SOPA DE RELATOS

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La máquina que mueve el mundo


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El zumo que descubrió el mundo


Hoy he comprendido la ausencia de lógica en el comportamiento de los humanos.

Una anciana ha pasado a introducirme en la bolsa con los demás condimentos, y en el viaje que me ha llevado finalmente a su estómago, he podido verificar por qué, a pesar de la supuesta inteligencia de la que alardea, el hombre está destinado al fracaso y a la destrucción.

 

He visto un televisor y he escuchado una radio, he leído su periódico y les he oído conversar.

Y todo lleva a lo mismo.

 

El ser humano es egoísta, es cruel, es hedonista, y lo peor de todo es que encima es un hipócrita a más no poder.

 

Son los peores entre ellos, aquellos que guardan todo eso en su corazón y lo camuflan con historias de generosidad y de bondad.


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Yo y mis circunstancias


Quizás la clave para ser realmente libre sea
reir cuando puedas y llorar cuando lo necesites
ser honesto con uno mismo, centrarse en lo importante y olvidarse del ruido


Aquel cielo gris, que anunciaba una lluvia torpe y molesta, encajaba a la perfección con el lugar al que me dirigía. ¿Porqué llueve en Junio? ¿No es ese mes que uno se imagina soleado, en la piscina, observando a lo lejos a las chicas en bikini? ¿No debería ser un mes tan caluroso que hiciera arder los colegios? ¡Tan caluroso que ardiesen los examenes, cojones! ¿A qué temperatura era que ardía el papel? ¿Cómo se llamaba aquel libro…? ¡Ah, si! Farenheit 451…

- ¿Te sabes bien el examen?

- ¡Cállate! Más o menos… no sé.

- Luego no me vengas a llorar cuando no encuentres trabajo, yo ya te he avisado.


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El zumo inocentón


Hoy he comprendido la ausencia de lógica en el comportamiento de los humanos.

Una anciana ha pasado a introducirme en la bolsa con los demás condimentos, y en el viaje que me ha llevado finalmente a su estómago, he podido verificar porque, a pesar de la supuesta inteligencia de la que alardea, el hombre está destinado al fracaso y a la destrucción.

 

He visto un televisor y he escuchado una radio, he leído su periódico y les he oído conversar.

Y todo lleva a lo mismo.

 

El ser humano es egoísta, es cruel, es hedonista, y lo peor de todo es que encima es un hipócrita a más no poder.

 

Son los peores entre ellos, aquellos que guardan todo eso en su corazón y lo camuflan con historias de generosidad y de bondad.


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El otro Viernes


Robinson se encontró con un indígena en la playa al que, casi de inmediato, convirtió en su lacayo.

Con el trascurso de los días le enseñó su lengua, lo vistió y le explicó para qué servía el vestido y en qué consistía la vergüenza. Le habló de su dios. También lo instruyó en modos diferentes de trabajar ciertos materiales, diseñar herramientas y casas más eficientes. Viernes se deslumbró. Hizo unas cuantas oraciones en la playa y decidió convertirse en buen cristiano pero también, sin sospecharlo, se hizo comerciante.
Regresó a su aldea y explicó a sus compañeros, con vehemencia poco habitual en él, las novedades que había descubierto, pero ocultó la fuente de sus nuevos conocimientos. Se trataba -dijo a quien preguntó- de inspiración divina. Su nueva indumentaria era un ejemplo de su nueva magia. Los indígenas se mostraron reticentes pero, poco a poco, con el apoyo de los más jóvenes y curiosos, sus ideas comenzaron a practicarse con buenos resultados para los suyos. Vio crecer su influencia en muchos asuntos.
Mientras tanto, Robinson, más aliviado de su soledad, se sentó a esperar la visita de Viernes. Este se hizo esperar más de lo previsto, pues andaba ocupado en establecer su nuevo poder entre los suyos y encontrar el mejor momento para separarse del resto sin que lo siguieran.
Finalmente, cuando se volvieron a ver, Robinson le hizo conocer su intención de regresar a su tierra. Para tal empresa el apoyo del convertido Viernes era fundamental, sin embargo, Robinson se cuidó bien de hacerle entender que no era Viernes quien ayudaba a Robinson, sino todo lo contrario.


