SOPA DE RELATOS

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La historia de un muchacho llamado Sacacorchos


Trís! Dijo un muchacho arrinconado en el vertedero de desperdicios. Sacacorchos le llamaban. Su mirada parecía la gorra que llevaba y su voz parecía un chicle siendo masticado. Casi todos veían su pragmatismo, pero no le veían a él, siempre tapado por su pragmatismo, que era enorme y proyectaba una sombra tal sobre su rostro que desfiguraba todas sus facciones hasta el punto de llevarlas a la nada. Sacacorchos desaparecía, sencillamente, bajo las sombras de ese gigante. ¿Y no es que pudiera extirparse algo como su sentido de la practica, que le era innato, verdad?


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Improvisación al despertar


Eres como un bebé recién nacido

como los nenúfares de la laguna

Eres como la momia egipcia colocada en el museo

risueña como siempre en la herejía cometida

Eres como el vientre de un pelícano, lleno de peces

Eres como sonreír a una burra

como embadurnarte las pestañas de brumas y de nieblas

Eres la sudoración pegajosa que emites al despertar

Eres tus innumerables sueños con penes de perros

¡Energía potencial que humidifica nuestro lecho!

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Juzguen


Me llaman cowboy, yo siempre me pregunté el porqué y porqueé a una amiga que respondió que era por mi parecido a un águila imperial. Bueno, no necesito explanarme en descripciones sobre mi aspecto e ideas dado que soy imaginario. Mi maceta es agradable y hago la fotosíntesis cuando me place ¿Qué más se puede pedir? ¡Incluso me sirven sardinas! El receptáculo de gravitación inversa tiene un ajardinado excelso que a las siete brilla naranja. ¡Míren! ¡Un centrifugador a sus izquierdas!… ¡Bonita ensalada de bonito Señor Bonitez! – le dije al cocinero aquella misma mañana mientras exageraba la apertura de mi boca para mostrarle lo avanzado que iba ya el proceso de trituración de una manzana iniciado solo un rato antes por el complejo de amasticamiento interdental. Me encaminé a la oficina de Queso que se situaba tras de una tela de araña y después de no saber que hacer hice picnic allí, por lo bajo y debajo de una alfombra de pelos de gato entreverados. Cuando los nazis invadieron Polonia yo me encontraba en un avión termonuclear que fué engullido por el dueño de la tela y en el periodo de tiempo dispuesto entre oficina de queso y señor bonitez. También rodaban morcillas, ninguna igual a otra en descripción o amoratonamiento. Observé por el espejo retrovisor que Graham Greene desayunaba con su esposa y leyendo la necrológica que publicó La Voz de Galicia con motivo del fallecimiento de Graham Greene. Mucho no se puede contar de este tipo de desayunos, sin mocilla, queso, ni bonito; desayunos de hermafrodita inglés. ¡Conmociónense el escote! ¡No desayuna morcillas el hermafrodita verde! Esa prodría ser la segunda explicación de porqué me parezco a un aguila imperial o soy imaginario. ¡Y si desean descubrir la verdad, les expreso mi deseo de mostrarles benevolencia permitiendoles, a ustedes, asistir al juicio y en calidad de jueces!


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¿Árboles, Marx? ¿Qué enfermedad padezco?


Fijemonos en los árboles, pasan ante nuestros hocicos dejando un sin fin de olores a „buenos dias, señor“ y a baberos de proto-burguesía. Y yo le digo al señor Árbol: ¿¡Y dónde están nuestros derechos?! ¿Se puede saber? No, se creen que pueden escapar de la tala. ¡Serán indecentes! Y luego con esos aires de no haber quemado un altar. Si me permiten la comparación, me recuerdan al agrado de la linea recta aromatizada; tiene profundidades pandimensionales la linea, pero es un efecto olorífico despues de todo, efectuado quizá en algún rincón de la caverna de Orpheo, un viejo labrador del aceite, constructor de arquitecturas grasas y filántropo de animales. Ser filantropo de animales no se desarrolla, en propio porvenir de autogerminación, sin dificultades; si se le deja vivir en una vieja cueva de aceite. Concretizando a nivel de compresión gradacional entre advenimientos de valores de respectivas liposolubilidades de animal en medio, pude observar dicho proceso paso a paso en fragmentación infinitesimal convertido en fotografía atemporal e inefable de un infinito de infinita existencia en los recuerdos vivencias y proyecciónes mentales de fragmentos de caspa o como diría Marx „De materialismos lingüisticos en el proceder de la burguesía del cuero cavelludo occipital“


