Lluvia
Llovía. Se oía un leve palpitar de pequeñas gotas sobre los adoquines. Mientras tanto, la frescura del cielo resbalaba por mis mejillas.
-Me encanta la lluvia – pensé al tiempo que observaba al móvil bosque de paraguas que bullía a mi alrededor.
Estaba empapada de pies a cabeza, pero eso no me importaba. Aquella sensación era incomparable. Nunca comprendí por qué la gente huye de la lluvia.
- Le tienen miedo – me decía mentalmente.
Miré mi reloj.
Había perdido la noción del tiempo. Seguramente Shamir estaría esperándome desde hace un rato. Corrí hacia casa, sin reparar en los charcos que rompía bajo mis pies. Allí estaba él, en el portal, con una sonrisa tatuada en la cara y chorreando, como yo.
- Creí que ya no vendrías… Además como estaba lloviendo pensé que quizás preferirías dejarlo para otro día… – masculló tímidamente.