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El Rayo


Soy en las nubes presencia que el viento convoca. De las manos de un dios rubio fui la extensión que destrozó vastos hielos, árboles robustos, incendió bosques y mató animales de todos los tipos y tamaños. La sed de destrucción de aquél dios era casi tan grande como el miedo y bronca hacia su escurridizo hermano. Ocupaban todo el firmamento con sus persecuciones. Cuando esas contiendas juveniles llegaban a oídos del padre, éste enarcaba las pobladas cejas pero los dejaba estar, por no interrumpir el desarrollo de sus hijos, en todo caso, los juguetes destruidos no tenían la más mínima importancia.

Esos dioses murieron. El cielo quedó vacío por un momento para luego dar luz a un dios solitario y violento que impartía castigos sin modificar el rostro. Abajo, entre los árboles, uno de los animales agarró el pedazo incendiado de un tronco caído y lo llevó a su horda donde lo recibieron dando saltos y gritos. A partir de ese momento la oscuridad comenzó llenarse de puntos de luz.


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El gallinero.


Erase una vez un gallinero en las afueras de cualquier parte del mundo, ya sea el sur de Gondwana, el este de Pangea o el centro de Venus, en el cual las gallinas vivían siempre con miedo de que los zorros las matasen.

El zorro se deleitaba día si, día no y día también de la jugosa carne de las gallinas y, cuando podía, de sus huevos y pollitos. De ese modo podía alimentar a su prole y a su mujer, que las malas lenguas llamaban zorra.

Un día una de las gallinas, la más fuerte, gorda, y valiente, quiso poner fin a la infernal situación y reunió a todas sus compañeras en un espeso circulo en medio del gallinero. Dijo que estaba harta de los ataques del zorro y que ya era hora de tomar cartas en el asunto. ”¿Quién está conmigo?” preguntó, y como nadie le respondió se dió por vencida, pero mas tarde se acordó de que las gallinas no hablaban y le bastó con mirar los fervientes rostros de su ejercito para darse cuenta de que aceptaban plantarle cara al lobo, digo al zorro.


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Ninfas.


Erase una vez, una joven ninfa, la cual era diferente al resto de sus compañeras, y por eso la rechazaban y se negaban a aceptarla como una más. La ninfa fue creando con hojas de sauce una pequeña manta, la cual al cubrirse con ella la rociaba en unas esencias que la apartaban de la realidad. Tal era su obsesión por escapar de lo que le hacia daño, que se creo su propio mundo al cual viajaba constantemente. Un dia fue a su placebo, aquel lugar donde se refugiaba, y solo ella podia ir, donde se rodeaba de sus pensamientos, sus sentiemientos y quedaba aislada de todo aquello que era absurdo, que dolia, que era real.. Y perdió la noción del tiempo, y la noche inundó aquel lugar, y con ella, el frio. La ninfa temblaba; al llegar alli, las preocupaciones desaparecian, y todo era bueno, simple y perfecto, pero la noche vino acompañada del miedo, el dolor, impotencia, envidia, desilusion.. La ninfa corria, y aunque la oscuridad le seguia, ella seguia corriendo, aun sabiendo que le iba a alcanzar. Era mas la angustia que sentia de pensar que podria quedar atrapada en la noche, que el miedo que le producia estar allí. Pero no se puede huir eternamente, y aunque ella corriese, la oscuridad seguia estando allí. La ninfa era fuerte, y lo sabia.


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¡LLamado para escritores!


¿Qué vamos a hacer con Monterroso?

Todavía su dinosaurio sigue allí y es famoso…

EL DINOSAURIO ESTABA ALLI

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El Bajo 2° parte


En aquel segundo yo temblaba. Pero vi por el rabo del ojo que efectivamente eran cinco hombres jóvenes los que tenía a sólo casi seis metros de mí. Así que volví a gritar con mucha más fuerza, pero esta vez de frente a la supuesta casa a la cual me estaba dirigiendo en mi monólogo; y arrojando el celular con rabia contra el piso, grito:

 -¡Baja cabrón!

-¡Mira lo que hago con tu puto bajo!…

 Y en ese instante, agarro mi instrumento querido, amor de mis amores, le saco su funda con rabia, lo tomo por los trastes, y en un acto de esquizofrénica demencia, comienzo a golpearlo incontables veces contra el suelo mientras seguía gritando:

-¡Mira! ¡Mira Infeliz!

- ¡Mira lo que le hago a tu pinche bajo!


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El Bajo 1° Parte


Hola.Este fue mi primer relato largo.Lo escribí hace casi un año.Espero les guste.Saludos.

bajo2El Bajo

 

Usaré en extenso mi inseparable editor de palabras de Microsoft; Word.

