SOPA DE RELATOS

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Recuerdos y reuniones


Penélope se encontraba frente al lugar donde había trabajado por veinte años: el hospital Santa Catalina… o lo que quedaba de él. Después de hacer sus compras matutinas caminaba hacia su casa pensando en el ingrato de su hijo, que había puesto pies en polvorosa ante la proposición del doctor de que la cuidara para evitar el gasto en una enfermera personal. Todo el drama había terminado con su hijo desaparecido –quizá en alguna isla tropical– y con ella viviendo sola en una casa que se le hacía demasiado grande.


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Recuerdos de Familia Cap 4: El último sacrificio


Todo era oscuridad cuando la puerta se cierra detrás de ellos con suficiente fuerza como para que los goznes de la puerta crujieran en el marco. Unos segundos después sus ojos se acostumbran a la penumbra logra ver lo que parecía su casa en cierto sentido, pero era muy diferente en muchos otros sentidos.

Para empezar el antes corto pasillo hacia la prístina cocina de Roberto ahora parecía extenderse por kilómetros. Y los cuadros de las paredes ya no eran fotos de la familiares  sino que cuando Roberto pasó su mirada sobre ellos, se transformaron en horribles escenas teñidas de rojo: calles empapadas de sangre y lluvia que se la llevaba por las alcantarillas. Miembros humanos desperdigados por doquier y perros que se los llevaban entre sus afilados dientes como si fueran un premio.


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La última noche del asesino parte 1


1

Estaba sentado en el charco formado por la sangre de mi más reciente victima  cuando recibí una llamada en el celular. Era Roy (lo más cercano que tengo a un jefe). Me tenía aun nuevo “cliente”. Dije que sí, que cuando tenía que hacerlo y colgué. Realmente no planeaba hacer otro trabajo. Ya había tenido suficiente.

Alicia Winters, mi última víctima –una hermosa joven neoyorquina de unos 21 años, eso creo– me miraba con unos hermosos ojos castaños con esa fijeza y languidez que yo ya había visto muchas veces.  Su cabello negro  ahora era rojo, rojo sangre.

“¿Quién es usted?”, había preguntado ella, que en ese momento estaba caminando por su apartamento con una copa de vino en su mano, cuando abrí la puerta de su apartamento de una patada. Era un buen apartamento. Estilo art decó, o alfo así, en un edificio de lujo.  Rica e independiente.  Una bella heredera de millones. No era su culpa, pero que se le iba a hacer.


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La última noche del asesino parte 2


Entré tranquilamente y dije en recepción que venía a buscar a una amiga, que no, no necesitaba ayuda, que sabia en que habitación estaba, gracias. Me dirigí hacia el ascensor y cuando estaba a unos metros de encamine él, las puertas se abrieron y aparecieron dos botones riendo y charlando. Me sonrieron y yo les devolví la sonrisa. Todo seguiría igual para ellos.

Bien, manos a la obra. Con los años y la práctica me había hecho un experto en abrir cerraduras, así que abrir la minúscula cerradura que le daba acceso al ascensor a los últimos pisos (las suites más lujosas) fue extremadamente fácil.  unos segundos después el ascensor empezaba a subir con un sacudida.

Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo, pero esta vez daba a un pasillo que terminaba en unas puertas de doble hoja. Caminé hacia las puertas con mi paso decidido habitual mientras sacaba mi arma y le colocaba el silenciador. Cuando me encontré frente a ellas las abrí de una patada (como lo haría cinco años después).


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Ganador del concurso de terror (1)


Aunque con un poco de retraso, anunciamos a los ganadores del concurso de relatos de terror.

Este relato fue escrito por Darthgavin y ha sido uno de los ganadores del concurso. ¡Felicidades!

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LOS CAZADORES

Llovía mucho. Una negra figura se colaba entre los grandes árboles, pero caminaba con mucha dificultad. También jadeaba. Estaba caminando, pero lo perseguían, así que empezó a correr. Tropezó. Ahora que había salido de la espesura del bosque la luna ilumino su rostro. El miedo más puro brillaba en sus ojos verdes.

Sus perseguidores se acercaban cada vez más, no había tiempo que perder; debía advertirles a todos. Sin embargo, sus heridas lo hacían cada vez más lento y faltaba mucho camino hasta su pueblo.

Maldición, pensó.


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Recuerdos de familia capitulo 3: la casa de Roberto


Cuando Eddie cruzó el umbral de la puerta y salió al porche persiguiendo a Roberto, quedó paralizado.

El normalmente tranquilo vecindario en el que había vivido toda su vida parecía ahora salido de alguna película de desastres. Se escuchaban gritos desde todas direcciones. Personas salían de sus casas gritando como si estuvieran en llamas –algunos de hecho lo estaban. La mayoría de ellos  tenían los brazos y las pernas en su totalidad surcados por profundas heridas. Otros habían perdido algún miembro y de ahí donde había estado ahora solo chorreaba sangre y colgaban tendones– ¿Cuándo pasó esto?, se preguntó Eddie, y ¿Cómo?

–Es eso que viene –dijo Roberto. Estaba parado en la acera viendo la escena con más ira que miedo–. Viene y necesita sacrificios. Muchos.

Por un momento Eddie no pudo decir nada. Los gritos no hacían más que aumentar en intensidad. Eddie pensó que se volvería loco. Cuando por fin puso hablar, gritó:


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Un día en el museo


Rafael se despertó temprano para el paseo de su escuela al museo. Tenia el presentimiento de que seria un viaje interesante y educativo. Se apresuro a vestirse pues no quería perderse un día tan emocionante con sus amigos y el resto de la clase. Aunque para el resto de personas no significaría lo que significo para Rafael.

