SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

el ataque


La calle parecía desierta en la noche pero un par de zapatillas chocaban contra el suelo ritmicamente, parecía que alguien llegaba corriendo. A la luz de la farola se vislumbró por un instante su aspecto. Tenía la cara descompuesta de terror, sin parar de mirar hacia atrás a cada paso dirigiendo sus ojos al suelo. Tenía el pelo corto y la barba bien afeitada. Debía de tener alrededor de cuarenta años y no llevaba ropa de estar haciendo deporte. La verdad es que Joan era un antropólogo famoso por sus descubrimientos del comportamiento humano, y por lo general era alguien tranquilo, con ropa de colores suaves y jerseys tejidos a mano regalados por su madre hacía tiempo.

Joan corría y apretaba fuertemente en su mano una grabadora alargada que entre zancada y zancada se acercaba a la boca y musitaba alguna frase de manera entrecortada por la fuerte respiración de correr más que en los últimos diez años.


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Atrapado


Abdel se levantó una mañana como tantas otras al escuchar los suaves y piadosos desgarros del silencio que profería Saul, el gran orador de la mezquita…

” Honorabilidad y Responsabilidad, eso les abre toda las puertas”

Era una voz relajante, tranquila, que estiraba las palabras y emitía los sonidos fuertes de manera más melodiosa. Abdel caminó descalzo hasta una palangana que tenía preparada en una esquina. Se arrodilló se lavó las manos y la cara, y sin incorporarse y con las manos mojadas las frotó cuidadosamente sobre sus pies aguantando el equilibrio de su cuerpo sobre las rodillas. Algo difícil pero acostumbrado a hacerlo a menudo no le costó. Apartó la palangana estiró una tela que tenía detrás y avanzó dos pequeños pasos con las rodillas hasta posarse sobre la pequeña alfombra.


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Nueva Tierra


Cad Zon, la ciudad más antigua conocida en el sistema de Scorpio se encontraba en una de las tres lunas de Nueva Tierra. Sus habitantes eran considerados arcaicos por casi todas las civilizaciones de la galaxia. Según varias de las esferas de memoria encontradas a lo largo y ancho de la galaxia, no eran sino otros colonizadores más. Quizas los primeros. Pocos visitantes acudían a ese planeta, planteado desde un principio para el autoabastecimiento. Las condiciones de vida (fuerte gravedad, tormentas de arena sin previo aviso y un intervalo de radiación solar nociva suficiente periódico como para poder vivir allí y no lo suficiente como para mosquear a los visitantes) habían empujado a que las costumbres de miles de años atrás se conservarán lo más incorruptas posible que en el resto de la galaxia. Era difícil encontrar a ninguno de sus habitantes que no se halla drogado alguna vez con drogas ultrasónicas, considerada la droga más famosa de los colonizadores.


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extraña paranoia


Zandor no podía creerlo. Se frotó los ojos una y otra vez sin entender como era posible. En su época (Año 2765)aún nadie lo había conseguido antes, y allí delante del Edificio Confederado, tenían al primer viajero del tiempo…
Pero la pregunta que se hacían los “astrociencios” no era cómo había viajado al futuro sino, porqué un cura pedófilo había sido el primer viajero del tiempo.

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tétrico…Don´t worry


“Luis paseaba con los cascos puestos y daba saltitos con los pies cuando me lo cruce la semana pasada.

Cuando le paré parecía sonriente, algo que me inquieta más al pensar que se suicidó y fuí la última persona a la que vió.

Me comentó que se había muerto su madre esa semana, pero que estaba mayor..Y que había dejado de trabajar en el sitio en el q llevaba quince años, porque había decidido tomarse unas vacaciones largas.

Apenas estuve tiempo hablando con él…pues alegué tener prisa, el sonrió de nuevo, me chocó la mano y se puso los cascos alejandose en dirección contraria a por donde yo tenía que ir.

Realmente no me paré a pensar que se dirigía al puente para tirarse… Aunque parecía feliz, sobre todo recuerdo la canción que iba tarareando… “Don´t worry, be happy”.


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Desfase


La cabeza me va a reventar, es lo único que mi cerebro es capaz de articular, y lo que me hace darme cuenta de que sigo vivo. Intento abrir los ojos, y un estallido de luz inunda mis ojos provocando que los vuelva a cerrar. Lo intento de nuevo pero más despacio, hasta darme cuenta de que no hay tanta luz como pensaba, pero aun así molesta la muy puñetera…

Intento incorporarme pero parece haber subido la gravedad, porque algo me empuja de nuevo atrás. Me mareo, cuesta creer que no puedo ni sentarme en la cama. Por cierto, ¿donde estoy? Este cuarto no me suena nada.