 Miedo, Terror, espanto, pavor, pánico, horror.

Todos los sinónimos antes referidos, son poco para lo que sentí aquella noche. ¡Sí señor!, ya que por el significado en carne viva de los términos que acabo de escribir, hice algo que jamás creí poder hacer.

De regreso de casa de Gerardo, el baterista de nuestro grupo de música, amigo al cual se le ocurrió vivir en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad perteneciente a un águila y un nopal; y cuando con mi vehículo había avanzado lo suficiente desde la casa de mi camarada como para volver sobre mis pasos; de pronto, mi fiel pero viejo jeep, comenzó a expeler humo negro.


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Cuento de Navidad


Luis se acabó la hamburguesa, y guardó el papel en el bolsillo de su cazadora pensando que le podría servir de algo mas tarde. Salió del Burger Queen sin hacer caso a las miradas de asco de la gente. Hombre, no se iba a enfadar con ellos, la verdad es que llevaba una semana sin ducharse porque no había sitio en ningun albergue gratuito de toda la ciudad.  No se podía quejar, había conseguido que un par de colegas le guardasen un hueco en el tunel peatonal de Plaza España. Al menos no moriría congelado, porque iban a dormir apretados de narices. Mientras se comía la hamburguesa, una mujer se había colocado a dos metros de donde el estaba antes, a pedir, pero daba igual, hacía frio en la calle, y ya había comido algo. Así que se puso a caminar sin rumbo, no tenía nada que hacer. Oyó un grito ” detenganle” Y estuvo apunto de echarse a correr, pero recordó que no había hecho nada malo, asi que se giró, y vió como subía corriendo la calle un chico de veintipico años, con una mochila por la q asomaban botes de grafitis mientras un policía le perseguía. Se apartó para no molestar y cuando pasaron siguió andando.


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Sin armas ni leones


Os propongo un reto. Un reto sin igual. Un reto capaz de burlar todas las barreras utópicas y físicas establecidas.

Os propongo que creemos un imperio mental en una era mental. Un imperio sin armas ni armados, en una era sin codicia ni desdicha. Todo albergado en un jardín verde, dentro de nuestra imaginación, donde el mal y los malos se quedan fuera, pues rebotan en una fina capa que protege al jardín; y lo bueno y bondadoso estará dentro, pues atravesarán la capa.

¿Puedes ver el verde jardín?

En el centro hay una fuente de mármol puro, donde flotan pompas de gases multicolores. Cada pompa representa una sensación única de resplandor. Y sólo podréis elegir una. Seguramente os estáis preguntando “¿Por qué sólo una? Yo quiero todas”. Son vuestras mentes, las codiciosas, las que hablan. Sólo debéis escoger una, pues en este jardín la codicia no existe.


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El Dragón de Hielo:


