SOPA DE RELATOS

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Recuerdos impresos


Un trozo de papel o una imagen en una pantalla, es todo lo que queda, es todo lo que fue. Una sonrisa preparada para ser retratada. ¡Preparados, listos… sonreír!
Paso la yema de mis dedos por tu silueta, lentamente, una y otra vez, tratando de recordar que hicimos antes, tal vez caminar por caminar, y que hicimos después, tal vez hablar por hablar.
Me fijo en todos los pequeños detalles. El pelo que se mece por el viento, los colores del atardecer, el banco que aparece al fondo, lleno de arañazos y firmas de gente anónima, las personas que pasan justo por detrás, y que miran curiosos a dos extraños tratando de parecer naturales ante una cámara.
Gestos, miradas, rostros, lugares, quedan congelados, atrapados eternamente, guardados en algún lugar. Puede que en un álbum perdido entre libros, o ficheros en un ordenador y que reviven con los recuerdos.
Los llaman instantes robados, porque no volverán, porque no se repetirán, no de la misma forma, no como la primera vez.
Nuestra vida se convirtió en una fotografía, quieta, parada, que no varía y puede permanecer en un retrato que le sirve de soporte para permanecer de pie y decorarla un poco.
El campo de girasoles pasa a toda velocidad, cuando levanto la vista de unas viejas fotografías, mientras me arrellano en el asiento y termino de guardar cada foto en su lugar. Y ahí estás, sonriendo en color o en blanco y negro, de pie, sentado o con posturas imposibles, haciéndome rabiar o reír a carcajadas. Vuelvo a levantar la vista, mira a un lado y a otro, aún queda un largo viaje.


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Vanidad


Pensé que se ahogaría en sus propias lágrimas, que gritaría hasta quedarse sin voz, que deambularía de un lado a otro hasta acabar sin aliento, como otras tantas veces había hecho, cada vez que discutíamos. Pensé que me echaría todo en cara, que me reprocharía lo que no hice, lo que no dije, pero esa vez, no hizo nada de lo que pensé que haría.

Sus ojos no se entristecieron, su rostro permaneció impasible y su boca no pronunció palabra. Tan solo, dio media vuelta, cogió su bolso y se marchó. Mientras yo la veía alejarse por aquel estrecho pasillo, caminando con la cabeza alta, sin mirar atrás. Doblo la esquina y no la vi más.

Al día siguiente dejó un mensaje en el contestador, había aceptado el trabajo en Londres y se iría ese mismo día. También me dejo claro que no la esperase para las navidades o alguna fecha señalada, porque no pensaba volver.


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El reloj


Su casa estaba llenas de relojes, cada uno marcaba algún acontecimiento importante en su vida, la hora a la que entro en clase por primera vez, su primer beso, su primer trabajo, aquel viaje tan ansiado, y los momentos no tan buenos. Su vida giraba ante todo aquello que le hiciera sentir y su manera de conservarlo, era deteniendo el tiempo.
Sin embargo, al final de un oscuro pasillo había un reloj que marcaba la hora exacta en la que el tiempo se movía. Las manecillas, imparables, giraban, sonando al compás de algo que se le había escapada, algo que aún no había sentido, no había hecho, no había vivido.
No podía controlarlo, no podía pararlo. Tic, Tac, sonaba con mayor intensidad en las noches en las que no podía conciliar el sueño. Era el sonido de lo que le faltaba.
Así paso el tiempo, pendiente a las manecillas de ese reloj y el silencio gano la batalla, dejo pasar las oportunidades, esperando aquello que no llegaba.
Aquel reloj representaba el fluir constante del tiempo, era eso lo que le faltaba, avanzar, sin temor a dejar algo atrás, sin miedo a seguir. Era su propio corazón, el que se encontraba en aquel oscuro pasillo, el que se movía al compás del tiempo, el que le pedía salir de allí.


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Reflejos


Pareces diferente, algo en ti ha cambiado, pero no sé qué es, si tú mirara o lo que te rodea.

Sin embargo tu sonrisa sigue igual, llenando todo a su paso y llevándose el aire cuando se va.

