SOPA DE RELATOS

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La suerte aborrece a los cagones (Parte V)


V

Al despertar Andreu se nota agitado. Ya son las seis y media del lunes, hora de levantarse. Ha dormido de un tirón pero se encuentra pastoso y algo mareado. Una ducha y como nuevo. El estómago sigue regular. Mucho mejor que ayer por supuesto, pero todavía se nota descacharrado. Una manzanilla quizá lo acabe de arreglar. Y sí, la infusión caliente lo reconforta. Mucho mejor. Mamá, me voy que no quiero llegar tarde.


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La suerte aborrece a los cagones (Parte IV)


IV


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La suerte aborrece a los cagones (Parte III)


III

Andreu salio muy satisfecho de la consulta del doctor. Y muy aliviado también. El médico había sido tan comprensivo con su problema como explícito en apuntar la solución. Esto le hizo ver que quizá debería comentar su problema con Jordi, el amigo de la infancia con quien no tenía secretos. Bueno, con quien apenas tenía secretos. Quedaron en verse esa misma tarde, sobre las seis. Tomarían un café y Andreu le explicaría su problema y le pediría consejo.


Jordi era muy diferente de Andreu. Independiente, extrovertido, atrevido. Desde niños se les conocía como la extraña pareja, de tan inseparables y desiguales que eran. Laurel & Hardy, Yogui & Bubu… La novedad para Jordi fueron los gases de su amigo, porque él ya era pleno conocedor de la debilidad de Andreu por su compañera de trabajo. Habían hablado de ello en muchas ocasiones y siempre le había aconsejado lo mismo: invítala a salir, hombre; empieza por acompañarla a tomar un café a media mañana. Pero Andreu era incapaz de dirigirle la palabra. Ni siquiera podía sostenerle la mirada más allá de dos segundos. Sólo pensar en hablar con ella y se le hacía un nudo en el estómago. Y además, ¿qué le diría?


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La suerte aborrece a los cagones (Parte II)


II

Hay noches que Andreu no puede quitarse a Meritxell del pensamiento. Da vueltas y más vueltas en la cama pensando en ella. Suele imaginarse que salen juntos, que van a la playa, que se la presenta a sus amigos…, a su mamá. ¡Y los cada vez más frecuentes sueños húmedos! ¡Y mira que hace todo lo posible por expulsarla de su imaginación siempre que la tentación se antoja irresistible! Andreu, de una manera o de otra se duerme con Meritxell en la cabeza y, al despertar, ella sigue allí tras un sueño por lo general liviano y nada reparador. Esta fijación ha empezado a provocarle un sentimiento ambivalente porque, si bien es verdad que pensar en Meritxell le produce una felicidad tan embriagadora como tonta, también es cierto que pasar las noches en blanco comienza a pasarle factura.


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La suerte aborrece a los cagones


Como cada lunes y como todos los días desde hace más de un año, Andreu será el primero en llegar a la oficina de recaudación municipal. Todavía no son las ocho y él ya hace rato que ha pasado su tarjeta magnética por la ranura del artilugio electrónico que controla la jornada de los empleados. Don Marcial, el veterano jefe de departamento, lo viene observando discretamente desde hace meses. Está muy satisfecho de Andreu y lo tiene por un joven prometedor a quien no conviene perder de vista. Pulcro, eficiente, puntual por supuesto. Comedido por añadidura. Callado y los ojos siempre abiertos para no perder detalle de cuanto ocurre a su alrededor. Este es Andreu, veintiocho recién cumplidos, apenas un año y medio de antigüedad y a decir de don Marcial, un brillante futuro por delante.


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