

La novela de Ahmed Daoudi (Ed. Vosa, Madrid, 1994) presenta varios procesos semióticos fundamentales. En este artículo  me propongo explicar solo dos de ellos y de forma muy sucinta: el elíptico y el narrativo.

  • 1- EL proceso elíptico.

Las dos narraciones principales que contiene la novela son presentadas y expuestas de forma entrelazada y embrochada: el cuento del diablo de Yudis y la propia historia del narrador. Paralelamente a éstas son narrados otros sucesos, otras anécdotas, evocaciones y puntos de vista, todo ello encabestrado y enmarañado, lo que puede dificultar la lectura para aquellos que no están acostumbrados con esta técnica llamada puesta en abismo o cajas chinas.

RADIOSCOPIA DE LAS DIGRESIONES.

E1 jeque de la isla de Yudis, Ibn Manyali Ilias XX, atemorizado por una inminente aparición del diablo, solicita ayuda del continente de Burwilash y muchos especialistas en estudios satánicos son enviados, encabezados por el capitán Julio Romero, el general Federico Puertas y la hermosísima traductora, Yolanda, de la que se enamora loca y abiertamente el jeque. El hechizo (hachazo) es tan abrasador que el pobre hombre se encierra con ella sin perder más tiempo en un hermético sótano donde no falta ninguna comodidad de la vida moderna, después de ordenar a su mayordomo, Kamal Abder­razak, que se ocupe de los asuntos de la isla.

Primera interrupción narrativa: empiezan las primeras digresiones elípticas, pero a nivel micronarrativo, donde aparece una multitud de personajes secundarios pero esenciales para el tema principal que es preservar la isla del diablo: el amor-pasión del jeque; el pasado idílico del mayordomo (su mujer Samira y sus problemas con Fatima, surgida del pasado); las aventuras mujeriegas de los dos hermanos traductores, Jacinto e Inmaculado; los avatares de brujería del marido da Fatima, Karim Abu Yusef (llamado también Iblis) y las misteriosas manipulaciones de la secta Guaschusch encabezada por el terrible Marbuh.

Nueva interrupción: tras descansar en el famoso hotel de la isla, el capitán, el general y sus colaboradores, inician un riguroso estudio sobre el asunto. Crean siete departamentos representando las principales ramas de las ciencias sociales y exactas y empiezan a atar cabos para encontrar un hilo que les oriente a detectar la presencia del diablo. Tras varias sesiones de trabajo de investigación, todos llegan a la conclusión siguiente: el diablo se muta en virus para introducirse en al cuerpo humano que manipula luego para realizar sus perversiones. Poco después descubren con horror que el diablo habita en cuerpo del jeque, que aún sigue recluido con Yolanda en el sótano.

Es cuando se interrumpe brutalmente el cuento de Yudis (Páginas 32-35) y aparece súbitamente un viejo narrador en medio de un corro en la plaza de Buydul de Fes. ¿Cómo se hace la interrupción? Mediante esta vez una elipsis macronarrativa introducida por un oyente del corro (aquí un niño) que pregunta, atónito, por el desenlace del caso de Yolanda:

-“¿Entonces la mató?” –pregunta el niño.

Pero el viejo narrador no contesta directamente por temor a que se deshaga el corro. Promete hacerlo tras una pause que aprovecha para recaudar algunos dírhams perdidos y hablar de sí mismo.

-“Prefiero detenerme un momento –dice-, para que se den cuenta de que esto para mí es un trabajo. Tengo que insistir para que pongan dinero en el gorro”.

En vez de reanudar su cuento, el narrador abandona momentáneamente el corro (Páginas 36-70) para tomar un té, momento que aproveche para iniciar una entrañable autobiografía: tras una difícil infancia, entra a trabajar en una fábrica textil a los 17 años. Se enamora y se casa inmediatamente con Leuma, hermana de su íntimo amigo Tawawan. Pero pronto empieza la pesadilla: defiende a Leuma contra Sardaf, un delincuente cruel que le raja la cara para siempre; tras lo cual se involucra en una aventura de drogas que le cuesta la cárcel. Después de la muerte de Tawawan, se incendia su casa donde muere también su hijo, carbonizado.

En este momento se interrumpe la autobiografía (p.68). Vuelta al presente de la enunciación y al corro. E1 narrador reanude entonces el cuento de Yudis interpelando al niño que le había preguntado por Yolanda:

-Sí. Yolanda muere en circunstancias lamentables e insopor­tables; el jeque es exorcizado y exiliado; Kamal se convierte en el máximo dirigente de la isla y su mujer es coronada reina…

Pero la paz no vuelve a Yudis: el diablo logra escapar y preparar una terrible venganza. Más tarde los defensores localizan su paradero en el temible volcán de Wiwatsand, no muy lejos de Yudis. Cuando llegan al lugar, empiezan a ocurrir misteriosas muertes entre los defensores: muere el capitán Julio Romero, asaltado por terribles dolores de estómago.