Tus alas han crecido, llenan el espacio en el que te mueves y se agitan con brío ante la adversidad.

Te cambio tus alas por las mías, que se han roto de tanto volar. Llenas de agujeros, el aire traspasa la delicada piel que las envuelve y han perdido el brillo de sus colores.

O tal vez nunca llegué a volar y cada vez que alzaba el vuelo, caía en el incipiente vacío de la nada.

Un instante, un segundo, era lo único que necesitaba para volver a remontar y sentir el aire en mi rostro y convertir ese momento en eterno y hacerlo mío, de nadie más.


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No envidio lo que tienes, sino lo que eres…porque lo que eres atrae lo que tienes.

Y yo me siento como una gota de agua en la inmensidad de un océano, que se mueve según la corriente, sin rumbo, sin destino.

Tal vez está mal seguir así, con algo que no llega a ningún lado, más que a mi propia desolación. Pero a veces lo que está bien, no es precisamente lo correcto y mi conciencia perdió, hace mucho tiempo, la noción del bien y el mal.

Da igual las lágrimas que ante ti derrame o las sonrisas que te dedique, da igual, porque yo no puedo elegir. No puedo elegir salir corriendo y empezar de nuevo en otro lugar, lejos de todo y de todos.


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[Ir]real


Porque a veces pasan cosas, surgen cosas y….

Ven noche, cubre con tu oscuro manto el día que termina, que tus estrellas guíen los deseos de los ingenuos soñadores, dales alas para volar, para creer una vez más. Tú finges protegerlos y hechizarlos al mismo tiempo, contigo se sumergen en un mundo casi irreal, donde tan sólo existe la certeza de la nada… tú haces creer:
A los amanes que durará para siempre
A un padre que su hijo tendrá todo lo que quiera
A mí y a ti que nada es imposible, que no se pierde el tiempo, que tarde o temprano todo llegará.
Y cuando llega el día, las ilusiones, se desvanecen con la luz del sol y nace una vez más esa realidad disfrazada de obligación que se marchita con cada amanecer y…


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Contradicción


Te mueves, yo me detengo.
Te escucho, no me oigo.
Te miro, no me veo.
Te acercas, yo me alejo.
Te marchas, no te alcanzo.

Y cae… como el último pétalo de una rosa marchita. Cae… como el cristal que se desprende y se desliza lentamente. Queda suspendido en el aire, para estallarse de golpe contra el suelo y romperse en mil pedazos, se escucha un estruendo y luego sólo silencio.

Envidia.

Admiración.

No tiene sentido.

Lo sé y sin embargo… Sigo.

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Politicamente Correcto


Y allí me quedé, contemplando como mi voz enmudecía, y mi mirada se mantenía fija ante aquella escena, que de volverla a revivir, mejor salir corriendo que quedarme quieto sin poder hacer nada.

Cuando pude reaccionar y salir de aquel transe, quise correr y apartarlos, pero alguien sujeto con fuerza mi brazo. Me gire con toda la rabia que ya tenía dentro y me tope con una mirada asustada, y tan llena de cobardía, que volví a quedarme paralizado por la situación. Nadie era lo suficientemente valiente como para impedir aquello.

Enmudecí una vez más, y ya ni siquiera era capaz de oír los gritos de dolor. Tan sólo podía contemplar como la sangre se perdía por la alcantarilla y cuando todo había acabado, unos hombres se lo llevaron en una pala, mientras otros echaban serrín, para ocultar lo que ha escasos metros de un parque infantil había ocurrido.


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Un lugar


Aquella habitación, era su refugio, su escondite, la puerta que daba a otros mundos. Allí era capaz de enfrentarse a duelos a espada, rescatar damiselas en apuros, recorrer el mundo, tener poderes mágicos, luchar contra temidos monstruos y enfrentarse a dragones que escupían fuego. E incluso un día era un gran bailarín y al otro un gran pintor, nada se le resistía. Allí era todo lo que quería ser.

