SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

El chico de pueblo


Él era un tipo sencillo, pero profundo y sensible. Se había criado en una familia de clase baja, pero bien situada dentro del estatus de una pequeña aldea. Su mayor aspiración era muy humilde: formar una numerosa familia con la joven de la que estaba enamorado.

Era un hombre fornido, atractivo, un ídolo para muchos chicos del pueblo, y, por ello, todas las mozas del pueblo iban tras él. Pero, aunque muchas de ellas eran chicas hermosas, su amor tenía un único destinatario.

 

Ella, sin duda, era la más bella. Aficionada a la literatura, a primera vista era encantadora. Su caminar distraído, ignorando todo cuanto sucedía a su alrededor, le daba una apariencia de ingenuidad que era capaz de bajarle todas las barreras. Le despertaba una pasión que no era capaz de controlar y, arrastrado por ella, cometió alguna que otra barbaridad.

 


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Sodoma Y Gonorrea


eunuko literacruda
Alejandro Magno estaba de fiesta con Nabucodonosor “El Grande” en los jardines de Babilonia.
Aprovechando el ambiente festivo, Alejandro Magno le dijo a Nabucodonosor:

Alejandro: Amigo, mira… no puede haber dos “Grandes” aquí, elige otro mote o se acaba la manduca y salimos a hostias

Nabucodonosor: Alejandro, no te ralles… ya vas borracho y tienes ganas de pelotera

Alejandro: He conquistado Persia con los ojos cerrados y podría conquistar Chueca con la misma facilidad

Nabucodonosor: No seas ignorante Alex, Sodoma y Gomorra se quedan pequeñas si las comparas con Chueca, esa ciudad es vicio puro

Alejandro: Pues… yo estuve allí con Hefestión en un antro con cuarto oscuro y te puedo asegurar, que Bagoas tiene más actividad, y eso que es eunuco

Nabucodonosor: ¡Qué Bagoas es eunuco!, pero entonces ¿Cómo se lo monta?

Alejandro: Se pone relleno y finge los orgasmos en Fa


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José Luis, Luis José y la Seta que era un Champiñón


feliciano literacruda

Desconocido 1: Hola, ¿Te llamas José Luis?

Desconocido 2: No, me llamo Luis José

Desconocido 1: Perdón, busco a José Luis que vive en Piedras del Río

Desconocido 2: Pues no sé, yo vivo en Río de las Piedras

Desconocido 1: El José Luis por el que pregunto tiene dos ojos, una nariz con dos agujeros y la boca llena de dientes

Desconocido 2: No conozco a nadie con esas características, vaya a preguntar detrás de aquella seta gigante con vistas al vertedero

Desconocido 1: Vengo de allí, pero me han dicho que no es una seta si no un hongo

Desconocido 2: Es un champiñón

Desconocido 1: En mi humilde opinión, se asemeja a un níscalo

Desconocido 2: Pues parece lo mismo

Desconocido 1: Todo parece lo mismo, ¿Verdad José Luis?

Desconocido 2: No soy José Luis, soy Luis José


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Nosotros que intentamos no ser como nuestras madres.


El otro día escuché una historia que merece la pena contar: La verdad sobre el origen del hombre.

No en tono de chanza, aunque pueda parecerlo al lector que se encuentre con dicho escrito; describo al tipo que me la contó de la siguiente forma:

Con diez dientes en la boca, pelo raído sin igual, no fuma él, sino hinala opio en pipa sin parar. Drogata y loco le llaman, por sus pintas, el cochino, en todo el pueblo es sabido, del uno al otro burdel.

Después de recordar la descripción, la historia sobre hermosos duendes que traían a los niños en cestillas se me hace ridícula… Y yo que había dicho que nunca juzgaría a nadie por las pintas…

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Rol


El ocaso llega a las verdes faldas de las montañas Wymbarr con rutinaria placidez. Los trolls de las cavernas vuelven a sus guaridas para cenarse a sus retoños, los grandes huargos de las nieves se desperezan después de un día de inactividad y los elfos de la luna surcan las primeras luces del ocaso a lomos de sus Águilas Rey.

