UN MAL DÍA

Entró firme y decidido, no saludó a nadie, es más, los obvió. Tomó el reloj blanco de su mesita de noche, el único que utilizaba, miró con desprecio las manillas que aún marcaban las nueve de la noche, las adelantó hasta colocarlas en la posición de 12 doce y un minuto. En su rostro se alojó la alegría, que pacientemente había esperado a sus pies. Se desabrochó la camisa, se lanzó boca arriba y de espaldas en su cama, como sí de un enorme mar de aguas cristalinas se tratara, El silencio, dueño y señor de su habitación hizo hueco a un profundo suspiro de alivio al que acompañaron palabras “se acabó un mal día, hoy todo será distinto”.

 

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