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El acantilado


El inspector general de la policía de Crawley, un cincuentón adaptado a la rutina refunfuñaba por haber tenido que alejarse tanto de su comisaría. El caso es que una serie de extraños asesinatos se habían producido a lo largo de toda la costa de West Sussex, y la policía de toda la región no daba abasto, así que habían tenido que recurrir a las pacíficas villas de interior donde nunca sucedía gran cosa que valiese la pena registrar con un sinfin de inútil papeleo.


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La justicia de la calle


Martín sollozaba de alegría tras varios meses sollozando de tristeza. Montaba en su moto, con gran decisión volviendo a su barrio. Su ropa estaba polvorienta del viaje, estaba cansado, despeinado, probablemente olía mal y a veces daba peligrosas cabezadas que hacían peligrar su equilibrio, pero no se quería detener…A pesar de estar tan mal no le preocupaba ya lo que le pasase, sólo quería cumplir su palabra. Martin parecía un soplido del propio Céfiro, el dios del viento…Nada le podía detener ni siquiera las quejas y lamentos que oía en su portaequipajes. Algo colgaba por ambos lados. Era un gran bulto, un atillo de gran tamaño que sospechosamente tenía la altura de un humano. Martin entró en la ciudad y bordeó esquinas despreocupado de golpear a su “copiloto”, rodeando la antigua zona amurallada para dirigirse al sur de la ciudad, donde se encontraba su barrio. Martin derrapó en el medio de la plaza donde sus amigos solían estar. Sin bajarse de la moto dió un puntapie a los bajos del atillo y el bulto cayó desenrollándose al suelo. Antes de que se le pudiese ver la cara a aquel envuelto individuo, Martin arrancó marcando ruedas para llamar la atención de la gente y se marchó sintiendose liberado, haciendo un caballito. Frenó cuando estaba lo suficientemente lejos como para no ser seguido, pero para poder observar la reacción de la gente.
Los curiosos que se acercaron destaparon la manta. Allí habia un hombre con sangre en la frente, con cara de miedo y una pelota de coma en la boca atada por detrás de la cabeza. Llevaba precintado a sus brazos un cartel que decía. “EL ASESINO DE MARIBEL”. Los que se habían congregado empezaron a soltar puntapies al hombre o a llamar a otros…Maribel la hermana de Martin había muerto hacía dos años, violada en la carretera cuando volvía de la Disco. Ese señor había estado dos años en la calle libre, y cuando la policía por fin había dado con él la justicia le había soltado demostrando su demencia… Y se había escapado sin problemas del hospital psiquiatrico. La noticia había espantado a la madre de Martin, y había despertado su propia furia. Si aquel individuo había quedado impune por la justicia burocrática, tendría que ver lo que era la justicia de la calle.


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Nota


¡Hola querido diario!

Hoy he visto en la tele la pelicula de tarzán. Siempre quise salir de la civilización, desnudarme y trepar por los árboles, pero debido a mi trabajo de contable nunca lo hice… Hoy me he decidido, cuando acabe estas líneas saldré de casa, para probablemente no volver jamás. Quiero explorar el mundo, y explorar mis posibilidades, pues estoy seguro que hay mas vida fuera de la ciudad que entre estos grises paisajes.

Intenté convencerme a mi mismo de que cuando acabase de escribir “unas líneas” partiría, pero veo que prolongo al máximo posible mi estancia aquí. Parece que el confort nos ata a la silla, y cuesta más separarse de él que encontrarlo, (y mira que con la crisis es difícil encontrarlo…) Bueno ahora si que si, me despido, cuando acabe esta línea cerraré el boligrafo, y saldré a la calle.


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Relato del agua…


Caspian movía sus tentáculos de manera inusual, pero sin plena consciencia de ello. Para Sigmund, el guardián de la colonia estaba claro. Caspian guardaba un secreto. Era inútil torturarle, pues podía ser cualquier tontería, que no hiciese correr peligro al resto de la colonia; pero como guardián sabía que tenía que conocer toda la información pues cada secreto era una grieta potencial en sus defensas. A pesar del nerviosismo que Caspian le infundaba con su actittud, Sigmund, había sido elegido Guardián por ser el más racional de todos ellos. Así que apretó el pico, y se serenizó un poco antes de acercarse a comunicarse con Caspian.

