SOPA DE RELATOS

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El toque de la honra (Parte II y final)


Esta es la segunda parte de una saga. Para leer la anterior haz click aquí

Je suis une âme solitaire.
Y mi alma, entre otras cosas, ha sido siempre cobarde. ¿Y la tuya? Fría. Nunca ha querido compartir nada más que lo que a tu cuerpo le ha convenido, o a lo que se ha atrevido, o a lo que se ha dignado. Y yo nunca he osado imaginar que pudieras ofrecer nada más, y ese es tu gran defecto, el que te hace real en vez de protagonista de delirios de fantasía. Porque no eres versátil, eres predecible, eres una pared, totalmente plana, y no me refiero a tu pecho, me refiero a tu alma. Eres incapaz de hacerla arder. Incapaz. ¿Y la mía? Es solitaria, sí, pero por eso es un fénix. Porque en vez de resignarse y rendirse a revolotear cerca de ti por si acaso cayera algo (JA! como si fuera a pasar), vive en constante combustión, muerte, cenizas y renacer.


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El toque de la honra (Parte I)


Jugaban.

Valga por Dios que ya advierte el hecho de que jugaban. A los libros. Los ve rondándose en la vieja librería, uno frente al otro. En mitad yacían torres de libros, y en la cima, uno abierto. Jugaban a preguntas y respuestas. Eso es lo que ve a través de la ventana. Y cuando uno ganaba, mandaba al otro de viaje. Así de fácil, lo señalaba con el dedo, después apuntaba al libro y decía “Tú, aquí”. Y el otro, él lo ve, desaparecía. Y por lo visto aun anda en el libro, vagando, o atrapado, o ni se sabe.


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Viejas creencias III


Primero creí para crear

Los demás nunca creyeron

Ni por supuesto nada crearon

Y cuando creé, les hice creer

Y también quisieron crear

Y lo que crearon quise creer

Pero no era creíble

Creaciones sin credibilidad

Desde entonces ya no creo

Nada creado ni creído

Y me limito a crear lo que creo

Y ahora creo para que creáis.

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Dos centinelas erguidos (Parte II y última)


Y ahora somos dos centinelas erguidos, bailando bajo la Luna Cazadora que domina mi mundo interior, iluminando esas mismas cenizas sobre las que alcanzamos una gran velocidad que nos permite danzar a la par que perseguimos esa misma Luna, llena y radiante, insaciable, que continuamente busca una nueva presa que cazar. E inevitablemente, la Luna Cazadora pondrá su ojo en ti, una flor demasiado extranjera como para haber nacido en este jardín, e intentará atravesarte con su arco, y allí en medio estaré yo para interponerme, pues tengo alma de Salvador, y al suelo caeré de rodillas, y mis ropas tendrán sangre, y al mezclarse con las cenizas volveré a renacer cual fénix, pues no puedo dejar de protegerte en este mundo que he creado para ti, aunque tú nunca llegues a estar en él. Tengo alma de Salvador porque por ti es lo que quiero ser, porque soy lo que quieras que sea, y esta vez soy Salvador Dalí, “como dos centinelas erguidos, mis bigotes protegen la entrada a mi verdadero ser”, repetiré una y mil veces, soy Salvador Dalí, el genio que tuvo que llevar la carga de ser llamado con el mismo nombre que su hermano mayor, Salvador, difunto antes de haber nacido él, y condenado a ocupar su lugar por siempre, y supo hacerlo con nota, como artista y mago, como lo que soy yo, y también soy Juan Salvador Gaviota, libre para volar en cualquier momento que sea necesario y si lo deseas, y sé que lo admiras, también soy Salvador Puig Antich, porque muy probablemente tendré que morir por defender unos ideales, sobre un escenario y en el más oculto de los mundos, pero nací destinado y preparado para ello. Y después de eso sólo seré otra piedra más de este mundo, pero que más me da, mis horizontes son mucho más amplios que los de mucha gente, y con que tú lo sepas me basta. Y esto viene porque quisiera que nunca más tuvieras que ponerte delante del espejo y pintarte enormes lágrimas negras rodando por tus mejillas, ni esa enorme y roja nariz de payaso con la que quieres dar a entender algo que realmente no eres, aquí el único actor soy yo y sólo quiero que sonrías de verdad, entre las butacas del teatro, entre las sombras de tu habitación, frente a tu espejo que sólo puede reflejarte a ti, y que cuando estés de nuevo frente a él, sin lágrimas ni narices de payaso, puedas asomarte, atravesarlo y llegar a este mundo, la magia de la teatralidad que trato de transmitirte, pues hoy yo canto, lloro y actúo por ti, es mi trabajo y es lo que deseo hacer, y si puedes darte cuenta de eso y contemplar el mismo horizonte que yo, mi horizonte, el que nunca se acaba, con eso me doy por satisfecho. Y ahora cierra los ojos, pues la función de hoy ya ha terminado, y debo darme prisa si quiero llegar a tiempo para estar en tus sueños, pues sé muy de antemano que tú, hoy, como ayer, como todas las noches, estarás en los míos.


