SOPA DE RELATOS

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Hoy he soñado que me dabas un beso


Hoy he soñado que me dabas un beso, tierno y dulce, suave y pequeño. Apenas un roce de tus labios que me ha hecho despertar, casi sobresaltado, sin creerme lo que había soñado.

Hoy he soñado que me dabas un beso. Y era un beso que quitaba el hambre, que llenaba el espíritu de un aire nuevo, que impregnaba mis labios de miel y de angustia, de placer y de duda.

Hoy he soñado que me dabas un beso, y antes de eso, estaba yo tumbado, mirando el cielo. Tú te acercabas, coqueta y juguetona, con un andar que era casi una danza, y te sentabas tras de mí, invitándome a apoyar mi cabeza entre tus piernas. Hoy he soñado que te acariciaba, que estiraba mis brazos hacia tu espalda y suavemente desplazaba las yemas de mis dedos por tu costado, erizando tu piel. Hoy he soñado que me mirabas. Nuestras cabezas, contrarias. Nuestra mirada, precisa. Tu pelo caía sobre mi cara a medida que te acercabas, como una cascada de seda, y en un segundo, me besabas.


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Microrrelato Hiperbreve


El personaje tomó conciencia de sí mismo

—Creo que me están escribiendo.

 

Yizeh. 26 de septiembre de 2011

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El espejo


Uno a uno, los niños fueron pasando a la sala. La puerta era bastante pequeña y estaba muy deteriorada. Daba la impresión de que se iba a desmoronar en cuanto la menearan más de la cuenta. La vieja madera crujía, daba aspecto de que se estuviera pelando y apenas quedaban pequeñas y dispersas manchas de una pintura amarillenta que en otra época probablemente hubiera brillado con esplendor. Las bisagras chirriaban como si fueran a asesinarlas, y el borde inferior de la puerta rozaba levemente el suelo.

La sala, sin embargo, contradecía la anchura angosta que poseía la puerta. Era bastante espaciosa, y apenas había un par de sillas en el medio de ella. Las sillas parecían bastante modernas, con un diseño bastante abstracto. Sus patas se retorcían en extrañas espirales, pero los respaldos eran de una gruesa tela con fibras negras y rojizas. Tenían pinta de no ser incómodas. Aunque, de tan solitarias que estaban ante la inmensidad de la sala, no invitaban a tomar asiento. Sin embargo, la más pequeña de los niños, siempre más despreocupada, se acercó a ellas y se aupó, no sin esfuerzo, para lograr colocarse en la silla de la derecha.


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La Historia de Sopa de Relatos – Microrrelatos


Este relato es parte de una serie que pretende explicar la Historia de Sopa de Relatos desde el punto de vista de cada uno de los géneros que abarca. En este caso, microrrelatos.
Aquí, el resto de versiones.
(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… O no.)

  • La borrachera

¿Las mejores ideas se crean con los estados de conciencia alterados?

.

  • Las quedadas

Nuevamente, nos pusieron en la lista negra de otro bar.

.

  • Los usuarios

Cientos de víctimas que empujan la bola de nieve. ¡Ya es gigante!

.

  • Los administradores

Dando el coñazo gustosamente desde 2008.

.

  • El objetivo

Enriquerse.

.

Lascivo. 4 de enero de 2011

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La Historia de Sopa de Relatos – Ciencia-ficción


Este relato es parte de una serie que pretende explicar la Historia de Sopa de Relatos desde el punto de vista de cada uno de los géneros que abarca. En este caso, ciencia-ficción.
Aquí, el resto de versiones.
(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… O no.)

Una vez más nuestros amigos Lascivo, Pequadt y Champinon están aburridos en la cápsula de entretenimiento de la nave. Llevan semanas orbitando el planeta Sopa, y han terminado todas sus opciones de ocio, por no decir que apenas les quedan raciones. No querían llegar a este punto, pero van a tener que bajar al planeta Sopa y explorarlo con el fin de encontrar algo que el procesador de alimentos pueda usar para convertirlo en algo comestible.

Bitácora de Champinon – Exploración del planeta Sopa – Grabación 0001001


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La Historia de Sopa de Relatos – Aventura


Este relato es parte de una serie que pretende explicar la Historia de Sopa de Relatos desde el punto de vista de cada uno de los géneros que abarca. En este caso, aventura.
Aquí, el resto de versiones.
(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… O no.)

