SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

El arte de la fotografía


Sueño, sueño, y no consigo despertar.

 

Traigo conmigo las últimas desgracias

de un niño que intentaba respirar,

sin conseguirlo me miraba,

la cámara en mi mano y él trataba

de conseguir de mí la ayuda deseada,

sin darse cuenta que allí no me encontraba.

 

Siento, al retratar el mundo,

que no lo piso, que en él me fundo,

lo veo todo como en un film a color,

del que no soy parte, solo otro espectador.

 

Me gano un respeto inmerecido,

de aquellos que ven mis obras

y no comprenden todo lo que vivo:

los enfrentamientos que presido,

siendo sólo el árbitro, el amigo

que cuando llega el momento

se convierte en el peor enemigo.

 

Pero no me odiéis por ello,

no soy culpable de todo aquello


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Nosotros que intentamos no ser como nuestras madres.


El otro día escuché una historia que merece la pena contar: La verdad sobre el origen del hombre.

No en tono de chanza, aunque pueda parecerlo al lector que se encuentre con dicho escrito; describo al tipo que me la contó de la siguiente forma:

Con diez dientes en la boca, pelo raído sin igual, no fuma él, sino hinala opio en pipa sin parar. Drogata y loco le llaman, por sus pintas, el cochino, en todo el pueblo es sabido, del uno al otro burdel.

Después de recordar la descripción, la historia sobre hermosos duendes que traían a los niños en cestillas se me hace ridícula… Y yo que había dicho que nunca juzgaría a nadie por las pintas…

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El zumo que descubrió el mundo


Hoy he comprendido la ausencia de lógica en el comportamiento de los humanos.

Una anciana ha pasado a introducirme en la bolsa con los demás condimentos, y en el viaje que me ha llevado finalmente a su estómago, he podido verificar por qué, a pesar de la supuesta inteligencia de la que alardea, el hombre está destinado al fracaso y a la destrucción.

 

He visto un televisor y he escuchado una radio, he leído su periódico y les he oído conversar.

Y todo lleva a lo mismo.

 

El ser humano es egoísta, es cruel, es hedonista, y lo peor de todo es que encima es un hipócrita a más no poder.

 

Son los peores entre ellos, aquellos que guardan todo eso en su corazón y lo camuflan con historias de generosidad y de bondad.


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El zumo inocentón


Hoy he comprendido la ausencia de lógica en el comportamiento de los humanos.

Una anciana ha pasado a introducirme en la bolsa con los demás condimentos, y en el viaje que me ha llevado finalmente a su estómago, he podido verificar porque, a pesar de la supuesta inteligencia de la que alardea, el hombre está destinado al fracaso y a la destrucción.

 

He visto un televisor y he escuchado una radio, he leído su periódico y les he oído conversar.

Y todo lleva a lo mismo.

 

El ser humano es egoísta, es cruel, es hedonista, y lo peor de todo es que encima es un hipócrita a más no poder.

 

Son los peores entre ellos, aquellos que guardan todo eso en su corazón y lo camuflan con historias de generosidad y de bondad.


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El sacrificio


Cargaba con la muerte a sus espaldas, no había otra forma de describir la situación.

Andaba por esas calles atestadas y todos lo sabían… Iba a morir.

No iba a ser voluntario, por supuesto, aunque lo hiciese por ellos. Él sería su regalo, su salvación, la de todos aquellos que le condenarían y la de los que no harían nada por él.

Había tenido la esperanza de poder prescindir de ello, había tenido fe… Soñado que tal vez cambiarían, y él podría de algún modo acabar su vida de manera feliz al lado de ella, pero ahora éso era imposible.

Su padre, su verdadero padre, le había avisado de ello. Le había dicho muchas cosas… a pesar de no haberle visto nunca. Pero era normal, él era la esencia de toda vida… Él lo era todo.


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Consulta


Voy esquiando a toda velocidad, con la sensación del viento en la cara, pero… ¿Qué haces? ¡Frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

Nada, otro accidente, si es que si coges el rifle… ¡apunta siempre a los ciervos! Con esos cuernos que tienen… Yo diría que aún no saben que sus mujeres son unas zorras…, o lo que es lo mismo, ¡el maldito animal que de nuevo se te ha vuelto a escapar! ¿Cómo quieres que a esto se le llame cárcel si continuamente salen y entran los ladrones cuando les viene en gana? Deberías poner una maldita alarma para controlarlo… ¡Esto no es un niño es un demonio! Así que ya sabes llama al maldito sacerdote. ¡No pienso confesarme! Pero tío… que has violado a una oveja… Se la esquila, ¿Esquía? Pues macho… Vaya velocidad, debería frenar… ¡Oye frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

-Así que… No sé doctor… ¿Usted que diría?