Todas las noches, su madre le leía historias y él se convertía en el protagonista de todas ellas. Soñaba que era como ese señor que recorría el mundo, o que era un arquero defensor de los pobres. Desde su ventana inventaba las vidas de quienes pasaban por la calle y todas las tardes, a la misma hora, veía a Gisel, siempre sonriendo, siempre feliz. A veces se sorprendía al sonrojarse si pensaba en ella.


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Una historia


Ven, acércate, siéntate a mi lado, deja que te cuente una historia, tal vez de esas para no dormir.
Te puedo contar que la línea que hay entre la vida y la muerte es muy corta o que es mejor dejarse llevar que detenerse a pensar y que siempre habrá algo que sin querer dejarás atrás.
Hoy me di cuenta de que hay amaneceres que también se tiñen de naranja y amplíe las fronteras de un mundo roto, quizás ya lo había creado un alma rota. Vi a un viejo hombre cubrir su cuerpo con cartones, mientras quienes pasaban a su lado lo ignoraban por completo, conocí a una persona que para subir a su coche, lo hacía por la puerta del copiloto. Y te contaré que mi mente revive hoy más que nunca las palabras que leí hace tiempo, como quien golpea una puerta que no se quiere abrir.
Ayer pude detener el tiempo y otros días corre feroz, sin piedad hasta dejarme sin aliento. A veces pienso que huye de mí por pedir demasiado, por pedirle deseos a estrellas invisibles y crear mi propia armadura capaz de parar los reveces del destino.
Y mañana te contaré que me despiste de decirte algo, pero la verdad es que sólo es una excusa para estar contigo.


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Leila


Sé que no te puedo retener a mi lado, o pedirte que vuelvas ahora que estás a miles de kilómetros. Pero recuerda que la distancia no disminuye el dolor. Sé que mi forma de ser a veces tan reservada, te confunde y te enfada, pero quizás no quiero que sepas lo que por mi mente pasa, porque créeme, ni tú ni nadie lo entendería.
Lo único que quiero es que cometas tus propios errores y no creas eso de que con el tiempo uno se vuelve más sabio, en realidad aprendemos de esos errores, cada vez que los cometemos. Quiero que si hace falta tropieces en la misma piedra mil veces, y que te levantes por tu cuenta, porque yo no estaré ahí para consolarte. Y ahora que te has ido te confesaré mis errores y mis piedras en el camino.
Cuando tan sólo era una adolescente me convertí en persona no grata en mi pueblo, no entraba dentro de ningún grupo, no seguía ningún lema, tan sólo me apartaba de la gente porque no encajaba en ningún sitio. Empecé a relacionarme con chicos mayores que yo, según me decían había en mí un aire de misterio que querían descubrir. Era fácil seguirles el juego mientras demostraban su falso interés.
En uno de los inviernos más duros que recuerdo, iba de camino a mi casa cuando me sorprendió una tormenta, puede que la casualidad hiciera acto de presencia y se personificara en mi profesor de historia que me recogió y me acompañó. Pero un día se desvió de su camino y así cada viernes por la tarde, hasta que empezaron a oírse rumores y él se marchó. Yo, a ojos de los demás era una ingenua que había cometido un acto impuro y que quedaría marcada por ello para siempre. Pero nadie era capaz de ver que tan solo éramos dos almas solitarias que necesitaban del cuerpo del otro para sobrevivir. Después de aquello mis padres me enviaron a vivir con mi tía Estela, una mujer soltera y tremendamente conservadora.
Con ella el silencio se convirtió en mi modo de vida, tan sólo me hablaba para decirme lo que tenía o no que hacer. Sin embargo a pesar de nuestras diferencias con el tiempo nos aceptamos la uno a la otra. Y cuando enfermó podía ir sola a comprar los medicamentos. Fue en uno de eso días cuando conocí a Miguel, tan sólo un año mayor que yo, y aunque me parecía algo infantil, su sonrisa era enigmática y contagiosa.
Necesitaba el contacto de su piel para sobrellevar aquella situación. Podíamos estar horas con nuestros cuerpos entrelazados o hablar de cualquier cosa. Sé que yo lo quise y que él aprendió a quererme.
Ahora que ni él ni tú estáis a mi lado me doy cuenta de lo frágil que es la soledad. A mi edad no hay segundas oportunidades, no puedes aferrarte a un futuro o creer que todo volverá a ser como antes.
Por eso quizás no sepa nada y sólo te lo digo porque eres mi hija y me creo con el derecho de darte consejos, aunque no los entiendas. No puedo pedir disculpas por algo que no siento, pero no me arrepiento de mis errores si ellos me llevan de nuevo a ti.