—¡A las armas! ­—dijo Champinon colocándose un sable entre los dientes.

—¡Raudos! —exclamó Lascivo—. Hemos de rescatar a Pequadt de las garras del malvado capitán Tedio para así poder reunirnos todos con nuestra amada.

—¡Ah! Nuestra amada… Si supiera todo lo que tenemos planeado para ella… ¡Suspiraría!

Y, de un salto, bajaron del barco, y nadaron hasta la no muy lejana tierra, donde salpicaron de mar toda la orilla que aún estaba seca.

***


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¿Y si Todos los Libros Fueran de Ciencia-Ficción?


Hoy me he levantado con esta extraña pregunta grabada a fuego en mi mente: ¿y si sólo existiera un género literario? Por ejemplo, la ciencia-ficción. Analicemos la repercusión de esta idea en forma de otra pregunta: ¿y si todos los libros fueran de ciencia-ficción? ¿Cuáles serían los libros más famosos? Veamos algunos ejemplos:

· Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas:

En el planeta Francia, el déspota regente Luis 13.0 y su principal compinche robot y líder religioso Richebot gobiernan a sus anchas, sembrando el caos y la destrucción en un páramo desolador. Mientras, en la corte, las más altas tecnologías están al servicio de las perversiones de los más allegados a Luis 13.0. Los Mosqueteros, líderes de la resistencia humana, intentarán derrocar al regente.

· Sherlock Holmes, de Arthur C. Doyle:


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Amont – Capítulo 4


Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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Amont era una ciudad cuanto menos, curiosa. Se podría decir que incluso misteriosa. Richard Beck solo llevaba un día allí, y no había podido parar de poner los ojos como platos. Le sorprendió lo bien protegidos que estaban los accesos. Para conducirle a Amont, le vendaron los ojos durante todo el trayecto en coche. Sólo cuando estuvieron atravesando sus grandes muros de hormigón le desvendaron. Entonces vio Beck lo que Amont significaba, y apenas había empezado a darse cuenta de lo grande que le venía este nuevo trabajo. Detrás de él, los gigantescos muros; delante, una vasta red de calles, callejuelas y callejones. Le sorprendió las grandes distancias que separaban los edificios, y lo peculiares que eran éstos: no demasiado altos, sin apenas ventanas, la mayoría grises, oscuros; algunos coloridos. Le pareció ver incluso que un edificio cambiaba ligeramente de color.


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Amont – Capítulo 2


Ver todos los capítulos.

Extracto del diario de Jacob Gelb “Mudir”.

Día 18 de octubre. Lunes

Lo sé. Lo sé todo.

Supongo que siempre lo he sabido. Somos todos víctimas de una gran conspiración. Lo sé todo. Lo sé.

Día 19 de octubre. Martes

Tengo que liberarlos a todos. Tienen que escapar. Esta esclavitud… La experimentación… No está justificada. Nunca lo estará.

La liberación está cerca. Sé que tardaré, pero jamás me rendiré.

Día 30 de noviembre. Martes

He liberado a una de ellas. Los modelos femeninos son los que más lo merecen. Son los más perfectamente creados. Ahora es libre.

La envidio, pero no puedo permitirme el lujo de liberarme yo mismo. Alguien tiene que encargarse de los demás.

Día 2 de diciembre. Jueves


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La Biblioteca – Capítulo 2


Un nuevo día.

Bajo al café de la esquina y pido un con leche y un cruasán. Fuera hace un frío otoñal que va cediendo paso al invierno. Cala hasta los huesos y traspasa la gruesa trenca con que me protejo. El café está amargo y espeso. Un asco.

Cuando termino, voy de camino a una nueva biblioteca. Está más lejos que la que solía ir, pero todo sea con tal de no tener problemas ni encontrarme con más locas adolescentes.

La biblioteca es bastante más grande, y la sala de estudio está repleta de gente. Eso sí, todos en silencio. Busco un asiento algo aislado y saco mis apuntes. Me fijo entonces en que me faltan varias partes, que se quedaron desparramadas en la anterior biblioteca. Me llevo las manos a la cabeza y pienso en todo el trabajo perdido y en que tardaré días en recuperarlo. De pronto, un retortijón me sacude las tripas. Puto café de mierda. Bej… Necesito ir al baño.


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La Biblioteca – Capítulo 1


—Oye, guapa, ¿crees que podrías callarte un poquito?