Nueva interrupción del cuento (Página 87). Se reanuda la autobiografía del narrador mientras éste se pone a comer un bocado: se cierra la fábrica textil, tras el encarcelamiento y muerte de Tawawan y, viendo cómo muchos emigrantes vuelven adinerados, el narrador decide abandonar mujer e hijos para emigrar, pasando por Tánger, antes de embarcar con 40 clandestinos en una vieja y diminuta patera: muchos mueren ahogados, a él le detiene la Guardia Civil (Página 101).

Interrupción de la autobiografía y reanudación del cuento de Yudis: Los defensores asaltan el volcán pero  descubren que aquello era solo un espejismo y una trampa que les tendió el diablo. En este momento es introducida una micronarración: descripción de una extraña aldea la de Fresnillo: ¿Son reales las tres familias que allí viven?

De pronto descubrimos que en realidad el diablo se convierte en arenas movedizas para engullir a sus enemigos (soldados, tanques, vehículos blindados) sin dejar huellas…

Nueva  interrupción del cuento (Página 87). Se reanuda la autobiografía.

E1 narrador es expulsado de España pero reincide. Lo detienen en Tarifa y otra vez, tras ser encarcelado, lo expulsan. Nueva tentativa de evasión clandestina. Nueva detención en Murcia. Otra vez la cárcel y la expulsión. Finalmente vuelve a Fes, desengañado y miserables, para dedicarse a narrar cuentos en la plaza Buydul.

Concluye la autobiografía (Página 121) y se reanuda la historia de Yudis: tras muchos obstáculos, los defensores logran aniquilar al diablo y hacer que la paz vuelva a Yudis: vuelve el jeque de su exilio; Kamal abdica voluntariamente. La historia termina con fiestas y comilonas y todo el mundo es feliz.

Se interrumpen el cuento y la historia del narrador (126). E1 corro aplaude con entusiasmo y algunos extienden una mano generosa. La policía termina desahuciando el corro y, ante la protesta del narrador, alguien le dice entre bromas:

-Cállate, tú eres el diablo en persona.

  • 2-EL proceso narrativo.

El RELATO.

De lo que precede, notamos que, en vez de leer una historia, el lector asimila varios cuentos (dos principales, una ficción y una autobiogra­fía, también ficticia) donde proliferan anécdotas y digresiones a veces defraudantes. En vez de un destino individual, nos enfrentamos a une lista impresionante de personajes y destinos dispersos. Pero dentro de este aparente caos, el autor utiliza dos técnicas narrativas precisas: una inspirada en la novela tradicional (el género autobiográfico) y la otra en la novela postmoderna (el cuento de Yudis).

En la primera, el autor esboza un cuadro de vida fichado. Es un relato cuyas imbricaciones son muy complejas y donde la psicología de los personajes constituye el motor de la trama. La acción se sitúa en un lugar referencial (Fes, Tánger, Tarifa, Murcia) y en una época determinada. El argumento es existencial: una crisis individual desencadenada por una serie de hechos sociales.

En la segunda, al contrario, los elementos son virtuales y se confunden. El tiempo se desarregla y abundan digresiones e inverosimilitudes. Cada personaje defiende su propia visión del mundo. Les palabras son la única realidad palpable y concreta. Remiten todas ellas a ellas mismas. El lector se siente arrastrado a la deriva: ve los acontecimientos desde un tren que corre a toda velocidad. Aquí, la narración remite al propio tejido lingüístico.

Ambos cuentos cabalgan opuestamente con un ritmo centrífugo. A lo representativo y legible de la autobiografía se opone lo irreal y lo visible. Solo al final asistimos al movimiento narrativo centrípeto.

Ambas técnicas constituyen lo que André Gide llamó la puesta en abismo (abismación): unos microrrelatos, también de gran importancia, se intercalan en los relatos principales. Pero en esta novela, el narrador infringe una regla fundamental, la voluntad del autor. Primero narra la historia de Yudis fielmente (es su función legítima), sin entrometerse en los acontecimientos (aquí es extradiegético y omnisciente): no participa en la historia, pero la conoce bien, penetra en los pensamientos y sentimientos de los personajes; presenta simultáneamente las acciones distanciadas y separadas por el tiempo y el espacio; modaliza y epiloga la narración a sus anchas). Pero donde traiciona al autor es cuando intercala inesperadamente su propia historia que viene a desestabilizar y repudiar la historia de Yudis (nos sorprende verlo de repente transformarse en un personaje intradiegético), rompiendo así el contrato coherente inicial que lo une al autor y a los oyentes.

Si ahondamos, veremos que la elipsis citada atasca a menudo la narración.

Ésta se complica si escrutamos la descripción. De hecho, hay un antagonismo permanente entre narración, digresión y descripción. Lo veremos más adelante.

Es obvio que el objetivo de esta técnica es privilegiar le creación narrativa.

Si en el primer caso, el narrador da rienda suelta a la diseminación de las palabras para generar una realidad concreta, la del texto y su puesta en ficción, en el segundo, pinta fielmente el contexto referencial (el suyo). De la descripción transitiva, el autor pasa a la descripción intransitiva. De una realidad ficticia pasamos a una ficción real.

EL PERSONAL DE LA NOVELA.