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Al final del pasillo


Dejo atrás los segundos, los minutos y las horas.

Dejos atrás su sonrisa embriagadora y su voz seductora.

Dejo a mis fantasmas riéndose a carcajadas.

Dejo a la palabra sentada a la mesa, escribiéndole al oído frases incompletas.

Y mientras cierro la puerta con la llave equivocada, de esta habitación al final del pasillo, mi mente dibuja la silueta de la ausencia.

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Todos


A veces la verdad duele, duele decirla y duele escucharla. A veces nos convertimos en testigos silenciosos del sufrimiento de los demás.

Y allí estábamos todos, el grupo de siempre, paseando por las mismas calles y haciendo las mismas cosas. Y de repente, sin saber muy bien el motivo, estábamos contemplando una escena como si fuésemos unos espectadores ante la gran pantalla.

Ella le grito delante de todos que no le quería, que nunca le había querido, que si estaba con él era porque se sentía bien a su lado. Pero que aún sentía algo por el otro chico con el que estuvo y que tanto daño le había hecho. A veces me pregunto si el dolor es consentido, como un niño caprichoso y malcriado, que coge una rabieta para llamar la atención y conseguir lo que quiere. Por qué bailamos al son de los demás y dejamos que jueguen con nuestros sentimientos.


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De nadie


Frente al espejo aparece la silueta de un cuerpo desnudo en perfecta inarmonía, lleno de pequeñas marcas que simbolizan las batallas perdidas. Y a cada paso que da, va dejando tras de sí la piel que antes le cubría, para dejar paso a la cicatrices de los recuerdos.

A veces fuerte, a veces débil, pero es la debilidad la que se va deslizando, desquebrajando cada poro de la piel para terminar como un cristal roto en mil pedazos.

Cada abrazo recibido, cada beso anhelado, cada lágrima derramada, cada caricia sentida, cada palabra susurrada, debilitan aún más un cuerpo frágil hecho para sentirse diferente.

Y al contemplarlo en silencio se va recordando un pasado que tal vez formaba el camino para llegar el presente o nada fue como tenía que ser, quizás nadie fue capaz de ver lo que con tanto esmero trataba de ocultar.


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Retales de un pensamiento


Resulta difícil poder retener en la menoría cada momento, cada instante, cada recuerdo, palabra, olor, que se desea hacer eterno. Tengo la insana manía de intentar recordar los comienzos, sin embargo soy incapaz de recordar cuando cambio todo o quizás quien cambio fui yo, quién sabe.

¿Recuerdas aquel día en que hablamos del futuro? En este caso tampoco recuerdo como empezó todo. Sólo sé que estábamos en la cafetería de siempre, rodeados de la misma gente, y tomando lo de cada día. Inventando historias de quienes pasaban por allí, inventando nuestra propia historia, cambiando nuestra rutina por unos segundos. Tú no solías hablar de tus sentimientos, de tus motivaciones más profundas, siempre permanecías en silencio, ausente pero eso, era algo que me gustaba de ti.


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Todo o nada


Aquello sueños que la ilusión creía posible y la pasión alimentaba, dibujaban los pasos que  debías seguir. Hoy se han quedado dormidos, o se tornaron imposibles y simplemente dejaste de creer, quizás nunca te pertenecieron.

Ahora levantas un muro rígido, silencioso, ausente, lleno de secretos, de palabras no dichas, de oportunidades perdidas, de decisión equivocadas, todo eso forma su textura y lo envuelves en un atmosfera de intriga, no por creerte especial, si no para no revelar su verdadera identidad, tu verdadera identidad, la máscara que crees que te protege, pintas su fachada, pero detrás sigue estando en ruinas, pedazos de ti que van cayendo con cada paso hacía ningún sitio.