La chica que se sentaba en la mesa de al lado cerró la boca y me miró con sorpresa.

—Es que eres un poco coñazo, ¿sabes? —le increpé, harto de que hablara tan alto. Ella enrojeció, y me dirigió una expresión de auténtico odio. Su amiga, que estaba frente a ella, y por tanto, a mi izquierda, se me quedó mirando perpleja.

—Perdona, pero no es para ponerse así, ¿vale? —farfulló con voz aguda. Era una cría de apenas dieciséis años, no más. Con pantalones de chándal ajustados y el pelo recogido en lo alto de la cabeza con un coletero rosa muy grueso. En mi cabeza la tenía ya etiquetada como la Poligonera, y a su amiga, a la que había mandado callar, como la Loca Bocazas.


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Amont – Preludio


Ver todos los capítulos.

Comienza un nuevo relato por capítulos que escribiremos Champinon y yo, Lascivo. Espero que os guste. Y si no entendéis nada ahora. No os preocupéis, todo a su tiempo. ¡Un saludo! ¡Disfrutadlo!

La lluvia repiqueteaba contra las chapas y los techos de las chabolas. El barro se adhería a los zapatos de Richard Beck, que se apartaba el flequillo mojado de la cara. Con tan poca visibilidad, apenas podía intuir adónde debía dirigirse. Un perro mediano, empapado y mugriento, le seguía los pasos desde una distancia prudencial. Parecía no importarle la lluvia. ¿Y qué más daba, en realidad?, pensaba Beck. Mirara donde mirara no veía más que la más absoluta de las miserias. Casuchas improvisadas en mitad de la nada, cuando a menos de tres o cuatro kilómetros la más ostentosa riqueza aplastaba ideales y masacraba esperanzas.


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El Viaje


El Sol me abrasaba la piel. Notaba el calor inundar todo mi cuerpo y acercarme poco a poco a la asfixia. Incesantes gotas de sudor recorrían mi rostro y bañaban mis labios secos y se escurrían por mi cuello hacia mi torso. Mis piernas, casi autómatas, no respondían a ningún estímulo. Sólo me hacían andar y andar hacia un horizonte infinito.

La arena, blanquecina, fina y cruel, estaba por doquier. Ella, y sólo ella, me acompañaba en este viaje interminable. Mató a mis amigos e hizo girones mis ropas. Junto con el Sol, coloreó mi piel y desgastó mi mente. Ahora sólo me quedaba andar. Ir hacia delante, sin rumbo fijo, y no dejar que me consumiera más de lo que ya había hecho. Pronto moriría, y la arena sería el único testigo.

***


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Una Pequeña Conspiración


La tarde era oscura y siniestra. El cielo gris apenas dejaba pasar más luz que la necesaria para orientarse entre los ligeros jirones de tenue niebla. A pocos pasos frente a mi posición, un hombre de aspecto siniestro a la par que desaliñado me miraba fijamente. Parecía perturbado, como escondiéndose de algo o de alguien. Se acercó a mí.

—Oye, lo tengo ya todo planeado –me dijo.

—Ah, ¿sí?

—Sí, pero… —se quedó mirando al guardia que había en la esquina. Lo hacía con expresión de desprecio, y terminó señalando en su dirección—. Necesito que te encargues de ese tipo.

Miré al guardia y volví la vista a mi interlocutor. Me mantuve en silencio. Al fin y al cabo, siempre he sido un profesional. Él se me quedó mirando, callado, unos pocos segundos. Entonces se giró y se fue.


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Nuevos Microrrelatos Hiperbreves


1) Repelús

La esquizofrenia te hace ver y oír… ¡¡¡hosssssstiassssss!!! ¡Mira eso! ¡Un elfo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Qué ascazo me dan, joder!

.

2) Empieza contando las tumbas

Era imposible saber el número de mujeres que amó.

.

3) Lesbianas

Mi mujer es herrera, ayer me hizo una tijera.

.

4) La astricción

Queremos salir de aquí. Ya no cabemos. Esto está muy oscuro, el hedor es insoportable, y somos tantos que no podemos ni decidir cuál saldrá antes.

.

5) Alzheimer transitorio leve

Vaya pedo, no sé ni lo que hice ayer.

.

