Amont – Capítulo 5
Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.
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Esa noche la brisa traía el ruido del salón chino; el olor a carne condimentada que se vendía en cajitas para llevar en un carrito calle abajo.
Apoyado en la barandilla, Giorgio Grigio visualizaba la imponente ciudad desde un ático en el piso treinta y siete. Admirando la majestuosa urbe de Amont por la noche, Giogio era ajeno completamente al vuelco tan enorme que iba a dar su vida.
Sonó el timbre.
El hombre se giró extrañado, nunca había llegado a comprender por qué existían personas que llamaban a la puerta cuando la medianoche se había marchado ya, junto con los trabajadores y efectivos, quedándose en la calle la vida nocturna, a la vez tan luminosa y oscura.


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