No hay ficción sin personajes. Sin embargo, un personaje es solo un signo lingüístico, un mecanismo figurativo que asegura y asienta el funcionamiento y la función de la ficción: un apellido y sus sustitutos (pronombres, posesivos, artículos) representan posiciones de discurso, papeles que hay que desempeñar. Recorridos temáticos.

En el cuento de Yudis, todos los personajes remiten a ellos mismos, es decir, existen en el texto (son de papel) y nada tienen que ver con una supuesta relación referencial. El narrador hace de ellos una manipulación cuantitativa y funcionalista, es decir, aquí los personajes son únicamente lo que hacen. Su categoría es actancial: el diablo es el mal personificado, el obstáculo que los defensores (que representan el bien) han de franquear para restablecer 1a paz sobre la isla. Ver aquí alegorías que apunten a épocas determinadas de la historia de Marruecos, es perder el tiempo.

En la autobiografía los personajes incitan también a pensar de que se trata de una representatividad extra-lingüística (algunos autores avisan al lector escribiendo: cualquier semejanza con seres reales es pura coincidencia).

Para lograrlo, el narrador utiliza procedimientos de caracterización (apellidos, edad, clase, particularidades, manías, caracteres, detalles geográficos y culturales) que remiten a contextos referenciales. Así, el efecto cronotrópico (aceleración y disminución del ritmo del cuento) se realiza de forma impresionante: el tiempo-espacio del narrador coincide con el tiempo-espacio de su narración autobiográfica (el narrador está en Buydul a los 60 años y narra hechos de su vida ocurridos allí mismo cuando solo tenía 17).

Sin embargo, esta autobiografía (y el cuento de Yudis también) está dentro de una novela, por eso es una ficción. Incluso el término “corro”, que es un concepto muy referencial, no deja de ser ficticio.

En el cuento de Yudis los papeles actanciales son encarnados por personajes y cosas (volcanes, instrumentos, lugares, plantas, animales) que desempeñan acciones precisas constituyentes de papeles temáticos.

E1 jeque, (aquí simplifico) es el sujeto (el héroe) que busca la paz (su objeto valorado) en la isla; los defensores intervienen (son adyuvantes) para ayudarle a vencer al diablo (oponente o villano). E1 pueblo y sus intereses desempeñan el papel de manipulador o destinador (el que empuja al jeque a actuar) y de judicador cuando sanciona y valora la acción acogiendo al jeque al volver de su exilio (prueba glorificante).

EL ESPACIO.

Precisamente el espacio está relacionado con los efectos de la representatividad: topografía especifica y conocida por el lector, con sus espacios cerrados y/o abiertos. Todo ello descrito, no en sí, sino según la funciona­lidad que se propone.

Hay en ambas narraciones una interacción entre el ambiente descrito y el personaje. Todo concuerda a la perfección y parece que éste está hecho para explicar aquél: simbolización del alma de los personajes, explicación de sus caracteres, desarrollo de las intrigas y desenlaces.

El autor logra realizar en la ficción las tres pruebas narrativas: prueba calificante (el jeque y los defensores trabajan juntos para realizar la felicidad de la isla, basándose el saber-hacer, el querer-hacer y el poder-hacer); prueba principal (todos luchan contra el diablo) y la prueba glorificante (tras le derrota del diablo todos se sienten recompensados y felices).

        [(S1   V     Ov   ٨   S2)]

→   [(S1   ٨    Ov   V   S2)]

En el primer enunciado, S1 (el jeque y los suyos) está en disyunción con el objeto valorado (la felicidad de la isla) frente a S2 (el diablo) que está en conjunción con el Ov (destruir la isla).

En el segundo enunciado, se invierte la situación.

EL TIEMPO.

Tiempo de lectura de la novela: 3 horas. Tiempo global de la historia de Yudis: 500 años. Tiempo de la autobiografía: 60 años. Tiempo de la narración: 6 horas.

Con el espacio, el tiempo es el segundo concepto que nos permite ordenar nuestra percepción y representación del mundo y de la imaginación.

En ambas narraciones, sin embargo, y debido a la imbricación de los hechos, el narrador logra equilibrar la velocidad del relato y la cronología de la historia: interrumpe las secuencias para mostrar el tiempo y el espacio en que narra (Fes, Buydul); aminora la velocidad de la ficción para poder analizar y describir los elementos de la narración y, por fin, detiene ésta para permitir de nuevo la aceleración del relato.

CONCLUSIÓN.

Quedan muchos puntos importantes que elucidar pero no por ello dejará esta magnífica obra de captar nuestro placer de lectura por sus múltiples facetas creativas.

                                                                                                                 Publicado por Ahmed Oubali,  (08/02/95)

Ahmed Oubali

Catedrático de Semiótica de Textos en la Escuela Normal Superior de Tetuán desde 1991, donde impartió análisis del discurso para futuros agregados de francés y clases de didáctica del español para futuros profesores marroquíes de español. Profesor conferenciante en varios países. Escritor, investigador y crítico literario. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria en diversos medios y revistas especializadas. Traductor-intérprete. Miembro de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE). Es actualmente miembro del consejo de redacción de las Revistas Dos orillas y Hércules cultural.

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