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Un relato de amor (Parte 4: Un beso robado con-sentimiento)


-¿Qué es esto?- mirabas para todos lados, tus ojos abiertos, la sorpresa era clara… yo me sentía bien, en medio de la ciudad, las luces no dejaban ver las estrellas, pero la luna llena se veía enorme y nos iluminaba dándonos un aspecto mágico, tu cara parecía la de un ángel.
-¿esto? No es nada… solo la belleza del planeta reunida en un solo lugar-
-esto es…- dejaste la frase sin terminar, tus manos atrás de la espalda y una sonrisa extraña en tu cara, yo mientras tanto, con una mirada que pretendía sin lograrlo ser inexpresiva, te me acercaste, y me abrazaste… casi por inercia te abracé también… ¿Qué más podía hacer? Poco a poco mi mirada se nubló y entré en un sueño… otra vez ese sueño:
Caminábamos por un puente que parecía no tener fin, en una noche sin luna, las estrellas brillaban como nunca y debajo de nosotros se escuchaba el agua rompiéndose en contra de los soportes del puente… era un muelle y habíamos llegado al final de este, el agua estaba a metros de altura, y se veía como un manto de seda llevado por el viento, no te veía pero sentía tu mano en la mía.
Sentía un vacío en medio del pecho… dolía… dejaba de sentirte… dejaba de respirar… empezaba a caer hacia aquel manto negro… el agua estaba fría… y entonces despertaba.
Desperté con un sobresalto, y tu cuerpo seguía junto al mío, tomándome por la cintura pero me mirabas, en tus ojos la luna se reflejaba… tomé tu cara con mis manos, y no te resististe, me acerqué lentamente, hasta que puse mis labios sobre los tuyos, no dudaste, respondiste, y nuestras almas se volvieron una… volví a aquel mundo de mis sueños: … el agua ya no estaba, no había suelo, pero no descendíamos, abrazados el uno al otro sin ninguna restricción, ninguna barrera que nos separaba además de los limites de nuestro cuerpo, fundidos en un beso en medio de la noche.
Desperté de nuevo: nos separamos, nuestras miradas se encontraron ambos llorábamos, nos volvimos a fundir en un abrazo.
No dijimos nada, fundidos en ese abrazo que recordaríamos siempre, como un contrato tácito, nos fuimos tomados de las manos, de vuelta al mundo… pero nuestros mundos ahora eran uno solo, ahora no debíamos tener miedo… le dijimos al mundo lo que sentíamos, todos entendieron, nada mas pasó… fue el final de nuestras aventuras individuales, y el comienzo de una aventura en que ambos correríamos el mismo riesgo, compartiríamos las felicidades, lloraríamos los fracasos… fue el comienzo de una vida juntos, pero esa es otra historia… una historia que deberás contar tu, desde tu corazón, igual que he contado esta desde el inicio… desde el fondo de mi alma te agradezco por estar a mi lado, por estar a mi lado… por enseñarme a amar…
Después de aquel beso, que te robé. Fue un beso que querías, fue un beso hecho de emociones, fue un beso dado con-sentimiento, y a la vez fue un beso robado con TU consentimiento…
Una vez más, pero escuchado, dicho en mi cuello, dicho en tu cabello, escuchamos, al final dicho y escuchado con los oídos más atentos… con el corazón y el alma más puros que nunca dijimos, como si fuéramos una sola persona, un solo ente…. GRACIAS.
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“Acabaré con él”


El horizonte parió un hermoso Sol tropical que impregnó las costas de Cartagena, al Castillo de San Felipe y a Roberto Álvarez, que se hallaba apostado en la almena occidental con su uniforme beige, carmín y dorado. Paseó de arriba a abajo, recordando viejas batallas e historias que la memoria arrebataba al pasado. Llegó al patio de armas y se apoyó en uno de los cañones.

-Están a punto de llegar, será mejor que regrese a mi posición- pensó Roberto.

De regreso oyó un eco de pasos y chasquido de dedos, que subían por las escaleras del bastión interior, era el santo y seña que se usaba. Era Julián, un viejo compañero. Roberto podía verlo subir, pero Julián no, puesto que la escalera estaba construida con un ángulo especial para tal fin.

- Buenos días.- saludó sonriendo Roberto.


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Antes, Durante y Despues


Antes de conocerte:
Antes la vida era sencilla.
Antes el mundo era simple e insipido.
Antes las emociones eran algo sin importancia.

Pero despues de conocerte:
La vida se volvió imposible de explicar.
El mundo se convirtió en algo indescriptible y unico.
Las emociones se transformaron en mi razon de vivir.