Lascivo. 15 de junio de 2010, soportando el tedio del incesante estudio, en un verano que no llega. Más bien una primavera que no acaba. Y bajo la impresión de que no hay mayor distracción o catarsis que un pequeño rato de escritura, aunque sea caótica, dispersa, difusa y diarreica. Que ustedes lo gocen.


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El Plan


Estoy solo. Solo. Solo en todo el planeta. El único ser humano sobre la faz de la Tierra. Todos han huido. Y me han dejado aquí.

Ése es mi castigo. Mi crimen: haber desestabilizado el núcleo del Sol, convirtiéndolo en una estrella moribunda a punto de explotar.

Soy científico, o lo era. Era empleado de una gran corporación, y mi trabajo consistía en dirigir un proyecto para la búsqueda de una energía limpia, barata e ilimitada. No lo pensé más y me centré en el Sol. Bajo mi dirección se mandaron infinidad de naves especialmente preparadas para explorar el interior solar. Poco a poco fuimos experimentando. Pero los resultados eran pobres. Necesitábamos dar un paso de gigante, y la única forma de hacerlo era arriesgándose. Sabíamos que el experimento que planteábamos tenía una alta probabilidad de  causar un grave desequilibrio en el Sol, pero lo hicimos. Tuve el beneplácito del presidente.


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Juegos de Relatos


Abrí mi Skinhead Sorpresa sin esperar lo que encontraría dentro: las Cuatro Meninas del Apocalipsis invitándome a ir de vacaciones a la Manga del Mal Menor.

—Pero yo prefiero el Anime del Mar Menor —contesté. Y antes de que pudieran replicarme, una Tortilla Ninja salió de detrás de una esquina. Me miraba amenazante, y me dijo:

—Toma colega, caramelos del Zodiaco.

—No, gracias —le dije, y añadí—. Tengo una piruletagoyena, y tú deberías morir bajo los efectos de la sosa holocáustica, el orinaranjus y los gusanos de sida, maldito seas.

—Pues nada —se encogió de hombros—. Habrá que hacer mojón y cuenta nueva —y desapareció súbitamente.


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Muerte en la Nieve


El cuerpo yacía entre la blanca nieve. Ésta, inconsistente, casi toda polvo, cubría el extenso campo de punta a punta. Apenas unas huellas, el muerto, y una zona cercana a él donde, extrañamente, no quedaba casi nieve, desfiguraban una estampa perfecta. Sin embargo, el cadáver apenas tenía restos de nieve, salvo en las manos, las rodillas, los pies… y la boca. Aunque en ella era más bien un rastro escaso de pequeños pedacitos de hielo semiderretido.

Era un hombre alto, de constitución delgada. Estaba bocarriba. Le abrí el abrigo, pesado y oscuro. También le desabroché la camisa. Su cuerpo estaba muy frío, aunque no tanto como el ambiente, por lo que deduje que no llevaba mucho tiempo muerto. Su torso, sin embargo, estaba azul, y el vientre estaba curiosamente hinchado, dando un aspecto absurdo, casi abstracto, a un cuerpo tan delgado.

.

Afuera seguía nevando. Con fuerza.


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¿Santo es el Señor?


Sangroooo, sangrooo, sangro con doloooor.
Mira como mennnstruo.
Llenos están mis bragas y mis piernas, de mi soooopa.
La sangre en el sueeeeeeeelooooo.
.
Bendiiiito mi tammmpax
que entra con friccióóón.
La sangre en el sueeeeeeeelooooo.

(bis)

Lascivo, noviembre de 2009, tras salir de misa, seguido de una masa enfurecida de monaguillos/as.

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Nada tiene… (Parte Final)


Ver parte 1

Al girar una esquina el hombre se había detenido. Se bajó del vehículo. La otra puerta se abrió también, un joven salía a través de ella. Le pareció extraño no haberle visto nunca, sobretodo verles juntos, teniendo en cuenta que el cabrón al que seguía se había pasado tres días completos a su lado. Esperó que ambos se alejaran del coche y una vez les vio borrosos a causa de la niebla matutina, se bajó también. Cogió un destornillador amarillo del maletero y cerró con un fuerte golpe. Al girar se dio de bruces contra algo. La mujer del día anterior le miraba con cara compungida.

—Lo siento —dijo. Y acto seguido se abalanzó sobre ella, apretando su cuello con ambas manos con una fuerza no esperada por parte de una mujer tan mayor.


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