Es el muro de la no aceptación, de las preguntas sin respuestas, de los porqués interminables.

El muro de la ignorancia, discúlpala, no sabe, no conoce, no entiende, no comprende y te lleva por caminos que no son los correctos.


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Fragmentos de una vida


Cuando la noche deje de ser mi aliada y el día una simple morada.
Cuando me despoje de las mascaras que cubren mi cara y de las mentiras disfrazadas de secretos que no llevan a nada.
Cuando olvide aquellas palabras que atraviesan la piel y crean heridas que nadie puede ver.
Cuando sepa poner límites, saber cuando es el principio y cuando es el final de una etapa.
Cuando no considere el tiempo mi enemigo y deje de mirar a través de él.
Cuando valoré más lo que hay dentro que lo que se ve fuera.
Cuando mi voz ya no sea débil, se alce y sea escuchada.
Cuando me olvide de mí o de quien creo ser.
Cuando todo eso ocurra, puede que empieza a descubrir quien soy realmente

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Quise


Cuántas veces quise ser de otra manera, estar en otro sitio, tener lo que no tuve.
Cuántas veces quise perderme entre la gente, irme lejos y que al volver preguntaras por mí.
Cuántas veces te compare con los demás, con su forma de hablar, de caminar, de ser.
Cuántas veces me calle lo que te tuve que decir, cuánto espere a que me dijeses lo que quería oír.
Cuántas veces quise olvidarme de mí para olvidarte, no pronunciar tu nombre, no saber que hacías o dejabas de hacer, donde estabas o donde te ocultabas.
A veces creo que siento pena, por saber todo lo que sabes y ver como lo desaprovechas, por arrastrar a los demás sin preguntar ni siquiera que quieren de verdad, pena… porque no sé cuándo empecé a huir de ti.

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Defectos y virtudes


Perdona, si a veces olvido tu nombre, si no me acuerdo de ti, si estoy ausente, distante, si camino entre la gente creando historias paralelas a mí.
Perdona, si digo cosas incoherentes, si hago cosas sin sentido, si las fuerzas flaquean, me pierdo, me busco y no me encuentro.
Perdona, si a veces no me soporto o no te soporte, si me enfado, si estoy alegre, si rio o lloro.
Perdona, por llevarte a esa habitación vacía con una ventana el mundo exterior y llena de nada.
Perdona, si algún vez te entiendo y otras no te comprendo, si invento castillos en el aire, si no se estar en el mundo real.

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Frágil


En algún rincón de su mente, las imágenes aparecen desordenadas como pequeños destellos, para recordarle lo que ya sabe. “No te preocupes por el mañana, trata de conservar lo que ahora tienes”. Me dijo un viejo sabio cuya mente viaja por el pasado y mirada infantil recuerda a la inocencia de un niño. De él aprendí a valorar las pequeñas cosas, lo simple, lo sencillo, a mirar más allá de las apariencias y ver cosas que a simple vista no se ven. Me enseñó que hay sueños que se cumplen, otros tienen que esperar y otros parecen casi imposibles. Que la salud mueve montañas y la voluntad vence a la nada. Pero también me enseñó la parte más amarga, donde la vida te da una de cal y otra de arena, situaciones que cambian los planes, que a veces lo complicamos todo o nada tienen sentido. Y entonces, te vuelves frágil, como algo delicado, capaz de romperse en mil pedazos al más mínimo movimiento. “Camina con firmeza, con la mirada puesta al horizonte”, decía para aliviar el peso de la transparente fragilidad, que no se ve pero se siente.
Recuerdo que era él quien nos visitaba y ahora soy yo quien lo visita. A veces sus palabras dejan de tener sentido pero siempre dice de forma alta y clara…”conserva aquello que tienes ahora y serás feliz con las cosas más simples”. Dice una y otra vez antes de volver a su mundo de ensueño, donde el pasado es su presente y un apretón de manos queda como señal de un hasta luego.


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