Y ahora que te he perdido:
La vida no tiene sentido.
El mundo es demasiado material.
Y las emociones… mis emociones están enterradas en el fondo de mi ser… enterradas para siempre, lejos del daño que me puedan causar por ellas

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Poema de Kim


Hombre de carne y acero

Hombre de manos tijeras,

De extremidades de hierro

Piel pálida y con ojeras

 

Mirada inocente de niño

Cuerpo de cuero y latón

Y en sus ojos el cariño

De su tierno corazón.

 

En su boca no hay palabras

Habla con la imaginación,

Sus cuchillas no son armas

Sino material de su creación.

 

Crío inocente

Que teme a la gente

No sin buena razón

Pues él es diferente.

 

Escondido en su mansión

Mira el mundo desde el torreón

Deseando ser, simplemente

Una persona más del montón.

 

No temas a salir fuera

Todo el mundo aquí te espera

Hazme un sitio en tu corazón

Eduardo Manostijeras.


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CARPE DIEM


TARO se encuentra tumbado en la hierba del campo, con la cabeza entre las manos, contemplando la puesta de sol sin mas compañía que la brisa de primavera que le refresca y le acaricia la cara. En ese momento aparece AMY, estresada, inquieta, y enfadada.

TARO- Buenas Amy.
AMY- Hola.
TARO- ¿Te pasa algo? No pareces de buen humor.
AMY (se lleva las manos a la cabeza)- ¿Y quién puede estar de buen humor? Menudo día llevo: entre el instituto, los estudios y el estrés no doy a basto, ¡estoy harta!
TARO (Le pone una mano en el hombro a AMY, para tranquilizarla)- Eeeh… tranquila, anda túmbate un rato, la puesta de sol se ve genial desde aquí.
AMY(Zafándose de la mano de TARO)- No tengo tiempo, Taro, tengo que hacer mil cosas y casi no tengo tiempo para nada. Esta noche seguro que no duermo…


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Sonríe


Es un día nublado, parece que va a llover. LEAH va hacia su casa y, por el camino, se encunetra a KEITH.

LEAH -¡Hola!
KEITH -Buenas…
LEAH -¿Que te pasa? ¿Te encuentras bien?
KEITH -No mucho… no tengo un buen día, en realidad no lo tengo desde hace ya tiempo.
LEAH -¿Y eso por qué?
KEITH -La vida te juega malas pasadas, juega contigo, y eso duele.
LEAH -¿Y por que no intentas sonreír? Todos tenemos siempre un motivo para sonrerír, aunque solo sea uno pequeñito.
KEITH -Dime un solo motivo que tenga para sonreír.
LEAH (se acerca a KEITH y le da un beso en la mejilla) -Siempre tendrás a alguien cerca de ti, alguien que te apoye en los momentos difíciles y que ayude a superarlos. Yo voy a estar aquí, ya lo sabes.

Las nubes que cubrían el cielo comienzan a disiparse, dejando que los cálidos rayos de sol iluminen sus rostros. Ambos sorníen.


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Sin armas ni leones


Os propongo un reto. Un reto sin igual. Un reto capaz de burlar todas las barreras utópicas y físicas establecidas.

Os propongo que creemos un imperio mental en una era mental. Un imperio sin armas ni armados, en una era sin codicia ni desdicha. Todo albergado en un jardín verde, dentro de nuestra imaginación, donde el mal y los malos se quedan fuera, pues rebotan en una fina capa que protege al jardín; y lo bueno y bondadoso estará dentro, pues atravesarán la capa.

¿Puedes ver el verde jardín?

En el centro hay una fuente de mármol puro, donde flotan pompas de gases multicolores. Cada pompa representa una sensación única de resplandor. Y sólo podréis elegir una. Seguramente os estáis preguntando “¿Por qué sólo una? Yo quiero todas”. Son vuestras mentes, las codiciosas, las que hablan. Sólo debéis escoger una, pues en este jardín la codicia no existe.


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El niño de la mirada perdida:


El niño de la mirada perdida:

No encajaba, sencillamente no encajaba en el juego de los demás, en este rompecabezas, rompecorazones y demás roturas de este mundo.

No tenía un grupo “Rock Garage” rompedor como el resto de quinceañeros,

Ni ideas de mercado rompedoras con las cuales hacerse millonario.

Es más, ni si quiera tenía en su mente la misma foto mental de la felicidad que tenían todos los que le rodeaban.

No soñaba con una pareja servicial que le diera dos hijos, el niño y la niña, ni con los dos coches (el familiar y el deportivo, claro), ni el buen trabajo de empresario “trepa” que invita a sus superiores a una barbacoa en su chalet y ríe todas las gracias porque quiere llegar a ser jefe.