Sigmund diluyó sus pupilas intrigado por la consecución de los actos. Caspian había cambiado de color cuando él se había acercado. Era el mecanismo de defensa que cualquier calamar usaría cuando se sentía amenazados. Y se había alejado de allí soltando volutas de tinta para no ser perseguido de cerca.


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La gran sorpresa


-¡Adelante mis soldados! ¡Hoy luchad con rabia, no hemos llegado aquí para hecharnos atrás! Cobarde el ultimo! el general gritaba consignas a sus hombres tras la escotilla del tanque despreocupado por su inexorable avance…

Los gritos de guerra se oian también a lo lejos, por donde ya se distinguía la humareda que generaba el enemigo mientras se acercaban los dos frentes a la batalla.  El general observó a sus soldados y intentó calmar sus propios miedos pues todos esperaban de él algo más de decisión que los demás.¡ No obstante había estado en más batallas que ellos! ¡¿Pero de que le servían las medallas en situaciones como aquella más que para saber cuál era el lado mas seguro para marchar sin ser atacado?! No podía irse a la retaguardia o sus soldados se acobardarían… Los soldados empezaron a lanzar algun que otro disparo, nerviosos pensando que así podrían volver a casa.


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curioso minirelato de navidad


Todo el mundo dormía. El pequeñajo sacó su linterna que la tenía preparada desde el dia anterior debajo de la almohada, y corrió al árbol de navidad.Y entonces abrió los regalos, descubriendo al fin que le habían traido los reyes magos, volviendo a la cama pensando que era justo lo que había pedido. Una ganzua, y un puño americano de acero inoxidable.

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Cuento de Navidad


Luis se acabó la hamburguesa, y guardó el papel en el bolsillo de su cazadora pensando que le podría servir de algo mas tarde. Salió del Burger Queen sin hacer caso a las miradas de asco de la gente. Hombre, no se iba a enfadar con ellos, la verdad es que llevaba una semana sin ducharse porque no había sitio en ningun albergue gratuito de toda la ciudad.  No se podía quejar, había conseguido que un par de colegas le guardasen un hueco en el tunel peatonal de Plaza España. Al menos no moriría congelado, porque iban a dormir apretados de narices. Mientras se comía la hamburguesa, una mujer se había colocado a dos metros de donde el estaba antes, a pedir, pero daba igual, hacía frio en la calle, y ya había comido algo. Así que se puso a caminar sin rumbo, no tenía nada que hacer. Oyó un grito ” detenganle” Y estuvo apunto de echarse a correr, pero recordó que no había hecho nada malo, asi que se giró, y vió como subía corriendo la calle un chico de veintipico años, con una mochila por la q asomaban botes de grafitis mientras un policía le perseguía. Se apartó para no molestar y cuando pasaron siguió andando.


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kamikaze


Los años pasaron y la cosa no cambiaba. El destino de la gente seguía en manos de patanes y farfulleros mentirosos. Nadie se atrevía a pararles los pies. Hasta que él llegó. La historia le consideró un martir, sus contemporáneos hablaron de él como un salvador, pero a él mismo nunca le pareció eso. Pues todo pasó tan deprisa, obra de sus ansias de venganza, y la pérdida de las ganas de vivir fueron lo que le impulsaron a darse la vuelta y dejar de huir. Aquella gente pagaría por lo que le habían hecho a su familia. Nadie tendría que huir más de aquellos opresores, si con su vida podía evitarlo. Sólo el que su objetivo resultara cumplido con máximas espectativas le diferenciaron de anteriores kamikazes, pues a la gente le gustan los vencedores.

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Paranoia inverosimil


Era noche cerrada en Roma, víspera de tarde de circo, la gente se había ido a dormir temprano para que el emperador no cambiase de idea. Darius resoplaba ronquidos que hacían bailar todos los pergaminos de la mesa. Era imposible saber quién había robado a Cayo Luptus en su ajardinada casa de la quinta colina. Habían desaparecido cinco objetos de gran valor; sus esclavos.

Las colinas eran la zona más vigilada por el Comando Escorpión, Darius se quedó dormido pensando en que les podía haber pasado a los esclavos.


