SOPA DE RELATOS

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Te pisé los talones cuando aún no conseguía distinguir ni tan siquiera  cual era el camino más cómodo y tranquilo. Hoy tampoco es que lo tenga muy claro pero he aprendido a disimular mejor. Mastiqué tu ausencia y se mezclo en mi boca con todo el polvo que había mordido en la última cucharada de vida amarga que degustaban a regañadientes casi todos mis sentidos, todos menos el sentido común. Nunca nos habíamos llevado bien y casi toda la culpa era mía. Empeñado siempre en inventar lo que ya estaba inventado hacía mucho tiempo, empeñado en escupir contra el viento y claro era como darme cabezazos contra una pared. La pared de la realidad.

Resulta que un día cambió el viento de dirección, tus ojos vacíos de mi y los míos con ganas de ti, se encontraron entre la maleza del montón de días grises que daban color a nuestras sonrisas, clandestinas ellas y deseosas de escapar del sitio a dónde nunca debieron de llegar.


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REQUIEM


¿Acaso creéis que ponerle una tirita a esta herida mortal va a servir para algo? No, ni mucho menos. Tampoco serviría si  incluso todos vosotros, siervos de la más cruel tiranía,  os quitarais la venda de los ojos e intentarais taponar la hemorragia, sería en vano.

Llegáis tarde. El último tren paso hace unos meses, nadie va a venir a sacarnos de esta vía muerta. Ya no nos miramos ni a la cara, porque en realidad, no hace falta. Todos sabemos quiénes somos y además quienes fuimos. El roce hace el cariño reza el populacho, y es verdad, porque yo con todo el cariño del mundo os perdería ya mismo y para siempre de vista sin tener que atravesar por este decadente y marchito cementerio.

El calor de este zulo ha enfriado demasiado nuestro brío. Ahora, en esta tenue agonía es inútil hacer más sangre. Abandonemos este lúgubre lugar!


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Hedor nauseabundo


He de decir que ha sido sorprenderte e incluso gratificante me atrevería a decir, el descubrir la insignificante distancia que separa la profunda admiración que te profano y el hedor nauseabundo de tu presencia.
Sí, he de reconocer que estaba equivocado cuando imaginaba que sería una distancia insalvable. Pensé  que para realizar el trayecto debería ponerme en contacto con una de esas agencias “ Low cost” tan de moda últimamente .Incluso rondó por mi cabeza la posibilidad de embarcarme en una de esas pateras de lujo y hacinarme ente un montón de gestos y de caras desconocidas con sus indiferentes  y aburridas miradas.
Pero no! Por suerte descubrí que mis nuevas botas de monte eran ideales para realizar el trayecto. Unas botas, en principio, fabricadas y diseñadas para subir montañas resultaron ideales para bajar a tu repugnante infierno. Y en cuanto llegué, caí en la cuenta de que estaban tan nuevas que cuando comencé a andar.
Evidente… pues solamente dos insignificantes pasos separaban mi admiración por ti y el asqueroso olor de tu presencia.
Y sí, te sigo admirando, cada minuto un poquito más y cada hora sesenta poquitos. Te admiró porque eres capaz entre otras muchas cosas de asomarte en un balcón a gran altura y no tener  la tentación de saltar y acabar con un cerebro insano, un cuerpo sin corazón ni alma y una cara que más bien es un mazacote de hormigón.
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