Ombligo
Caballos viajan al galope sobre tu cuerpo, bajando tus senos, hacia el sur, hacia las llanuras de tus mentiras tibias con su centro en el cortado ombligo, quieto y silente, en medio de tus gestos de sorpresa y tus silencios.
Adiós.
¿Cómo voy a hacer para huir de este día? No lo sé. Tal vez un viaje al centro de mí mismo sea suficiente. Pero ¿otra vez? Estoy harto, el centro de mí mismo siempre me abre con cara de sueño, como diciendo: ¿otra vez aquí? Y me da la espalda, dejándome entrar, sin remedio. Me dan ganas de llorar, no tengo a dónde ir… ya ni yo mismo me recibo con entusiasmo. La soledad es un recurso. Tal vez allí me encuentre bien. Quiero que nada sea importante y que todo sea nada. También quiero ser un cenicero. Buscar mi interior en una cerámica negra y brillante que recibe puchos encendidos en su espalda.









