El abrigo verde
Unos pasos cansados pero pertinaces se hunden en la nieve en un vano intento de arañarle a la estepa unos cuantos centímetros más de vida. Como si de una vela rasgada se tratase, un abrigo verde y grueso pende entre jirones de la encorvada espalda del soldado. Apenas ya una sombra y un suspiro en medio del viento.
Ya no hay sitio para pensamientos complejos o algún tipo de introspección, tan solo un dolor agudo y lacerante que desgarra los dedos de las manos y los pies con sus dientes de hielo. El frío se materializa en las pestañas y en la barba en forma de cristales que finalmente empapan la bufanda y llegan a convertirse en vapor caliente bajo varias capas de abrigo.
Si tuviera fuerzas, lloraría.
Sobrevivir unas horas más es un tormento impuesto por la interminable sucesión de pasos y crujidos sobre la nieve.


(5 votos. Puntuación media: 4,80 sobre 5)






