Rabioso, Pedro y el mazamorrero
-¡Emilia, cuantas veces te he dicho que amarrés a este hijueputa chandoso en el patio!
-Tranquilo mijo, él no es sino bulla…¡¡ Rabioso pal’ patio!!
Ya Emilia no es tan divertida, antes de que Pedro se fuera yo dormía a sus pies. Ahora, con el intruso, mi lugar está en el patio. Cuando él se aleja con sus gritos de sirena ella me deja entrar y comemos juntos la mazamorra que él ha preparado el día anterior. Emilia se la toma sin ganas, yo clavo la cara en el plato hasta que mi nariz toca el fondo. Cuando la desentierro tengo maíz hasta en los ojos y recuerdo cómo eran las mañanas cuando Pedro estaba en casa. Pasaba su pesada mano sobre mi cabeza, a veces también la descargaba en Emilia, que caía en medio de un espectáculo de platos rotos. Él salía dando gritos y ella salía de abajo del mesón. Después llegaba el mazamorrero y la acariciaba con sus manos lácteas ahí donde Pedro la lastimó.


(2 votos. Puntuación media: 4,00 sobre 5)



















