Y ahora somos dos centinelas erguidos, bailando bajo la Luna Cazadora que domina mi mundo interior, iluminando esas mismas cenizas sobre las que alcanzamos una gran velocidad que nos permite danzar a la par que perseguimos esa misma Luna, llena y radiante, insaciable, que continuamente busca una nueva presa que cazar. E inevitablemente, la Luna Cazadora pondrá su ojo en ti, una flor demasiado extranjera como para haber nacido en este jardín, e intentará atravesarte con su arco, y allí en medio estaré yo para interponerme, pues tengo alma de Salvador, y al suelo caeré de rodillas, y mis ropas tendrán sangre, y al mezclarse con las cenizas volveré a renacer cual fénix, pues no puedo dejar de protegerte en este mundo que he creado para ti, aunque tú nunca llegues a estar en él. Tengo alma de Salvador porque por ti es lo que quiero ser, porque soy lo que quieras que sea, y esta vez soy Salvador Dalí, “como dos centinelas erguidos, mis bigotes protegen la entrada a mi verdadero ser”, repetiré una y mil veces, soy Salvador Dalí, el genio que tuvo que llevar la carga de ser llamado con el mismo nombre que su hermano mayor, Salvador, difunto antes de haber nacido él, y condenado a ocupar su lugar por siempre, y supo hacerlo con nota, como artista y mago, como lo que soy yo, y también soy Juan Salvador Gaviota, libre para volar en cualquier momento que sea necesario y si lo deseas, y sé que lo admiras, también soy Salvador Puig Antich, porque muy probablemente tendré que morir por defender unos ideales, sobre un escenario y en el más oculto de los mundos, pero nací destinado y preparado para ello. Y después de eso sólo seré otra piedra más de este mundo, pero que más me da, mis horizontes son mucho más amplios que los de mucha gente, y con que tú lo sepas me basta. Y esto viene porque quisiera que nunca más tuvieras que ponerte delante del espejo y pintarte enormes lágrimas negras rodando por tus mejillas, ni esa enorme y roja nariz de payaso con la que quieres dar a entender algo que realmente no eres, aquí el único actor soy yo y sólo quiero que sonrías de verdad, entre las butacas del teatro, entre las sombras de tu habitación, frente a tu espejo que sólo puede reflejarte a ti, y que cuando estés de nuevo frente a él, sin lágrimas ni narices de payaso, puedas asomarte, atravesarlo y llegar a este mundo, la magia de la teatralidad que trato de transmitirte, pues hoy yo canto, lloro y actúo por ti, es mi trabajo y es lo que deseo hacer, y si puedes darte cuenta de eso y contemplar el mismo horizonte que yo, mi horizonte, el que nunca se acaba, con eso me doy por satisfecho. Y ahora cierra los ojos, pues la función de hoy ya ha terminado, y debo darme prisa si quiero llegar a tiempo para estar en tus sueños, pues sé muy de antemano que tú, hoy, como ayer, como todas las noches, estarás en los míos. ...