Falsedad y consumismo
Julia era esa clase de persona a la que en estas fechas navideñas le rondaba por la cabeza la idea de que nunca es tarde para creer, no le importaba darle la vuelta a sus principios y retractarse de todos sus actos. Tan solo en estas fechas juntaba el verbo pedir con la palabra perdón. Salía a la calle, una calle llena de luces, luces de bajo consumo pensaba, eso le hacía sentir mejor persona al recordar que existía gente que no tenía ni velas con las que alumbrar las frías estancias de sus casas construidas con cartones. Antes de cruzar la puerta de los grandes almacenes de su ciudad dejaba un par de monedas en la funda de violín del hombre que tocaba a la entrada, así se sentía más humana, aun sabiendo que lo que había dejado allí no era nada comparado con la cantidad que se gastaría en trastos inútiles que regalar. Trastos que tan solo se llenarían de polvo en el desván al acabar la navidad.