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Improvisación


Este texto no estará improvisado, y como tal está pensado como un proceso. Su proceso a pesar de ser un proceso y, por tanto, improcesable, es reconocido y codificado con una serie de normas, que a diferencia de las de la improvisación, no surgirán durante el propio transcurso del escrito o improvisación; sino que están determinadas, suspendiendo algún tipo de metáforas en forma de vigas o pilares por sobre el texto como una tienda de campaña sujeta a cordones de marionetistas de tamaño humano. De esta manera se logra la ilusión del fétido aire interior a toda cápsula aislada del exterior. No hay osmosis posible en este texto. Un ‘capacidad de procesar procesos’ es requerido a modo de utensilio de comprensión. La comprensión, y excluyendo toda relación con aliteración, se relaciona aliterariamente con sus predecesores mediante el proceso de compresión de la comprensión. Sin pretender que figuras literarias enmascaren el propósito final de este texto determinado, que es la comprensibilidad de unos conceptos descalzos y juguetones, me limito a subrayar que subyacen ideas a estas apaciblemente banales palabras. Olvidando toda relación lógica y dejando que las ideas crezcan libres en el bosque no se llega a ningún ideal de ideas expresadas como clarinete de esquejes. Cada vez parecen mis frases más deshilachadas cuando, en verdad, se tornan específicas y concretizantes de una realidad… o lo que es lo mismo; de una idea. La realidad como idea. O lo que es lo mismo: Lo infinitamente inaprensible y supuestamente inexistente como lo infinitamente inconcretizable pero dado por supuesto. Gracia debería de hacerle, señores. ¡Cabalguen por sobre las cordilleras de los lomos de sus caballos!


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Basura prima


Mañana regordeta de inflada presencia en su despertar tras de noche y dia y noche y. Amarramiento de un utensilio de escritura ¡zas, zas! esquematización concluida. Convecciones de matinal emanación del trasero en infinita gradación de materias y presencias. Una mañana se despertó con pús en el rostro después de haber vivido todos los dias de su vida. Una cafetera coloreada, un manillar sucio de tradición, un vaso de conceptos bien calientes… con leche. Un tan poca luz que ni leer los propios pensamientos se puede ¡Vaya mañana! ¡Esta mañana! Un loco me salta de la tinta de „a“ de „Mercaderes asírios boicotean la cámara de comercio de Estonia“ de Perez Prado en el matinal „Augusto Augurio“.

¡El loco es él! ¡No le creais! ¡Nació de la tinta! ¡De la tinta!

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basura literaria nº 1


Un embalaje me era infiel…

Lorro lorro y lorro y no paro de llorar…

Unas veladuras me tapaban su interior

¡No seas recatada! – Yo la decía

Úrgame por y entre el lazo – Replicaba enfurruñada

¡Ay! ¡Que no se deja ver por dentro!

¡Ay! ¡Que no es tiesto y lleva flores! – cantaban en el pueblo

Un dia amaneció el pueblo sin cantares…

¡Oiga! ¡Florencio! ¡Despierte! ¡No se oyen ruidos de cantares! ¿Será que algún embalaje, que yo me sé, ha desvelado su secreto?

No hombre, hijo, nieto, sus veladuras son de cobre y de metal, de sillería y de artillería… son más inamovibles que Dios en persona mi hombre, hijo, nieto

Gracias a ese mismo ¡Si! ¡Menos mal! Corramos a comprar pan

No, hijo, hoy no queda pan, se ha acabado, corre y díselo a Florencio


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Jardín de Cielos


Tengo un jardín de cielos; ¡He de mantenerlo libre de aeroplanos!

Retozar danzante en el caminar, que al articular la cadera resuena gong

Es mi posición aleatoria dentro del primer cuadrante del infinito campo de cultivo

Verbalización de los movimientos, torpementente mezclados con pausas y

Un cielo azul, otro sonrosado, alguno de cierto color y de cierto gobierno

Certeza de la no capacidad de erudición en cuanto a cielos se refiere

Ojos tan claros que evitan la reflexión de luz alguna

Elementos individuales de gas parloteante

Vidrieras de vacíos

Anos

MCMXXXVI – MCMXXXIX

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Ideas y sendas


Escenario Vacío

Personajes anónimos en anónimo blanco escenario vacío

Gobierna la calma entre ellos, no tienen nombres pero tampoco los necesitan

Si el género no fuera congénito se les acusaría de tomar un bando

Sus mentes están en blanco; son superhombres, entrenados en el blanco de sus mentes

No conocen yo alguno, solo la virgen e inviolada senda única, alejada de todo camino

Solo paisajes de una senda, una sola senda intransitada que solo ellos conocen

No recuerdan haber estado en ella anteriormente y, sin embargo, deberían tener mentes blancas

No pueden recordar, el camino es tirano y sabe hacer obedecer su ley

El camino tocaría a su fin si no supiese hacerse obedecer

Se es en el momento de la presencia motriz del camino

No se sabe final alguno; el ahora impide pensar e impide recordar


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Un señor vaso.


