La llave de Larn

“Cuentan las leyendas más antiguas que la llave de Larn fue creada por entidades muy poderosas procedentes de otros tiempos lejanos y de otros lugares más lejanos aún. Una llave mágica de una belleza extraordinaria, de oro macizo y misteriosas runas grabadas, capaz de abrir cualquier cerradura de este mundo y crear entradas cósmicas a lugares insólitos ubicados en otros mundos y en otras dimensiones.”

-“¡Venga ya, hermanito! ¿En serio sigues creyendo esa historia? –Preguntó Elías a su hermano pequeño-. “No son más que cuentos para niños pequeños.”

-“¡Es una historia real!” –Gritó Iván enojado, mientras su cara enrojecía a causa de la ira-. “Lo he leído en uno de los libros que guarda papá arriba, en el trastero. Además, tengo aquí la llave. ¡Mira!”

Elías le arrebató la llave de la palma de la mano a su hermano y la miró fijamente por ambos lados. Fue apenas unos segundos pero parecieron eternos para el pequeño Iván. Un momento después metió la llave dorada en la cerradura de la casa, parecía encajar perfectamente.

-“¡Espera!, ¡No gires la llave! –Gritó a su hermano mientras intentaba agarrarle la mano para impedir que abriera la cerradura.

-El mayor de los hermanos giró la llave y abrió la puerta para entrar en la casa. Iván se cubrió los ojos con las palmas de las manos y se quedó quieto en el porche, ante el umbral de la vivienda.

-“¿Puede saberse qué haces ahí parado en la puerta? ¡Quítate las manos de la cara y siéntate en la mesa que la cena está preparada!”

Iván bajó sus manos despacio, con miedo a lo que se podía encontrar. Frente a él sólo se encontraba su madre con una fuente humeante que acababa de sacar del horno. Todo estaba como siempre. No había nada extraño.

Cuando su madre se perdió de vista por la puerta que daba paso al salón. Sacó la llave de la cerradura y la guardó en uno de los bolsillos de su pantalón. Cerró la puerta de entrada y subió de manera precipitada a la planta de arriba, donde se encontraba el trastero. Abrió el primer cajón del antiguo escritorio de ébano. Depositó la llave dentro del pequeño cofrecillo de hierro que allí había y bajó otra vez para sentarse a la mesa.

Esperaron a que Elías se sentara a la mesa a cenar pero éste nunca apareció. Iván lo vio entrar pero su madre no. Su madre sólo lo vio a él delante de la puerta abierta con los ojos tapados. Su hermano mayor no había llegado a entrar en la casa. Había abierto un portal dimensional a otro mundo y ahora estaba atrapado dentro de él.

Si tan solamente le hubiera hecho caso…

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