SOPA DE RELATOS

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Microrrelatos Hiperbreves


1) El paracaídas

El paracaídas de Mario no se abrió en ningún momento.

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2) La abeja

Estaba frente a un panal mirando una abeja rebelde.

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3) El número

Mientras la cola disminuía, los números de la pared aumentaban y el olor a pescado era más fuerte.

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4) Mi cuchillo

Creo que he dejado mi cuchillo enterrado junto con Sara.

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5) El muro

José Luis no pudo derribar el muro ni con sus deseos más fuertes.

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Lascivo. 26 de Agosto de 2008

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Furkul, el Clérigo Leproso


Furkul nació en una familia numerosísima y muy pobre. El padre tenía varias mujeres a las que pegaba con demasiada frecuencia, por no decir a diario. Que él recuerde, habrá tenido unas setenta madres en total, y un máximo de quince madres a la vez. Muchas de ellas morían tras una brutal paliza, o de sobrepartos. La cantidad de hermanos era incontable. Tal era el número de hermanos hambrientos y enfermos, que cada mes morían más de tres.

Su familia no tenía ni dinero ni prestigios. Los niños cultivaban escasos productos en un pequeño jardín, cazaban alimañas o robaban lo que podían. Se trataba de una supervivencia muy tercermundista. Furkul estaba bastante enfermo. De no comer, estaba en los huesos. Al ser un rival débil, sus hermanos le pegaban y le robaban su comida. Pronto aprendió a matarlos por la noche para comerse su comida y quedarse con sus pertenencias.


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Cuento de princesas


El príncipe azul era un joven atontado, calzonazos, guapo pero con una expresión de absoluta imbecilidad que le venía como un guante. Atlético pero muy patoso. Cumplía con todos los cánones estéticos de cualquier época, sí, pero desde luego no era para ponerlo en un cuento. Su nombre era Príncipe Imbécil.

La princesa de cuento estaba encerrada en lo alto de la torre más alta del castillo más alto de las más altas colinas del país. El rey del país colindante, el Rey Imbécil, padre de nuestro tonto protagonista, tampoco es que tuviera en forma las neuronas. Se presentó él mismo ante el padre de la pobre princesa prisionera y se comprometió a rescatarla, a condición de que se casara con su hijo (que a su vez era su nieto y su sobrino, por eso la genética, la sabia genética, lo castigó con una mente sórdida y desamparada). El padre de la pobre princesa, y rey magno y grande, aceptó el trato, viendo en él un buen negocio de expansión terrenal. Tampoco era muy listo. Su nombre era Rey Gilipollas. Asimismo, su hija se llamaba Princesa Gilipollas.


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El último mensaje de Yaveh


Ejem… ¿Hola?

(‘Toc’, ‘toc’, ‘toc’.)

(Probando, probando… Sssssí. Sssssí.)

Ejem… Hola… ¿Hola?…

(¿Funciona esto?… ¡Ah! Bien, vale.)

¡Hola! Esteee… ¡Ciudadanos… del mundo! Estooo… Eeeh… Soy Dios ¡Dios! Eso es…

Os hablo desde el Cielo… y tal. Bueno, era para deciros que… Pues, eso, que cierro. No sé… No sé si me oís todos, creo que el micro está un poco oxidado… Bueno, que esto se está transmitiendo a todos los rincones del mundo y en todos looos… los idiomas, eso.

(Estoy un poco nervioso… No hago esto desde hace… ¡Puf! ¡La tira! Je, je.)

Bueno, lo dicho, que cierro. Que se acaba el mundo. Ha sido un placer.

(¿Cómo? Sí, sí, claro, información, información… Voy, voy…)


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Comisaría del Absurdo, nº 10


Hola.

Soy el Tomate Frito. Vengo a poner una denuncia.

Sí, sí. Por un asunto doméstico.

Claro, esperaré.

Señorita… Llevo más de quince minutos esperando y…

Claro…

No, lo comprendo, pero verá, tengo prisa…

Estoy convencido de que su trabajo es muy importante, señorita, pero tengo un problema grave.

Bien, le comento. Es por la Mermelada.

Sí, la Mermelada. Me ha intentado asesinar.

No, no me han echado ninguna especia aún. ¡Soy un bote cerrado, por Dios!

Prosigo… La Mermelada, de fresa, esta mañana, ha intentado asesinarme. Sé que parece increíble, pero está resentida conmigo desde que el Señor de la Casa descubrió que le gustaban más las crepes saladas que dulces.

Sí, sí. A mí también me sorprendió al principio, pero piense que es un gran avance para los que son como yo.


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Nuevo Caos Mundial


En Villaviciosa las cosas suelen ser tranquilas. No hay mucho tráfico, ni contaminación. De hecho, tampoco es que haya mucha gente. Es un pueblo tranquilo. Sin embargo, hoy se ha recibido un extraño aviso.

Me llamo Lolo Gomera, y soy agente de la policía municipal. Normalmente mi trabajo consiste en patrullar y multar. Es aburrido. A las diez y cuarto de la mañana hemos recibido un aviso de una señora en cuya cocina se ha producido un pequeño fuego. A las once estaba todo resuelto. Media hora después, hemos visto un Seat Ibiza amarillo aparcado en la zona de bajada del autobús, frente a un supermercado. Como el dueño no ha aparecido, hemos avisado a la grúa, que se ha llevado el coche. Una mañana normal.