dragondehieloEl Dragón de Hielo:
(Un post para un gran amigo, profesor y artista)
E imprudente se acerco a él el Niño Luciernaga, llegó hasta el orificio qu hacía las veces de oreja e inocentemente preguntó:
Dragón ¿Qué te pasa? hoy no te he visto en la taberna  haciendo cubitos de hielo o esculpiendo efimeras estatuas plasmando la también pasajera belleza de las ninfas…
El dragón se giró lentamente, con el ceño fruncido, no quería ser interrumpido en sus oscuros pensamientos; resópló y volvió el rostro, pero al volverse, la luz reflejada por las estalactitas de La Cueva de Cristaluna mostraron las graves heridas que el dragón sufría, había unas viejas, de traicíon y unas de decepción que de vez en cuando se reabría.
El Niño Luciernaga, se quedó un momento pensativo y luego se sentó junto al Dragón balanceando los pies al borde del precipicio de roca que conducía a lo más profundo de la caverna, y justo cuando el Dragón de hielo estaba carraspeando su escamosa garganta para que el “Lárgate, quiero estar solo” sonara más profundo y cavernoso, el Niño Luciernaga habló con su voz pueril:
-¿Sabes? eres muy afortunado…
El Dragón se quedó un poco confuso, pues se disponía a crear otra de sus dolorosas capas de hielo que crujía con furia, cuando de repente se presenta ese pequeñajo impertinente que …
-¿Qué sabrás tu de la fortuna? ni si quiera mi lecho es de oro, las heridas cada vez tardan más en curarse. Déjame en mi Solitaria Oscuridad…
- ¿Solitaria? ¿Oscuridad? por eso te decía que no sabías lo afortunado que eras…
Entonces, lento y arrullador como el Canto de la Noche, fue creciendo una melodía que empezo a cantar el Niño Luciernaga. Era una vieja canción, de amistad, de reencuentros, sedosa melodía, dulzona como el aire en los juncos.
Imaginad cuan grande sería la sorpresa del Dragón de Hielo cuando oyo que a la voz del joven se añadían primero una, luego otra más grave, y otra más allá. Todas a su alrededor de las que empezó a reconocer algunas, hasta que un caluroso coro de voces reconfortantes llenó de ecos resonantes toda la Caverna de Cristaluna. Pero a pesar de todo no veía a nadie.
Lentamente, según subía el tono y el ritmo de la melodía el níño luciernaga empezo a titlar, como indeciso, una luz debil y titubeante que se convirtió en una fuente casi deslumbrante que reveló a todos los congregados alredeor del Dragón, que estaba tan desconcertado y sin palabras, embriagado de aquella música balsámica, llena de bienestar que, henchido su pecho, se unió al canto y su piel se vistió de nieve de primavera, adornada con todo un arcoiris proyectados por la refracción de la luz del niño sobre los cristales de la fria caverna, que actuaban como prismas.
-¿Ves como eres afortunado? Todos ellos esaban aquí desde el principio aunque tu creías que te hallabas solo.
Pero no querían molestarte, sólo observaban tu dolor en silencio y solo esperaban a que pideras apoyo para aparecer. Pero respetaron tu silencio… Si tu llanto rueda hasta un corazón gélido, cada lágrima se congela haciendo más duro el muro de tu corazón. No creas que esto es una ventaja. Es una paradoja y una dura elección: seguir viviendo aunque duela o la isensibilidad.
Disculpa si yo no he obrado igual que ellos. Me gusta verte sonreir, tus ganas de seguir, tus alegres comentarios tu ilusión y sobre todo que estés bien.
Afuera hace un día de niebla fantástico, y Trieeqawë el Mago, dice que los astros hoy permitirán que obre su mágia…
¿ Vienes?
Te invito a licor de mandrágora si tu pones los hielos, por la nariz ¿eh? El último que llegue es un Frogúnculosanasana!!
Morphópolis… que bonito es de Noche.
T. Owen
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LOS TRES CERDITOS BUSCAN PISO


Érase una vez tres hermanos cerditos que, aunque ya pasaban de la treintena, todavía vivían en casa de su madre. Como ninguno tenía trabajo, se pasaban el día comiendo y ensuciando como buenos cochinos que eran.

Pero un día la madre, ya harta de servirles la sopa boba, les dijo que tenían dos opciones: o hacían de tripas, corazón, y se emancipaban de una vez, o ella se encargaría de hacer de sus tripas y patas, tocino y jamón. Los tres cerditos captaron el mensaje, así que hicieron las maletas y se fueron a un locutorio a consultar todas las páginas web de inmobiliarias habidas y por haber.

Para poder ahorrar para la entrada del pisito, los tres hermanos buscaron un empleo. El menor se puso a pedir limosna por las calles. El mediano cogió una manta y se fue a vender CDs piratas. Y el mayor, que por lo menos había terminado la secundaria, llegó más lejos y se hizo peón de la construcción.


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Microrrelatos Hiperbreves. Toma 7


(Por si quieres más)

.

1) El cajón

Guardaba sus esperanzas… Y sus miedos.

.

2) La Luna

El amante mostraba siempre la misma cara. La lujuria.

.

3) El Sol

En mi interior, sabía que su calor me confortaría.

.

4) Los ga… Los gaga…

Tras el ataque, el gordo y el enano se fueron nadando.

.

5) Telefonía

Doctor Amor. Llama ya. Resultados inmediatos. Dos almas el minuto.

.

Lascivo. 24 de Octubre de 2008

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El Zorro y el árbol


Se que no es gran cosa, y además resulta infantil y pesado, pero es lo que me ha salido, asi que lo publico.

—————————————————–

El Zorro fue a un arbolillo

con intención de grabar,

a fuego o con un palillo

su amor imortalizar.

.

El pobre árbol malherido

no dejaba de sangrar,

y el zorro que no es tontito

se preocupó en preguntar.

.

¿Cómo te encuentras amigo?

preguntaba sin cesar,

mas el árbol ofendido

se negaba a contestar.

.

