Reencuentro
Qué momento tan tenso, no recordaba sentirse así desde la primera vez que se besaron, y ahora después de casi un año iba a reencontrarse con él.
Parecía haber pasado una eternidad, se sentía vieja de cuerpo y de corazón. Aquella mirada celeste, brillante y pizpireta ya no estaba; en su lugar, dos ojos grisáceos y caídos la miraban desde el espejo preguntándole ¿qué ha sido de ti?
Se puso sus mejores galas, un largo vestido rojo de raso con escote por la espalda, zapatos negros de tacón, y todas las joyas de oro que él le regaló.
No reparó en gastos: vajilla de porcelana, cubertería de oro, Château Petrus en dos copas de cristal de Murano, langosta termidor y de postre, crema de yogur con frutas del bosque.
Encendió unas velas y el ambiente quedó con una tenue luz, acompañado del olor de incienso de canela quemándose.







