Muros

Y un día encuentras el sitio. El sitio donde te sientes querida, o aceptada, o simplemente mejor de lo que te habías sentido en mucho tiempo. Y decides quedarte, abandonas toda esperanza de evolución, cualquier sentimiento de ambición y de cambio, porque se siente uno tan bien cuando aprende a aceptar lo que tiene…

El problema surge el día que te planteas cómo sería tu vida si hubieras aceptado ese trabajo, si no hubieras dejado a tu primer y gran amor, si hubieras tomado las riendas de tu vida, cogido el toro por los cuernos y plantado en el medio de aquella plaza de Londres. Y bailar agarrados bajo la lluvia con un tal James. Y cantar hasta quedarte afónica cada nota de Born in the USA aquella noche que parecía no acabar nunca. Si te hubieras levantado esa mañana en casa de un desconocido y te hubieras molestado en conocerle, compartir un café, un croissant o lo que fuera menos un portazo.

Todos esos ¿Y si…? marcarán nuestra vida hasta el final si nunca salimos de nuestra zona de confort, si nunca dejamos atrás nuestra cobardía y saltamos la valla que nos separa de hacer lo que nos dé la gana, cuando nos dé la gana. Y la única forma de vivir con la tranquilidad de no pensar en un destino que jamás se cumplirá, es huyendo de el sitio.

Come sin preocuparte por engordar, bebe no solo para olvidar, fuma, haz el amor y por qué no, también la guerra a veces. Disfruta los días buenos y llora en los días malos. Aprende a disfrutar de los pequeños detalles: una puesta de sol desde lo alto de un mirador de Florencia, o desde el asiento trasero del coche, un espectáculo en un teatro, o una noche de peli y palomitas con tu mejor amiga, los amaneceres, los cafés con desconocidos, la reproducción aleatoria del móvil, las llamadas inesperadas, las tardes de sol, los domingos de lluvia. Regálate con todos estos momentos y almacénalos en tu memoria, de forma que siempre puedas recordarlos y hacer salir una sonrisa en los malos momentos.

Viaja. Disfruta de cada ciudad que pises y piérdete por ella. Respira el olor de sus calles y guarda la risa de cada niño jugando en sus parques. Y si te cansas, busca otro lugar. Porque posiblemente ninguno será nunca tan cómodo como aquel que tanto te atrae, aquel al que siempre quieres regresar. Pero todos estos lugares te aportarán tanto como persona, tantas vivencias e historias que contar, que no querrás perderte ni uno solo.

Únicamente probándolos todos, podrás encontrar algún día el ansiado equilibrio, el sitio que te permita sentirte bien cada momento mientras vives una continua aventura. Hasta que llegue ese día, no te pongas frenos, no te asientes, no te acomodes, vive tu vida al máximo. Y por el camino busca personas que quieran hacerlo también, soñadores que al igual que tu han huido de su sitio e intentan hacerse un hueco en el mundo. Cuantas más mejor, nunca te cierres a una nueva amistad por muy imposible que parezca.

Yo, todavía no he encontrado mi equilibrio, pero tengo claro que no me encerraré entre los muros de una casa, de una ciudad, de un sitio. Vuela por encima de los muros, cambia tu perspectiva. Hay personas que viven su vida levantando muros, tú tienes la oportunidad de vivirla saltándolos.

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