Diose el zorro por vencido

y a su casa fue a marchar,

pero el árbol pegó un grito

y se tuvo que girar.

.

Un bichito pequeñito

comenzaba a degustar

las hojas del arbolito

que lloraba sin parar.

.

El zorro estaba escondido


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Dulces Contratas


El Detective Privado Ted Truman releyó de nuevo el itinerario que marcaba el mapa, y las anotaciones que iban apareciendo a su alrededor.

Levantó la vista. La señora Regis le miraba atentamente ladeando la cabeza sobre su hombro izquierdo. – “¿Podrá hacerlo?”- preguntó. Ted se limitó a bajar de nuevo la mirada, dando a entender que meditaba en armoniosa concentración. Tras unos minutos confesó:

- “Mire señora Regis, sé prefectamente realizar mi trabajo, pero entienda que…” – la señora Regis le interrumpió.

- “Decidí recurrir a usted porqué llegó a mis oidos que era el mejor en su trabajo. No me importa cómo o qué sea usted, sólo pido el mismo respeto. Quiero que encuentre a mis pequeños,… y sé que están ahi dentro.”

Ted miró de nuevo a la señora Regis. Y sintió que debía apartar la vista de nuevo. Era muy baja, le llegaba a la altura del pecho,… estando sentado. Sin embargo, había algo en sus ojos que le inspiraba confianza.