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Verdades y mentiras


Dicen que si el sol nos pilla fuera de nuestros sarcófagos, nos hace arder; al igual que si nos atraviesa una estaca de madera el corazón, nos morimos en el acto. Patrañas, todo patrañas. No me refiero a que no nos muramos si nos atraviesan con una estaca de madera, sino…¿Y quién narices no se muere cuando le atraviesan el corazón? Yo la verdad no me voy a quedar para averiguarlo. Aunque el sol me ha pillado muchas veces fuera de mi cámara…Si es cierto, soy vampiro y no vivo en un ataúd. Tu riete todo lo que quieras, pero hay que vivir con los tiempos.

Mi cámara es igual que cualquiera de vuestras habitaciones, sólo que sin ventanas. Incluso tengo una ténue bombilla, pues no es sólo la luz natural la que me irrita las pupilas y me abrasa la piel…


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Encerrado en la nieve


Es curioso que las tecnologías de hoy en dia le permitan a un hombre como yo hablar con gente que está a miles de kilometros, y no pueda salir de mi propia casa caminando. Ni siquiera puedo abrir la puerta, pues cometí el estúpido error de ponerla de las que se abren hacia fuera, aunque si fuese al contrario no cambiarían las cosas. Vivo en una región del norte de Aragón que casi no sale en los mapas de lo olvidada que está. Y creo que te sería difícil encontrar mi casa vía satélite. Si lo intentas busca solo una chimenea. Es lo que sobresale de la nieve.

En estos tristes y frios dias vivo de la comida acumulada en latas que tengo en la despensa, y de lo que me trae el cartero (obviamente por la chimenea). Antiguamente en los inviernos trepaba para salir al menos tres veces al día, pero ahora estoy mayor hasta para perseguir a mi gato.


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La boda


Todos los comensales esperaban sentados a que saliese la comida. Parecía que los cocineros debían ser muy inexpertos pues nunca un banquete de bodas había tardado tanto en servirse. Y algunos creían que no debían haber dejado a los invitados a la boda escuchar los sangrientos golpes de la cocina escucharse desde fuera. Oyeron unos pasos que salían y todos esperaron impacientes encontrarse al cocinero con una gran bandeja. Pero del cocinero sólo se veía el brazo. Parecía que el resto del cuerpo estaba alojado dentro de las fauces de un gran animal difícil de describir. Era grande, peludo y con unos dientes escalofriantes, y se movía a saltos impulsandose con las patas delanteras. La gente palideció y algunos no se atrevieron ni a correr, aunque por lo general todos se sumaron al griterio y al caos de la gran evasión.


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El buscador de perlas dejó de nadar


Una mañana Luang, dejó de buscar una piedra entre los escombros que atarse al tobillo. Ya no bajaría más a buscar perlas con los otros buscadores de perlas de Koh Tao. Ya no subiría más en el barco de Boonpong para ver alejarse la costa lentamente antes de hundirse siendo arrastrado por la piedra al fondo del mar…

Luang se escondía y les miraba seguir el procedimiento rutinario antes de subirse al barco. No quería que le viesen, pues se reirían de él. No había dejado de buscar perlas porque no necesitase el dinero; de hecho buscaba desesperado otro trabajo, pero le había cogido fobia al mar. La tarde anterior Luang había tenido un pequeño accidente con una ballena y la gente era cruel. Muy cruel.


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Bruno Volumen 4


Gunnar Koynälund estaba contento con la rápida progresión de Bruno. Sin lugar a dudas era su alumno más aventajado en el tercer encuentro. Le sorprendía algunos lugares a los que había ido Bruno en su etapa salvaje. La sobrecarga debida a la falta de sueño había desaparecido destapando un gran potencial. Al principio parecía un poco preocupado por lo de las leyes que posiblemente había incumplido, pero Bruno había entendido que esas leyes no eran para subordinación a un sistema, sino unas reglas básicas para proteger sus habilidades de los demás.

Lo que Bruno no sabía es que podía modificar el pensamiento de la gente, incluso si se lo planteaba podía modificar parte de la realidad. Con cuidado de no tener pesadillas, pues las pesadillas de gente como el, según le contó Gunnar, habían sido el motivo de las grandes catastrofes mundiales. Gunnar le indicó que su reunión número cuatro sería en su propia ciudad, en una discoteca. Y le dió un par de consejos antes de mandar su cuerpo astral a descansar.


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