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La ratonera


Correr, correr, correr sin parar.

Una carrera desesperada sin mirar atrás, y con la sensación de no estar avanzando.

Paras a beber agua y a comer lombrices o lo primero que encuentres…

De nuevo un pie moviéndose tras otro, una pierna, y luego otra; no hay descanso, no hay dolor, sólo la sensación de estar dando vueltas y esa cara infernal  y fea que no paras de ver.

Tienes que huír y por tanto sigues corriendo. Echas de menos a tu familia, pero sabes que no la volverás a ver; ellos ya pasaron por lo mismo, y no se salvaron, y tú no serás especial; pero a pesar de todo tienes que continuar para intentarlo.

Al final desfalleces y tienes que parar a descansar; aún con esa cara enorme ahí delante, mírandote, que sabes que tarde o temprano será lo último que veas…

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Venganza 3


Carlos levantó la vista y vio lágrimas cayendo por la cara del marido engañado; pero después de leer esto, Carlos creía aún más en su teoría, estaba convencido. “Venganza”, pensó.

-Tendré que llevarme la carta y comparar las letras para confirmar que sean de la víctima, después, se te transmitirán los resultados.

——————————

-¡Mierda! ¡Maldito bastardo!- Mike veía las noticias y comprobaba que era sospechoso del asesinato.

Sabía que era culpa del ex-marido de esa zorra; él había sido el primer objeto de sospecha, y habría dicho algo que le inculpase.

Bueno…, no pasaba nada, sólo tenía que acabar con el policía encargado del caso y luego con el maldito chivato.

-Aún no me han encontrado, y no creo que lo hagan….

Cogió el cuchillo y se repasó el corte de la muñeca, que de nuevo volvió a sangrar.

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Venganza Parte 2


-¿Qué tal el caso de la mujer asesinada?- Carlos Rodriguez era un policía joven, bastante joven para ser encargado de este tipo de casos, y Juan, mientra le hacía esta pregunta, no podía evitar pensarlo.

-Ha sido su ex-marido, no hay duda.

-¿Aún insistes en esa teoría? No tienes pruebas, y el detector de mentiras ya ha negado esa posibilidad.

-No sería el pimero que supera esa prueba siendo culpable, y además sí tengo pruebas.

-No son pruebas- Juan negaba con la cabeza- La sangre en su cuerpo es normal: cuando los de la ambulancia llegaron, se negaba a dejar de abrazar el cuerpo de su mujer; las huellas en el cuchillo no son extrañas, dado que fue él quien se lo extrajo del pecho, y no lo soltó hasta que llegamos nosotros.

-Ya… ¿Y por qué es tan parecido al resto de los cuchillo de su casa?


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Venganza


Jaime miró el informe médico y tras un par de ojeadas lo lanzó a la basura. “Absurdo”, pensó.

Estaba en su estudio de arquitectura, rodeado de planos y ofertas de posibles clientes; pero sus ojos sólo se dirigían a la foto de su ex-mujer, María, preguntándose aún, después de dos años sin verla, cómo había podido dejar escapar a tal mujer. “De hoy no pasa, voy a ir a verla y le pediré otra oportunidad”. Cogió sus cosas y se fue a casa.

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Semáforos, malditos aparatos ralentizadores…

Mike estaba en su coche y no estaba de muy buen humor, tenía que llegar a su casa y prepararlo todo, pues hoy era el gran día.

“Esa zorra pagará por haberme dejado”, pensaba continuamente mientras cambiaba de marcha y aceleraba el coche.

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Inspiración


De nuevo frente al ordenador… ideas vacias que carecen de sentido y de final pasan por mi mente, pero ninguna lo suficientemente buena como para escribir el perfecto relato que ando buscando.

Princesas, dragones, presos y soldados pasan volando por mi imaginación, pero ese personaje cuya personalidad y actos asombren al lector está aún lejos de ser encontrado.

Otro café, un par de cigarrillos y de vuelta a la mesa a continuar escribiendo.

Y entonces me doy cuenta de lo que ocurre: busco la inspiración, trato de forzarla a aparecer, pero no me doy cuenta de que la estoy tratando mal… Insulto a mi mejor aliado frente al público, y ella se niega a aparecer; no es un instrumento, es un amigo, y no puedo tratar de usarla sólo cuando me plazca… Debe acompañarme en mi día a día, tiene que ser un compañero, no una mochila que llevo a rastras para tratar de abrirla a mi imaginación cuando me convenga.