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Plenitud


Ella siempre había sido feliz. Desde el mismo día en que nació todo fue alegre y dulce. Era la hija del Bosque y el Bosque siempre le amó y le obsequió con todo tipo de presentes. Sus moradores, desde su más tierna infancia, se turnaban para acunarle, para amamantarle y para cantarle las más bellas melodías. Cuando el tiempo pasó y ya no tuvo edad para ser acunada, el Bosque le hizo un nuevo regalo, dormiría cada noche en el gran nenúfar que, desde tiempos inmemoriales, flotaba en el centro del lago de Loth, el llamado lago de las estrellas, pues en él, todas las noches, sin excepción, se reflejaban miríadas de ellas, produciendo un espectáculo de luz y color de tan inmensa belleza que sobrecogía el corazón de todo aquel que tuviera la fortuna de observarlo.  Y cada día, los ruiseñores le despertaban con su dulce canto y cepillaban y trenzaban su largo cabello, negro como ala de cuervo. Los conejos y las ardillas le traían las más variadas y exquisitas frutas y el anciano búho le enseñaba, poco a poco todo lo que él sabía. Era tan hermosa, de rasgos tan perfectos y transmitía tanta pureza, que todo aquel que la observaba por vez primera, sentía el corazón tan henchido de gozo y se sentía presa de tal éxtasis que sus ojos se inundaban de lágrimas y lloraba agradecido por haberle sido concedido el don de una visión tan divina.
Ella siempre había sido feliz. El Bosque siempre le había protegido de todo aquello que pudiera causarle daño, de todo aquello que pudiese provocarle dolor.
Pero una mañana ocurrió lo que el Bosque siempre había tratado de evitar.
Esa mañana, ella salió a pasear como tantas otras veces había hecho, acompañada del canto de los ruiseñores y el suave murmullo de las hojas, se perdió en sus ensoñaciones y se alejó más de lo que jamás lo hubiera hecho antes. Cuando volvió a la realidad se dio cuenta de lo lejos que le había llevado su paseo y se dispuso a regresar pero un suave sonido llamó su atención. Pareciera un débil gemido, un leve lamento. Invadida por una irreprimible curiosidad, se dirigió hacia donde creía haberlo oído y, tras caminar unos pocos pasos, se encontró en un claro, en el suelo del cual había tendido un pequeño conejito. Se acercó a él y le tendió su mano acariciándolo suavemente. A su contacto, la criaturita tembló y ella pudo notar el ligerísimo latir de su diminuto corazón.
-Qué te pasa conejito? por qué estás aquí tumbado?- Preguntó, pero no obtuvo respuesta alguna
-Conejito, por qué no hablas conmigo, estás enfadado por algo, he hecho alguna cosa que te pudiera molestar y por eso no me hablas?- Volvió a preguntar, pero siguió sin obtener respuesta
La indefensa criatura abrió entonces sus ojitos vidriosos y le miro sin ver. Tras éste supremo esfuerzo, los ojitos se volvieron a cerrar para no volver a abrir jamás. El corazón del conejito dejó de latir debajo de la delicada mano de la muchacha. Ella no sabía que había ocurrido, pero una sensación de desazón se apoderó de ella y un sentimiento desconocido hasta entonces fue tomando forma en su interior. Sentía como una opresión en el corazón y una especie de nudo en la garganta que no era capaz de identificar y poco a poco, mientras mantenía inmóvil su manita encima de donde minutos antes notara el débil latir con la esperanza de que se reactivase, sus ojos se fueron humedeciendo hasta llegar a un punto en que comenzaron a derramarse cristalinas lágrimas por sus mejillas. Y continuó llorando, por primera vez en su vida, largo rato, perdiendo la noción del tiempo, hasta que una voz le hizo regresar a la realidad.
-Qué te ocurre, pequeña?
Sobresaltada volvió su carita hacia la voz y descubrió, plantado a su lado, a un anciano de larga barba blanca y expresión melancólica que le observaba con curiosidad.
-Yo…no sé…jamás me había sentido así…jamás había llorado. No sé qué me pasa, debo estar enferma.
-Enferma? por qué dices eso pequeña? Acaso te duele algo?
-No…pero…yo…jamás…jamás había llorado y el corazón…es como si alguien me lo estuviera oprimiendo y…no sé…siento en la garganta…como si me costara tragar y…me siento…- La dulce criatura se quedó en silencio, como si no encontrara las palabras para continuar e instantes después estalló en un nuevo llanto interrumpido por irrefrenables sollozos y así siguió hasta que el contacto tranquilizador de la áspera mano del anciano sobre su mejilla, le fue calmando paulatinamente.
-Mi dulce pequeña, pobre criatura. Lo que no eres capaz de identificar, dulce niña, eso de lo que con tanto ahínco te han protegido desde que naciste, no es más que un sentimiento llamado tristeza. Tristeza por ésta criatura que ha perdido su vida. Sí, dulce niña-continuó el anciano al ver cómo la pequeña abría los ojos desmesuradamente- todas las criaturas de los dioses tienen un ciclo finito que han de cumplir. Y cuando éste se cumple, trascienden a otra dimensión de existencia. Lo que quiero decir, dulce niña, es que vida y muerte están unidas de forma inseparable. Así como noche y día, bondad y maldad y, como has podido comprobar, alegría y tristeza. Cada moneda tiene una cara y una cruz. Y así debe ser pequeña, pues si sólo existiera una faceta y no su opuesta, no seríamos más que seres incompletos y no podríamos experimentar la auténtica dimensión de la faceta que se nos diera a conocer. Con todo esto pequeña- continuó explicando el anciano, que había conseguido captar toda la atención de la niña- sólo quiero que entiendas que hoy, te ha sido otorgado el mayor regalo que podrías recibir. Hoy has conseguido ser una criatura plena y a partir de éste día tu felicidad será un sentimiento mucho más poderoso que el que has experimentado hasta ahora y que identificabas como tal. Pues nadie puede ser completamente feliz, si antes no ha conocido los sinsabores de la tristeza.
La pequeña bajo la vista y miró de nuevo al conejito, intentando asimilar todo lo que el anciano le había dicho y, cuando volvió a mirar hacia donde había estado el anciano, éste ya no estaba allí.
La niña nunca supo si el anciano estuvo o no allí alguna vez. Pero esa tarde, mientras regresaba al lago, sintió una felicidad como nunca antes había sentido porque, como había dicho el anciano, ya fuera en su imaginación o no, se sentía completa por primera vez desde que naciera.


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Donde crecen los jardines


Hace dos días que no probamos ni gota de agua. Llevamos vagando mi tribu y yo sin rumbo fijo, en busca de un oasis o de un milagro. Aunque tal vez el milagro sea que aún nadie ha muerto de sed, o que nadie ha perdido la esperanza.

Ya casi no puedo más. Cada vez me pesan más los pies, hinchados de ser arrastrados por la arena. Miro a mi alrededor. Muhsin me sonríe, dándome un poco de su aliento.

Cae la noche, haciéndose patente su frío. Una anciana y un señor muy alto empiezan a dar vueltas alrededor de una piedra mientras entonan un antiguo cántico, tratando de  llamar a la lluvia. Pero la lluvia no vendrá.

Amanece un nuevo día junto con una desgracia. Uno de los ancianos, Abdel Razzâg ha fallecido. Con tristeza nos despedimos de él. No pude evitar respirar aliviado al darme cuenta de que sólo había muerto una persona en tres días.


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