Bizqueaba ante el vaso. Parecía esforzarse por penetrar en la esencia del vaso, desentrañar su misterio. Pero estoy seguro que no, que no pretendía parecer esforzarse. Aun así, yo lo veía con los ojos del viejo fanático coleccionista de situaciones pretenciosas. La objetividad era el propio vaso, que yo, indudablemente, veía desde otro ángulo. Y en el fondo lo sabía, como es natural a todo cerebro relativista, y es que él solo observaba la luz reflejarse y refractarse en eterno jugar con la doble percepción que tenemos los humanos de la luz y que podemos, en cualquier momento, reducir a una o incluso a nula percepción si la disposición es favorable. La única verdad que optamos a conocer es la mentira de lo conformante, que sabemos insuficiente, pero que necesitamos constituir como verdad, a fuerza de no quedar indigente y al descubierto durante la propia precipitación sobre uno mismo.
No recuerdo si estaba convencido o dudaba de la secreta comunicación posible entre nosotros. Solo sabía, que cabía, en esa dirección, la posibilidad de un pensamiento por su parte, de una comunicación inefable sobre el mismo ámbito de dudas y que, sin duda, no se podía dar en ningún ámbito de concreción, sino en el absoluto dudar que, de absolutismo, se conforma en absoluto convencimiento y, de total omnipresencia del conocimiento, es decir, de absoluta duda, se conforma en parcial dudar. Sabía, durante el mismo instante de contrucción de dicha idea, que la propia contrucción de una idea encaminada al relucir del detalle de la posible comunicación, y que yo veía como la simetría total entre mente y mente incluyendo pausas y negligencias, era completamente imposible como es imposible la repetición de un momento del ser o del no-ser o del espacio o tiempo o ambos o ninguno.
El vaso era particular, era completamente incoloro y transparente. Su contexto era extremádamente boscoso. Depositaba todo su peso sobre un viejo tocón de árbol del que ya hacían varios años crecían pequeños proto-árboles que enrevesaban con las opacidades y semiopacidades el vislumbrar de los juegos de la luz con el vaso. Él, acuclillado en desastrosas posturas que debían ser consecuencia de la inconsciencia del propio ser y esta, a su vez, consecuencia de su identificación con los ramajes, omnipresentes menos vaso, fabricaba con su mente (o proyectaba el fabricar de su mente) el vacío, que en sí mismo era el que fabricaba el fabricar del vacío. El tiempo tornose en un estatismo mayestático, del que surgían, en un único y eterno respirar, olas de impermeable pensamiento proyectadas. Vivió todas las vidas posibles en el haz de aquel instante, rodeado del vaso, observando el bosque, adherido, por fuera y por dentro del vaso, a la visión de ubicuidad. Sin percatarse aún del contexto del bosque, éste, desapareció completamente durante un instante tan eterno que tardo aún unos dos minutos en recuperarse del poderoso trance y de su violenta muerte. Se hayaba, increiblemente, sentado en una silla (a pesar del dolor que sentía en las rodillas, consecuencia del largo periodo de tiempo que había pasado acuclillado), su mano izquierda sujetaba un cilindro poliédrico con capacidades de almacenamiento de fluidos y derecha se encontraba deslizada por entre piel y ropajes al interior de algún movimiento repetitivo. Volvió sobre el bosque, que recordó desaparecido y observo la figura de un edificio; un perfil solamente, que ensombrecido en su area interior, podía pensarse se tratase de una figura geométrica proyecctada sobre una lona y que podría ser el comienzo de alguna banal continuidad. Pero en tanto que se proyecta sobre la idea abstracta, confluyente sobre la misma idea que se perpetúa en intemporal nada sobre el presente, acechando, condensandose, y después, precipitando y alimentando las alimañas y árboles parapetadas en la insignificante porción de tiempo, como dirían los pensadores. Sin irrupciones, ni puntos, ni apartes, ni ambos, el coreógrafo tiende conexiones, puentes, y caminos entre las innumerables realidades presentes en dicho momento presente. Predice, en ocasiones, los artículos correspondientes a la palabras exactas que desea utilizar, otras, en cambio, deja que los artículos cobren vida e influyan, con su encanto y existencia y ambos, sobre el aciago concepto, que el compositor solo podrá elegir de entre todos los que tengan el aleatorio género determinado y, así, conviven en la existencia independiente del mundo, que intruído en su propia razón, acaparará los indeseables designios del pan de unas alimañas que, gobernadas por la razón, el infortunio y el cercenado autodomeñe, solo se conservan aglutinadas tras la opaca guarida de la memoria que, depositada en algún estante de ordenación, activado en la mente del espectador de dichos conceptos, no podrá controlar el ángulo de visión con que será observado, con lo que el arquitecto pierde los estribos, olvidando, tal vez, que si no determina lo suficiente la presencia de alguna viga maestra en la memoria, el que observa caerá en la contemplación de la gracia concerniente a toda estructura en su agigantado apocalipsis en pos de la ruina.


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