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Dos centinelas erguidos (Parte I)


“Como dos centinelas erguidos, mis bigotes protegen la entrada a mi verdadero ser”.

Salvador Dalí.

Inocente como una bruja quemada el día de los inocentes, te veo cada noche sola, ante tu espejo mágico que sólo puede reflejarte a ti, maquillarte con delicadeza grandes lágrimas negras, exageradas, temblorosas como bailarinas, y acompañadas en tu cara por una roja nariz de payaso. Es la forma que tienes de exteriorizar tus penas, y no diré nada en contra, ya que jamás me atrevería a decirte nada, ni siquiera me atrevería a cruzar el umbral de tu ventana, en cuyo alféizar me paso las noches posado mirándote.


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Monólogo íntimo para dejarte sin aliento


Despiertas y otra vez quiero hacer la revolución en tu cama y declarar la guerra a tu ropa y volver a tropezarme con tu falda enrollada entre el naufragio que muere en el suelo y tu habitación debe de odiarme pues últimamente nuestro sudor esta matando el olor a pino Ambipur y me lanza trampas para que me vaya pero por ahora no puedo hacer eso y corro raudo a tu interior porque volver a estar dentro de ti sabe a salvación y volver a estar dentro de ti y ya van unas cuantas veces en las últimas horas y tu cuerpo por dentro parece una fortaleza y ojalá pudiera quedarme más tiempo algún día mientras arrecia la tormenta pero en este mundo por lo visto no es posible así que salgo y me entretengo escalando la parte superior de tu cuerpo mientras finjo que resbalo accidentalmente una y otra vez hasta que me encaramo sobre tu pezón y agarro los cabellos rubios daneses escandinavos que cuelgan y me abro paso entre tu pelo y creo que se te van a caer las pecas nórdicas y ya me apresuro a procurar que se queden pegadas en tus mejillas con los labios y me empleo en eso un buen rato y el diablo se debe de llevar el alma al salir porque he subido a tu ojo izquierdo y por lo visto debe hacerte gracia porque me golpeas con las piernas desnudas y entonces ahora sí te acaricio con las dos manos repetidas veces y cuando realmente podemos decir que nos volvemos a encontrar las narices después de tanto tiempo y creo que es ahí cuando volvemos a besarnos después de muchas horas y el sabor ha cambiado tras tanto tiempo encerrado como el vino y ahora sabe a despertar y a legañas y puede que yo tenga parte de culpa en eso al haberte chupado antes el ojo pero tu lengua tampoco es que se quede quieta y se venga y está algo más áspera que la vez anterior después de haber dormido y no para de moverse como una serpiente y ahora creo que es verdad que tienes raíces del norte y que en otra vida fuiste vikinga y por eso tu piel es tan blanca que te deslizas desnuda por todos los rincones de la habitación y puedes pegarte al techo y reptar por los cuadros mientras sin darme cuenta me empalmo de nuevo ligeramente y por casualidad y no sólo por ti sino porque suena el disco de Christina Rosenvinge y debo confesarte que todo este tiempo he fingido contigo y te he puesto su cara y su cuerpo y su voz y su piel y lo demás obviamente me lo he imaginado y no miento si te digo que no sé nada de ti y ya no creo que sea necesario saberlo porque debes de ser tan insulsa que con Christina no puedo y contigo sí.


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