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Silencio… siempre acaba… silencio


El silencio se vio roto por el sonido de la cerilla al encenderse. La luz alumbró el final del cigarrillo al entrar en contacto con la llama, haciendo que el humo, cargado con el sabor de la nicotina, recorriese mi paladar y mi lengua, mi garganta, abriéndose paso hasta mis pulmones.

El consiguiente resoplido, acompañado del humo al salir de mi boca, volvió a romper el silencio; y yo, apoyado en el capó de ese coche, ése, precisamente, me dejé llevar por los recuerdos y la tranquilidad posible que pude reunir en ese momento.

Amor, pasión, odio, venganza y remordimiento. Sentimientos que fueron penetrando en mi mente poco a poco y ahogándome en mi propia agonía. No había perdón posible. Ella había muerto.

Y yo había sido su asesino.

El despertador, maldito instrumento de los infiernos creado para hundirme por las mañanas. Odioso trabajo y vida monótona, dos frases que me acompañan todos los días al abrir los ojos.


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DIARIO DE UN CONDENADO PARTE 2


-¡No quiero morir!- Gritaba el hombre- ¡Padre! ¡PADRE!- Se dirigía al cura al que debía haberse confesado…-¡Júreme la existencia de Dios! ¡Por favor! No quiero morir… No quiero…- El sacerdote contrajo la cara y salió de la habitación, pero el chico no lo supo, pues ya le habían puesto una bolsa alrededor de la cabeza, y le colocaban la soga, a lo que respondió con un brutal grito, que pude escuchar antes de cerrar los ojos para no ver su caída.

Al parecer murió de una rotura del cuello, y creo que tuvo suerte, pues no quisiera yo mañana sentir las agonías de la asfixia…


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Diario de un condenado parte 1


Desperté en la soledad de mi celda, y descubrí la luz de la Luna que se filtraba por las rejas de mi habitación, siendo un gran placer en el mundo de tortura en el que me hacían arrepentirme día tras día del gran crimen cometido, la matanza de mi bella mujer a las escasos veintidós años. No había sido el asesinato de un psicópata enfermo que disfruta de la muerte ajena, había sido el arrebato de locura del hombre que descubre que su mujer no es fiel al compromiso eclesiástico. De todas formas, el tribunal había dictado sentencia, y a mis cincuenta y cuatro años aún seguía cumpliendo la cadena perpetua impuesta hacía treinta y uno.

No contaba con el apoyo de nadie, y la amistad con el resto de presos me resultaba intolerable, por eso había pasado mi tiempo entre libros, y realizando el duro trabajo de la que ahora consideraba mi única casa, la prisión.


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IMPOTENCIA


María estaba cansada, la fiesta de esa noche la había hecho bailar de tal forma que los pies, bonitos en circunstancias normales estuviesen enrojecidos y llenos de ampollas que extendían un dolor intenso por todo su cuerpo cada vez que apretaba el acelerador.

-Tal vez no hubiese debido tomar esa última copa de vodka antes de salir- pensó al llegar a un cruce.

Estaba borracha, y eso hizo que no advirtiese la señal de STOP situada a la derecha de la carretera.

El golpe fue rápido y provocó la explosión del coche de Carlos, hombre de sesenta y cinco años que volvía a casa tras estar de guardia en el hospital en el que trabajaba.

María tampoco salió ilesa, el golpe la expulsó del vehículo a través del parabrisas, y fue lanzada a un pequeño riachuelo que pasaba cerca de la carretera.


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CIERRA LOS OJOS


 

 

Había una oscuridad tal, que sentía que se quedaba ciega, y tenía que cerrar los ojos, que la abrasaban, para poder ver.

Observó una esfera puntiaguda, y acercó la mano, pero cuanto más cerca estaba, menos la veía. Reunió fuerzas y la tocó, cayendo hacia arriba.

Por fin llegó al suelo y notó que flotaba, llorando a carcajadas, pues quería tener alas y poder volar para nunca elevarse en el aire.

De pronto salió del agua y sintió que se ahogaba, mojando el suelo que quedaba seco; y vio a un hombre que la besaba a manotazos.

Huyó hacia él y la luz se encendió, quedando a oscuras y cegándola, y haciendo que cerrase los ojos, que la abrasaban…

 

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