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El monstruo del pantano 15-13-18-16-3-4-10-8-1


Verde. Todo es verde. El verdor es mi vida. Vivo en un pantano, rodeado de plantas. Soy uno con el verdor. Soy parte del verdor. Soy el verdor.

Cuando llegué aquí todo me parecía diferente. Ahora, dejo que un pequeño cogollo amarronado me crezca en la espalda. En mi pecho, doce flores púrpuras, gigantescas, luchan entre ellas por ser la más grande. Pronto se convertirán en fruto.

La primavera aquí es muy lenta, y apenas se nota el verano. Hay frescor todo el año. Me gusta la humedad. Hacen que las raíces de mis pies estén siempre lubricadas.

Ayer, un pájaro se comió uno de mis ojos. Claro, que para él son sólo aceitunas. Me pilló dormido y, apenas me di cuenta, ya se lo había llevado. No me importa, en un par de días crecerá. Me gusta alimentar a los animales. Así les ayudo.


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El Camino del Deseo. Capítulo 4: Un nuevo mundo.


Capítulos anteriores:
Capítulo 1: Una mala noche.
Capítulo 2: Mala compañía.
Capítulo 3: Viaje indeseado.

 

Capítulo 4: Un nuevo mundo.

La sensación que tuvo Madeleine al cruzar la puerta fue como la de estar en el vientre de una madre. La comodidad era la máxima, no habían ruidos, ni golpes ni sensaciones negativas. Todo era paz y calma. La noción del tiempo era imposible de medir. No sabía si había estado mil años o un segundo en este estado de letargo, pero en un momento dado cerró los ojos con mucha fuerza.

Cuando abrió los ojos, se despertó encima de una nube. A su lado estaba John con los ojos cerrados. A los pocos segundos John abrió los ojos, miró a su alrededor dando varias vueltas sobre sus talones y empezó a reír. Era una risa escalofriante.


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El Camino del Deseo. Capítulo 3: Viaje indeseado.


Capítulos anteriores:
Capítulo 1: Una mala noche.
Capítulo 2: Mala compañía.

 

Capítulo 3: Viaje indeseado.

Era muy de noche cuando Madeleine se presentó en el lugar del encuentro. Como bien le dijo John, iba sola. Abrió la puerta de su coche y salió a un descampado donde una figura se encontraba esperando. Sólo se podía ver su negro contorno bajo la luz de la luna.

- ¿John? – Preguntó con voz ahogada – ¿Eres John?

- Ven – le ordenó la figura – ¡Rápido!

Madeleine se apresuró, a pesar del tono amenazador con el que le llamaba la persona que tenía delante. No sabía decir por qué, pero a pesar de la extraña situación en la que se encontraba desde que le salvó de los indigentes, solo quería estar con John.


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Un posible futuro


Amanecí en una cama diferente. Me levanté despacio y me dí cuenta de que estaba sobre el suelo de una cocina de aspecto rústico y antigüo. Miré a mi alrededor  y descubrí otros tres camastros, dos vacíos y en el último estaba sentada una chica.

Para mí era completamente desconocida, sin embargo, ella me sonrió, me agarró la mano y me condujo fuera de la casa.

El cielo era muy gris con tonos rojizos, las plantas eran de plástico y no se veían animales por ninguna parte. Nos sentamos en una colina, sobre el falso césped, y ella me abrazó cariñosamente. De pronto una sirena sonó fuertemente, poniendonos a ambos en pie de un salto. La chica me agarró del brazo de nuevo y tiró fuertemente de mí hasta el interior de la cocina.


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El Camino del Deseo. Capítulo 2: Mala compañía.


Capítulo anterior de la saga:
Capítulo 1: Una mala noche

 

Capítulo 2: Mala compañía.

Gon se encontraba pidiendo en una calle del centro cuando se dio cuenta de que alguien le miraba. A dos metros de él una mujer le señalaba con un brazo mientras con el otro brazo agarraba a un hombre más mayor que ella. Pronto se dio cuenta de que esa mujer era a la que habían intentado atracarla hace casi una semana.

No le olía nada bien la situación, asique decidió levantarse y “darse el piro”, pero la mujer fue corriendo hacia el gritando que le esperara.

- ¿Dónde está? – le preguntó la mujer

- ¿Dónde está quién? – respondió con otra pregunta.

Gon hizo ademán de que se iba a ir, pero el hombre que acompañaba a la mujer le dio un billete de diez euros.


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El Camino del Deseo. Capítulo 1: Una mala noche.


Capítulo 1: Una mala noche.

Era una noche de verano con fuertes vientos. La temperatura era idónea, ni demasiado frio, ni demasiado calor. Se podía ver grandes nubarrones que cubrían la luna y las estrellas y amenazaban con empezar a lanzar relámpagos. Había estado lloviendo toda la tarde y el suelo estaba mojado, pero ya no llovía más. Se podía respirar la humedad en el aire junto con la contaminación de la ciudad.

Una papelera de aluminio iluminaba la callejuela con grandes llamas de fuego mientras un grupo pequeño de indigentes se calentaban las manos y avivaban el fuego continuamente con viejos periódicos y cartones, para que el fuerte viento no lo apagara. De vez en cuando calentaban sus estómagos dando lingotazos a una botella de vino peleón.


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