Ya estaba la función en marcha, como tantas otras veces. El actor principal de esta película de estreno directo en su videoclub, yo, ya está preparado para la siguiente escena. Otra intrascendente cita, camuflada bajo forzadas sonrisas, frases de manual, clichés, partes meteorológicos y caricias furtivas, frías, de piel de zapato. No sé cuantas veces había estado ya en este mismo decorado; solo sabía que iba a volver a ocurrir, inevitablemente, noche tras noche, hasta que ellas se den cuenta del patético actor que soy, de la mediocre vida que llevo.
Ella era otra chica de piscifactoría. Lista, pero no lo suficiente para distinguir el lobo del cordero; guapa, pero no lo suficiente para ir rechazando posibles oportunidades de una vida de anuncio.
La cena fue bien, después de dos copas de vino la conversación se volvió entretenida, hasta cierto punto interesante, si me apuras. ¿La comida? Excelente. Un postre sugerente, con algo de chocolate y fresas, copas, bailes, mentiras, una cama y fin. ...