La palabra con la que hablo.
Sientes en tu boca la navaja de la noche, esperas a que la música empiece a follarse a tus oídos, dejas la consciencia aparcada en un charco de vómito asqueroso, cierras los ojos esquivando el fogonazo de energía que te derriba en cada estruendo.
Relucen los metales en el claroscuro que te absorbe, se mecen en el océano de ojos que arden ante ellos.
Miras a tu alrededor, sabes que hay alguien cerca de ti pensando lo mismo que tú, tal vez un cruce de miradas, de nuevo estruendo, adrenalina invade tus venas y estalla en el cerebro, restalla el látigo del humo en tus retinas. Cierras los ojos.
Sabe a sangre entre tus dientes, por un momento mueres en la oscuridad.








