SOPA DE RELATOS

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Lluvia


Llovía. Se oía un leve palpitar de pequeñas gotas sobre los adoquines. Mientras tanto, la frescura del cielo resbalaba por mis mejillas.

 

-Me encanta la lluvia – pensé al tiempo que observaba al móvil bosque de paraguas que bullía a mi alrededor.

 

Estaba empapada de pies a cabeza, pero eso no me importaba. Aquella sensación era incomparable. Nunca comprendí por qué la gente huye de la lluvia.

 

- Le tienen miedo – me decía mentalmente.

 

Miré mi reloj.

 

Había perdido la noción del tiempo. Seguramente Shamir estaría esperándome desde hace un rato. Corrí hacia casa, sin reparar en los charcos que rompía bajo mis pies. Allí estaba él, en el portal, con una sonrisa tatuada en la cara y chorreando, como yo.

 

- Creí que ya no vendrías… Además como estaba lloviendo pensé que quizás preferirías dejarlo para otro día… – masculló tímidamente.


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Mediolleno/mediovacío


A ratos.

Bebo un sorbo y lo escupo. Baja y sube. Positivo, negativo. ¿Bueno, malo?

Hola, Adiós.

Un nuevo ojo, la misma mirada. Una nueva mirada, distinto ojo. Mismo ojo, distinta mirada.

Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras…

No me entiendes. ¿No me entiendes?

NO ME IMPORTA.

Buenas noches. Noches buenas. Quizá. A saber. ¿Tú lo sabes?

Mediolleno.

Mediovacío.

Ladamedeglace.

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El mercado de los abstractos


Pensando en lo complicado que es determinar el estado de ánimo que cada uno posee en cada momento o en su propia esencia vital imaginé un modo inequívoco de simplificación. ¿Y si los sentimientos, las emociones… todo aquello insensorial pudiera contarse? ¿Y si pudiéramos determinar un número o un peso para lo que no se ve, se oye, se saborea, se huele o se toca? Todo iría mucho mejor si existiera el mercado de los abstractos. Un lugar donde el dinero no existiera y se pagara con sonrisas, con abrazos, con lágrimas o con besos.

-Buenos días. ¿Me da 500 gramos de ilusión, 3 kilos de amistad, 4 latas de inspiración y una bolsa de amor?

-Claro que sí, ¿hoy toca relato? ¿O quizás una carta de amor?

-Ya se verá…es una nueva recetilla de felicidad que he encontrado en un cajón. Voy a probarla. ¿Cuánto es?


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Recuerdos del futuro


Volví a despertarme bañada en sudor, con amargor en la boca y calambres en la espalda. Me faltaba el aire, por lo que corrí a conectar el purificador de oxígeno. Saqué de la despensa el depósito de agua correspondiente a ese día y lo coloqué en el distribuidor que llevaba el líquido elemento a todas las tomas de la casa. Me dirigí al cuarto de baño, me ardían los ojos. Coloqué un cuenco dentro del lavabo para no malgastar ni una sola gota. Abrí un poco el grifo y me mojé las manos con el fino hilo de agua. Las puse sobre mi cara. Cerré la llave y repetí la acción con lo que había quedado en el cuenco. Me sentí mejor. Me acerqué al sillón que había junto a la ventana y observé tras el cristal el bullicio de la urbe. El panorama era desolador, peatones que caminaban como si de un ejército se tratase, rostros ojerosos e inexpresivos escondidos bajo las mascarillas, ruido de bocinas resonando en los enormes coches, policía en cada esquina guardando que nadie destacara entre la multitud, edificios ruinosos junto a grandes rascacielos de impresionantes diseños arquitectónicos y un cielo gris en el que apenas se veía el sol…


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