De astros reyes y miedo al papel mojado
Te escribo para decirte que el gato encerrado escapó. Nos empeñamos en abordar los misterios de esta ciudad de mutismos con la vanidad de quien intenta otorgar a los hombres algo más que sólo el fuego, pero aun hoy todos los transeúntes caminan callados, evaporándose del alba al crepúsculo entre hormigón y hierro, para una noche más dormitar sin sueños.
No existe ya aquella canción que arrastraba a los incautos a callejones secretos, se perdió como el último de esos sabios sin nombre que un día se subieron a las farolas para gritar lo que hasta entonces todos habíamos callado; al olvidarla yo, al olvidarles todos, regresaron arrastrándose al silencio de los libros prohibidos que ardieron en las fogatas del último invierno.
Nuestro reino del pavimento se hundió en el lodo inconcluso de sus propias ideas cuando todas las sombras ambicionaron hablar a la vez.


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