Invasión (comienzo)

-Leyeron el comunicado, supongo.

-Por eso estamos aquí -contestaron a un tiempo algunos de los asistentes.

“Yo lo había leído, pero, como la mayoría, sólo abrí mi dispositivo y lo dejé encima de la mesa. Entendimos que aumentar el número de voces sólo contribuiría a generar caos y estrés. No era lo más recomendable para resolver un conflicto como el que se nos presentaba”

-Hacía mucho tiempo que no teníamos una reunión presencial.

-Esto es demasiado importante como para tratarlo por teleconferencias.

-Bien. Pues ésta es la oferta.

-Cincuenta años.

-Es inaceptable.

-Propongo oponerse radicalmente y usar todo el armamento nuclear a discreción.

-Les superamos cinco a uno, pero ya hemos comprobado la inutilidad de nuestras armas.

-No hace falta ganar la guerra, con que ellos vean el costo en pérdidas les podremos obligar a retirarse.

-¿Además de las nucleares, algo más los hiere?

-Señores, señores -pronunció el convocante para llamar a la calma-. No tenemos fuerza para oponer. Mi país cuenta con armas nucleares, como diez de los que estamos aquí presentes. Sin embargo, la mayoría de nuestros misiles son intercontinentales, no interplanetarios. Pocos de nuestros cohetes podrían llegar a impactarles, sin contar con sus defensas, y, aunque lo hicieran, los daños no serían tan catastróficos como muchos de ustedes creen. Sería una aguijonada frente a un enemigo del tamaño de un elefante.

-¿Y? ¿Vamos a aceptar sus condiciones, entonces?

-Claro, ¿no? Podemos aceptar convertirnos en una fábrica de carne y tener una fecha de caducidad de cincuenta años. Total, ¿a quién le podría parecer mal?

-Ésas son sus condiciones, pero podemos negociarlas.

-¿Y qué negociaremos, exactamente? ¿Ofreceremos que nos dejen vivir hasta los sesenta para acabar aceptando cincuenta y cinco años? Es inconcebible.

-Sé que suena ridículo, sobre todo para todos aquellos aquí que ya habéis sobrepasado los cincuenta. Pero sabiendo su potencia, realmente estamos hablando de una guerra perdida de antemano. Si nos enfrentamos a ellos, podrían condenarnos a vivir en granjas y matarnos de forma indiscriminada.

-¿Estamos negociando, entonces, los tratados de nuestra esclavitud?

-Me temo que sí.

-Mi país jamás lo aceptará.

-El mío tampoco.

-Ni el mío.

“Un coro de voces se les unió. Sólo algunos países trataban de exponer lo obvio. No se trataba sobre cómo oponerse a los alienígenas, sino de ver cuál podía ser la posición menos dañina para la supervivencia de la especie humana.”

-Nos levantaremos en armas. Cuando lleguen, no dejaremos de dispararles hasta que se agoten los cartuchos.

-¿Y entonces qué?

-Entonces iremos con palos y piedras, ¿qué importa?

-Importa y mucho. Mi país tenía una esperanza de vida de cuarenta y cinco años hasta hace menos de una década y apenas alcanzamos los cincuenta años. Las luchas internas nos impiden avanzar y nuestra sociedad permanece en conflicto constante. ¿Voy a parar una guerra para iniciar otra que no podemos ganar y que destruirá el escaso bienestar que hemos alcanzado? Para muchos países de África y de Asia, para muchas poblaciones de América y de Europa… este trato es mejor que nuestra condición actual.

-Pero eso no es lo relevante. Podemos ayudaros a salir de vuestra situación actual y oponernos a estos extraterrestres.

-¿Ayudarnos? ¿Como nos ayudasteis los últimos treinta años? ¿Vendiendo armas a todas las facciones en conflicto para beneficiaros del comercio de diamantes y coltán? Francia y Estados Unidos no tienen conciencia para poder hablar de ayuda.

-Señores, por favor. Esta conversación no nos lleva a ninguna parte -volvió a interrumpir el organizador.

-Sí, si nos lleva. Yo apoyo al presidente de Sierra Leona y creo que no soy el único. El presidente de Irak estará de acuerdo conmigo.

-¿Entonces quieren aceptar el trato de cincuenta años de vida y convertirse en ganado alimenticio? Os matarán. Y os comerán después de muertos para alimentar a sus hordas.

-Los gusanos comen nuestros cuerpos cuando morimos. Nada cambia.

-Señores, estamos ante un conflicto político, no mezclen la biología en esto.

-Y, el alma, ¿qué? Nuestros cuerpos no podrían resucitar si…-.

“Les ahorraré esta parte de la discusión. Me llamo Menelik. Mi padre era embajador de Ghana en Somalia. Mi madre es la hija de uno de los hombres más importantes del país. Yo soy el embajador de la República Democrática de Somalia del Sur, la RDSS, en Francia desde hace cinco años. Conseguí este puesto a pesar de mi juventud gracias a los contactos de mi familia. Mis padres querían sacarme del conflicto que aún perdura en mi tierra, alejarme lo más posible. Aquel día me correspondió ser representante de la opinión de mi pueblo en el consejo internacional. Permanecí callado casi todo el tiempo, escuchando a todos aquellos políticos expertos. Para entonces, aún no había dado mi opinión”

-Incluso, aunque aceptáramos sus condiciones, no podemos asegurar que nuestra población no oponga resistencia. Terminaríamos desencadenando guerras civiles. Habría muertos por doquier.

-Unos cuanto años. Después la situación se normalizaría.

-¿Eso crees? Ganado, seríamos ganado. Ningún humano aceptaría eso.

-Ni la esclavitud. Ni ser ofrecidos en sacrificio a los dioses. Ni ser explotados sexualmente. Ni que te apedreen. Ni torturar a otros.

“Ésa fue mi primera intervención. Había aprovechado un silencio general y dejé otro después de hablar. Estaba medido. Me puse en pie y esperé hasta que el organizador me diera la palabra”.

-Hemos entendido. ¿Entonces qué sugieres?

-Creo que lo ha dejado claro mi colega de Sierra Leona en su intervención.

-¿Que nos rindamos?

-Guerra.

khajine

"Lo que es, es. Lo que no es, no es. Algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo lugar". Salvo los sinsentidos. Los sinsentidos son sinsentidos y no son sentidos, lo que corrobora la primera regla, pero, si su sentido es ser un sinsentido, ahí es cuando deja de tener sentido la cosa.

Yo soy escritor porque escribo pero no puedo escribir tanto como me gustaría ni tan bien como quisiera. Eso me convierte en un laico de la escritura. Para romper con ello, escribo más de lo que puedo y mejor de lo que sé. Soy "amateur" porque adoro escribir pero, también, "odiateur" porque, a veces, pierdo el Norte y no me convenzo ni a mí mismo en mis letras.

Por ello, como introduje, soy y no soy a un tiempo. O, quizá, soy y no soy a diferentes tiempos o de forma dependiente de para quién.

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