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El Dragón de Hielo:


dragondehieloEl Dragón de Hielo:
(Un post para un gran amigo, profesor y artista)
E imprudente se acerco a él el Niño Luciernaga, llegó hasta el orificio qu hacía las veces de oreja e inocentemente preguntó:
Dragón ¿Qué te pasa? hoy no te he visto en la taberna  haciendo cubitos de hielo o esculpiendo efimeras estatuas plasmando la también pasajera belleza de las ninfas…
El dragón se giró lentamente, con el ceño fruncido, no quería ser interrumpido en sus oscuros pensamientos; resópló y volvió el rostro, pero al volverse, la luz reflejada por las estalactitas de La Cueva de Cristaluna mostraron las graves heridas que el dragón sufría, había unas viejas, de traicíon y unas de decepción que de vez en cuando se reabría.
El Niño Luciernaga, se quedó un momento pensativo y luego se sentó junto al Dragón balanceando los pies al borde del precipicio de roca que conducía a lo más profundo de la caverna, y justo cuando el Dragón de hielo estaba carraspeando su escamosa garganta para que el “Lárgate, quiero estar solo” sonara más profundo y cavernoso, el Niño Luciernaga habló con su voz pueril:
-¿Sabes? eres muy afortunado…
El Dragón se quedó un poco confuso, pues se disponía a crear otra de sus dolorosas capas de hielo que crujía con furia, cuando de repente se presenta ese pequeñajo impertinente que …
-¿Qué sabrás tu de la fortuna? ni si quiera mi lecho es de oro, las heridas cada vez tardan más en curarse. Déjame en mi Solitaria Oscuridad…
- ¿Solitaria? ¿Oscuridad? por eso te decía que no sabías lo afortunado que eras…
Entonces, lento y arrullador como el Canto de la Noche, fue creciendo una melodía que empezo a cantar el Niño Luciernaga. Era una vieja canción, de amistad, de reencuentros, sedosa melodía, dulzona como el aire en los juncos.
Imaginad cuan grande sería la sorpresa del Dragón de Hielo cuando oyo que a la voz del joven se añadían primero una, luego otra más grave, y otra más allá. Todas a su alrededor de las que empezó a reconocer algunas, hasta que un caluroso coro de voces reconfortantes llenó de ecos resonantes toda la Caverna de Cristaluna. Pero a pesar de todo no veía a nadie.
Lentamente, según subía el tono y el ritmo de la melodía el níño luciernaga empezo a titlar, como indeciso, una luz debil y titubeante que se convirtió en una fuente casi deslumbrante que reveló a todos los congregados alredeor del Dragón, que estaba tan desconcertado y sin palabras, embriagado de aquella música balsámica, llena de bienestar que, henchido su pecho, se unió al canto y su piel se vistió de nieve de primavera, adornada con todo un arcoiris proyectados por la refracción de la luz del niño sobre los cristales de la fria caverna, que actuaban como prismas.
-¿Ves como eres afortunado? Todos ellos esaban aquí desde el principio aunque tu creías que te hallabas solo.
Pero no querían molestarte, sólo observaban tu dolor en silencio y solo esperaban a que pideras apoyo para aparecer. Pero respetaron tu silencio… Si tu llanto rueda hasta un corazón gélido, cada lágrima se congela haciendo más duro el muro de tu corazón. No creas que esto es una ventaja. Es una paradoja y una dura elección: seguir viviendo aunque duela o la isensibilidad.
Disculpa si yo no he obrado igual que ellos. Me gusta verte sonreir, tus ganas de seguir, tus alegres comentarios tu ilusión y sobre todo que estés bien.
Afuera hace un día de niebla fantástico, y Trieeqawë el Mago, dice que los astros hoy permitirán que obre su mágia…
¿ Vienes?
Te invito a licor de mandrágora si tu pones los hielos, por la nariz ¿eh? El último que llegue es un Frogúnculosanasana!!
Morphópolis… que bonito es de Noche.
T. Owen
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PAN, ACEITE Y AZÚCAR


La guardería era lo mejor. Toda la mañana (o tarde) jugando sin parar: el pajarito inglés, el pilla-pilla, el escondite, la búsqueda del tesoro, los dibujos, las piezas de construcción, los columpios… Mientras uno no se pusiera a molestar a los demás, no había otras normas que cumplir.

Bueno, una sí. Si querías salir al patio, te tenías que terminar el bocadillo primero. Con aquello no había concesiones. Ni “¡ay, me duele la tripa!”, ni “ya no tengo hambre”, ni bobadas. No te terminas el bocadillo, no sales a los columpios. Era una norma muy eficaz, hasta un crío de tres años captaba la idea al momento.