Al fin llegaron al museo, un edificio alto e imponente. En su fachada tenia fotografías de hechos históricos importantes, lo que encanto a Rafael que por un momento se olvido del resto de la clase. Pero cuando entro tuvo que tomarse un tiempo para mirar todo a su alrededor  antes de unirse al resto del grupo.


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Recuerdos de familia capítulo 2: Roberto Y Eddie


Y ese “algo” más que Eduardo le vio a Roberto cuando llegó a su casa eran las ansias que tenia Roberto de contar su historia. “A mí, solo a mí”, pensó Eddie.

Roberto empezó su historia en la noche del martes –ese martes en el que estaba tan feliz trabajando en el jardin–. “Eddie eran como otras personas…” refiriéndose a su esposa y a su hija. Parpadeo varias veces para detener las lagrimas que asomaban a sus ojos. “fui un tonto. Dijeron que se habían ido de vacaciones y yo les creí Eddie, yo…”. Eddie le dijo que se tranquilizara, que no era ningún tonto. Roberto se tranquilizo, y continuó: a la medianoche (exactamente a la medianoche) escuchó ruidos de pasos en el piso inferior y como padre con una familia que cuidar se levantó de la cama y corrió tan rápido como pudo hacia la sala dispuesto a hacer frente a cualquier ladrón. Cuando llegó a la sala encontró algo peor que un ladrón…


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Recuerdos de familia capitulo 1: visiones y familia


1

Hace unos días que su esposa y su hija habían vuelto de sus vacaciones en México, y Roberto pensó en como las había extrañado. Pensó que no volverían, por eso cuando las recibió en el aeropuerto estatal les dio un ruidoso beso a ambas y cuando ellas sorprendidas le preguntaron porque tanto cariño, él respondió: por nada, simplemente que las extrañe mucho, muchísimo.

Mientras estuvieron fuera había tenido la visión de ellas tiradas en una zanja al lado de la carretera que salía del pueblo. Siempre que se dormía y la imagen aparecía en su cabeza despertaba sudoroso y jadeando, pero no podía hacer nada para mantenerla alejada. La van familiar entrelazada en un abrazo de metal retorcido con una camioneta negra con ventanas oscurecidas –de esas que conducen empresarios o jóvenes con padres adinerados–. El parabrisas estaba destrozado. De repente en el cuadro, y de la nada, parpadeaba azul y rojo intermitentemente. Alguien había llamado a la policía, que ahora se acercaba seguida de una ambulancia. Basta, no pienses eso, se dijo, pero el recuerdo era muy fuerte y no se iba, incluso tenía una voz. Era una voz que sonaba racional, un poco demasiado, pero lo que le repetía una y otra vez era algo que no podía ser posible. Ellas se han ido ¡Déjalo ir!


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Recuerdos de familia (prólogo)


Cuando Eduardo –o Eddie para los amigos– salió a recoger el diario al porche de la casa vio a Roberto, su vecino, y se sintió inmensamente conmovido por su situación. Después de todo habían sido vecinos por mucho tiempo y para el viejo era el hijo que nunca había tenido. Había perdido a su familia unos meses atrás en un accidente de tránsito que había obtenido una mención de diez segundos en un noticiero del pueblo y “el más sentido pésame” del conductor, que inmediatamente después ponía en su maquillada cara una la típica sonrisa de presentador para hablar del nuevo zoológico que abriría en… bueno eso no importa. Y el funeral había sido igual si no más trágico que la muerte de su familia: nadie se había presentado, excepto Eddie.


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Una noche, en una calle


Y lo que vio lo asustó tanto que quedo paralizado donde estaba. Una sombra se acercaba esquivando los tenues charcos de luz de las farolas de la calle con paso lento. Se detuvo, miró a ambos de la calle y acelero el paso. Era como un cazador midiendo a su presa, listo para atacar. Miguel intentó gritar, pero de su garganta no salió más que un silbido. El miedo oprimía su garganta y convertía sus piernas en bloques de cemento. No había escape.

Intentó tranquilizarse. Quizá no fuera nada, quizá fuera una persona que por pura casualidad también daba un paseo, a esa hora y en ese momento. Y la sombra como si escuchara sus pensamientos dio un paso dejando que las farolas lo iluminaran por completo revelando lo que a Miguel le pareció la cara de la muerte. Unos ojos enrojecidos, pero inteligentes, perspicaces, lo miraban directamente. Llevaba una chaqueta negra que dejaba ver la culata de un arma. Una torva sonrisa se empezó a dibujar en sus labios delgados, estiro sus delgados dedos y tocó el arma, su sonrisa se tornó a aun más malévola y sus ojos más perspicaces.


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Los Cazadores


Llovía mucho. Una negra figura se colaba entre los grandes árboles, pero caminaba con mucha dificultad. También jadeaba. Estaba caminando, pero lo perseguían, así que empezó a correr. Tropezó. Ahora que había salido de la espesura del bosque la luna ilumino su rostro. El miedo más puro brillaba en sus ojos verdes.

Sus perseguidores se acercaban cada vez más, no había tiempo que perder; debía advertirles a todos. Sin embargo, sus heridas lo hacían cada vez más lento y faltaba mucho camino hasta su pueblo.

Maldición, pensó.

Intento acelerar el paso, pero su pierna no se lo permitió y cayó al suelo estrepitosamente. Se levanto molesto por su error y continuo. Una sonrisa se dibujo en su rostro de tez clara, ya podía ver  a la distancia las luces de su pueblo. Esto le dio nuevas fuerzas para continuar, la esperanza empezaba a surgir en él.


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