Órdenes

Imagina que tienes cuatro patas y arena bajo ellas. Imagina tener frente a ti un traje confeccionado, muy elaborado, pesado y una tela. Imagina los gritos de fondo, los vítores. Imagina la cara del sujeto frente a ti, instándote a atacar. Imagina que la amenaza cada vez se hace más real. Imagina que atacas. Imagina la adrenalina del momento. Imagina que no te enteras que te están acuchillando el lomo. Imagina que intentas arremeter una y otra vez contra la amenaza para neutralizarla. Imagina que la amenaza es como una hidra, por una que te deshaces, salen dos. Imagina que aparecen más amenazas. Imagina la gente sigue gritando, te zumban los oídos. Imagina que vuelves a arremeter, repetidas veces. Imagina que por cada vez que atacas, un objeto filoso rompe las capas de tu piel, llegando a los capilares, las venas, las destroza. Imagina que cada vez la visión se dificulta más. Imagina que todo el dolor viene de golpe. Imagina que te desplomas. Imagina que intentas chillar de dolor, pero nadie te entiende. Imagina que todos a tu alrededor vitorean tu muerte, vitorean a tu asesino. Imagina que de detras de la tela saca una espada. Imagina que nadie te ha avisado de que esto ocurriría.

Imagina que eres un toro y te están matando. Imagina que eres la diversión de una raza supuestamente superior y civilizada. Imagina que pides clemencia. Imagina que pides una muerte rápida. Imagina que después tus miembros van a parar a las manos de tu asesino. ¿No se siente como esos psicópatas que se llevan trofeos de sus víctimas?

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