Y para hacer cumplir aquella norma a rajatabla, nadie como Cati. La general Cati. La tiránica general Cati. No hacía concesiones ni a una linda niña de cinco años:

- Cati, quiero agua… – le dije un día.
- ¡No, que ya bebiste antes!


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Carlitos


Siempre me había preguntado porque mi hermano es negro y yo no. Hoy por fin lo supe. No dudaba que fuese mi hermano, los dos tenemos los ojos de mamá, aunque yo me parezco más a papá que él, pero eso nunca importó en casa. Nos trataban igual, y nos compraban las mismas cosas, lo único diferente es cuando salimos a pasear; la gente mira de forma rara a Carlitos.

Mamá me dijo una vez que son cosas que pasan y que no molestase a los mayores con esos temas, y menos a papá. Pero hoy por fin lo descubrimos. La abuela tenía un aliento dulzón y no paró de gritar a Carlitos en toda la mañana, palabras que si las digo me llevaré una colleja, asi que si os las cuento guardadme el secreto, ¿vale?…No teneis pinta de chivatos.


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El Zorro y el árbol


Se que no es gran cosa, y además resulta infantil y pesado, pero es lo que me ha salido, asi que lo publico.

—————————————————–

El Zorro fue a un arbolillo

con intención de grabar,

a fuego o con un palillo

su amor imortalizar.

.

El pobre árbol malherido

no dejaba de sangrar,

y el zorro que no es tontito

se preocupó en preguntar.

.

¿Cómo te encuentras amigo?

preguntaba sin cesar,

mas el árbol ofendido

se negaba a contestar.

.

Diose el zorro por vencido

y a su casa fue a marchar,

pero el árbol pegó un grito

y se tuvo que girar.

.

Un bichito pequeñito

comenzaba a degustar

las hojas del arbolito

que lloraba sin parar.

.

El zorro estaba escondido


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Cuatro genios y una Isla


En un rincón recóndito del océano se encuentra una isla con forma de taza de té. En dicha isla se encuentran cuatro personas muy variopintas, mirándose desconfiadamente los unos a los otros.

Uno de los hombres está sentado en una roca mientras fuma su pipa y ojea un libro con varias ilustraciones de aves. Se trata de Charles Robert Darwin. Cada vez que pasa una página, alza la mirada para mirar con el cejo fruncido a los otros tres hombres.

Albert Einstein se atusa el bigote mientras lee una revista científica. La revista tiene un agujero en el centro por donde vigila a los otros tres hombres.

Un hombre golpea continuamente su espada con una piedra. Tiene una armadura y un casco de las antiguas cruzadas. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, no hace más que mirar a sus enemigos mientras afila su espada.


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Donde crecen los jardines


Hace dos días que no probamos ni gota de agua. Llevamos vagando mi tribu y yo sin rumbo fijo, en busca de un oasis o de un milagro. Aunque tal vez el milagro sea que aún nadie ha muerto de sed, o que nadie ha perdido la esperanza.

Ya casi no puedo más. Cada vez me pesan más los pies, hinchados de ser arrastrados por la arena. Miro a mi alrededor. Muhsin me sonríe, dándome un poco de su aliento.

Cae la noche, haciéndose patente su frío. Una anciana y un señor muy alto empiezan a dar vueltas alrededor de una piedra mientras entonan un antiguo cántico, tratando de  llamar a la lluvia. Pero la lluvia no vendrá.

Amanece un nuevo día junto con una desgracia. Uno de los ancianos, Abdel Razzâg ha fallecido. Con tristeza nos despedimos de él. No pude evitar respirar aliviado al darme cuenta de que sólo había muerto una persona en tres días.


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Cuento de princesas


El príncipe azul era un joven atontado, calzonazos, guapo pero con una expresión de absoluta imbecilidad que le venía como un guante. Atlético pero muy patoso. Cumplía con todos los cánones estéticos de cualquier época, sí, pero desde luego no era para ponerlo en un cuento. Su nombre era Príncipe Imbécil.

La princesa de cuento estaba encerrada en lo alto de la torre más alta del castillo más alto de las más altas colinas del país. El rey del país colindante, el Rey Imbécil, padre de nuestro tonto protagonista, tampoco es que tuviera en forma las neuronas. Se presentó él mismo ante el padre de la pobre princesa prisionera y se comprometió a rescatarla, a condición de que se casara con su hijo (que a su vez era su nieto y su sobrino, por eso la genética, la sabia genética, lo castigó con una mente sórdida y desamparada). El padre de la pobre princesa, y rey magno y grande, aceptó el trato, viendo en él un buen negocio de expansión terrenal. Tampoco era muy listo. Su nombre era Rey Gilipollas. Asimismo, su hija se llamaba Princesa Gilipollas.


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