El arte de la fotografía
Sueño, sueño, y no consigo despertar.
Traigo conmigo las últimas desgracias
de un niño que intentaba respirar,
sin conseguirlo me miraba,
la cámara en mi mano y él trataba
de conseguir de mí la ayuda deseada,
sin darse cuenta que allí no me encontraba.
Siento, al retratar el mundo,
que no lo piso, que en él me fundo,
lo veo todo como en un film a color,
del que no soy parte, solo otro espectador.
Me gano un respeto inmerecido,
de aquellos que ven mis obras
y no comprenden todo lo que vivo:
los enfrentamientos que presido,
siendo sólo el árbitro, el amigo
que cuando llega el momento
se convierte en el peor enemigo.
Pero no me odiéis por ello,
no soy culpable de todo aquello









