Aunque con un poco de retraso, anunciamos a los ganadores del concurso de relatos de terror.
Este relato fue escrito por Newowen y ha sido uno de los ganadores del concurso. ¡Felicidades!
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SÉ PULCRO
Los hombres intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si, después de haberse manchado con barro, quisieran limpiarse con barro.Heráclito de Éfeso.
Mi madre me lo enseño desde muy pequeña; Nada como la belleza de una casa limpia y respirar tranquila.
Se sentía bien llegar y sentir la tranquilidad de un entorno higiénico. Por eso me asqueaban los dientes azules del tutor que venía a darme las clases: el Dr. Robertson.
A Philip le conocí cuando mi aversión por los gérmenes empezó a crearme dificultades para encontrar trabajo a pesar de mi impecable curriculum. No entendían mis necesidades.
Philip estudió psicología y tenía una consulta impoluta con una pared llena de títulos y una sonrisa que…
Me contrató como secretaria, pero al poco él supo, como él dijo, “ver mi potencial” y trabajé para él en el servicio de limpieza. Era feliz. Ya entonces tuvimos algún roce (metafóricamente hablando) por haberle tirado alguna basurilla que el consideraba útil.
Bueno, no pude evitarlo y al poco comenzamos a salir y después de un breve tiempo empezamos a vivir juntos.
Al principio traté de educarlo y ser paciente con él, pues sabía que todo hombre tiene la maldita manía de dejar la tapa del inodoro levantada. Algunas cosas las fue corrigiendo, se habituó a que siempre llevase mis guantes, pero después de que nos casamos dejó de lavarse los dientes y no iba al dentista. Y eso que le pedí que me acompañase al dentista y no fue capaz de venir ni si quiera una de las tres veces al mes de las que yo iba.
Las cosas empeoraron y él se volvió menos cuidadoso, no limpiaba. Ay no se si seré capaz de decirlo sin que me den arcadas… No limpiaba los pelos del sumidero después de ducharse. ¿Qué quería que hiciese? Se exasperaba cada día más y me gritaba llamándome maniática.
La gota que colmó el vaso fue cuando descuidó su higiene y decidió que en invierno bañarse cada dos días sería suficiente. Supongo que tendría atrofiado el sentido del olfato y el de su decencia. No pude soportarlo. Así que una noche lo hice. Por su bien claro, mientras dormía. Me aseguré que ya roncaba, y me aproximé muy despacio muy despacio. Le até cuidadosamente a la cama. Ni se despertó, puede ser que se hiciese el dormido, pensando que había accedido a realizar alguna de sus asquerosas fantasías o puede que el sedante para caballos que le puse en la bebida surgiese efecto.
El caso es que ahora podía proceder con todos mis productos de limpieza, le limpié la boca a fondo con flúor y jabón, y la piel con lejía. Hubo que darle varios aclarados.
Supuso un gran esfuerzo pero así aprendería y yo tendría al marido más limpio del mundo.
Todo hubiera ido bien pero la situación se complicó y parece ser que el perborato sódico le hizo reacción en la piel, eso y la lejía, porque el quita grasas no ponía ninguna advertencia en su etiqueta.
Me puse nerviosa al ver como le salían esas erupciones y espuma por la boca y como no quería que manchase más le envolví en las sábanas y lo saqué al jardín. Me costó mucho, pero al fin lo puse en el patio y con la manguera intenté quitarle eso de la piel, la cosa se puso peor, así que cogí unas tijeras y agua oxigenada.
No quería que se le infectasen las heridas, pero de pronte cuando estaba limpiándolas meticulosamente, los efectos del sedante empezaron a desaparecer y me asusté tanto que… lo dejé inconsciente con la pala del cobertizo (aunque primero pensé en, las tijeras hubiesen manchado demasiado). Y bueno, ya me conoce… Claro que no encontraron nada los policías, todo estaba inmaculado, pero no quiero que mi alma esté sucia y por eso se lo cuento, quiero expiar mi culpa antes de terminar en el sepulcro.
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Newowen. 18 de junio de 2009