En medio de toda esta quietud, un guerrero de nivel quince trepa por la ladera más rocosa y escarpada, con sus manazas cobrizas arañando con fuerza las piedras y terrones de arena.

Muy lejos de allí, en una urbanización de Torrelodones…

-Tira percepción. –La voz adolescente casi rompe la atmósfera.

De repente, Randall detiene su ascenso cuando desde la cumbre, cae un peñasco del tamaño de un oso. Lo ve justo a tiempo y lo esquiva por escasas pulgadas (alrededor de dos dedos gordos de pie) gracias a su +9 en reflejos. No en vano le llaman el Intrépido de Tantalia.


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Zapatos de tacón a las 5:30 de la mañana ( 1ª Parte )


Hola, soy Danny, y la historia que voy a contaros a continuación me ocurrió hace apenas 3 días. He decidido explicaros esto ahora ya que aún tengo los recuerdos frescos y vívidos en mi mente, aunque no creo que sea algo que pueda olvidar con facilidad. No espero que crea lo que voy a relatarle a continuación, crítico lector, pero sentía el impulso de contar lo que me sucedió aquella noche fatal.

Era un día como otro cualquiera. Me levanté a mediodía, con algo de náuseas , así que pase de la comida y salí directamente al trabajo. Desde entonces no he vuelto, pero llevaba un par de meses en un almacén de calzado femenino, de todo tipo, para cualquier ocasión. Todo sucedió con normalidad. Nada interesante que comentar sobre mi jornada laboral. Así que hagamos un pequeño salto.


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La historia de un muchacho llamado Sacacorchos


Trís! Dijo un muchacho arrinconado en el vertedero de desperdicios. Sacacorchos le llamaban. Su mirada parecía la gorra que llevaba y su voz parecía un chicle siendo masticado. Casi todos veían su pragmatismo, pero no le veían a él, siempre tapado por su pragmatismo, que era enorme y proyectaba una sombra tal sobre su rostro que desfiguraba todas sus facciones hasta el punto de llevarlas a la nada. Sacacorchos desaparecía, sencillamente, bajo las sombras de ese gigante. ¿Y no es que pudiera extirparse algo como su sentido de la practica, que le era innato, verdad?


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Cambio de deseo


CAMBIO DE DESEO

Capítulo 1

Esta historia comienza con Guancho de 16 años de edad en el taller del padre, atareado en su monopatín y algunas piezas del padre (que es mecánico por cierto). Está intentando ponerle un motor al monopatín para ir más rápido al colegio porque está a 2 kilómetros de su casa y no tienen mucho dinero para el autobús.

Capítulo 2

Continua con Hasan subiendo a un autobús un poco nervioso porque lleva 5 kilos de explosivos alrededor de su pecho y espalda. Las personas pasan a su lado ajenas a que posiblemente sea lo último que vean en este mundo.

-Disculpe. -le dice una mujer embarazada que intenta ir al asiento para minusválidos.

-No importa -contesta Hasan-. Soy una persona que le gusta dejar que se sienten los mayores y embarazadas como usted, señora.


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Irregular Elis: Ocupo tu lugar, no te preocupes


Relato basado en el universo de mi webcómic “Irregular Elis”

 

El grillo canta; identificando canción… hummm, nada, creo que este es tan amusical (si es que existe esa palabra) como todos los demás de su especie. ¿Por qué carajos me distraigo de la misión?

Elis estaba ya tras el muro de las oficinas, la noche la cubría en sombras ayudada por la sombra de dicho muro. El guardia cercano parecía gemir una melodía (parece que él si entendía la canción del grillo) y sus pasos eran tranquilos y bajos pero audibles con buena atención. La niña se atrevía a aventurar que giraba su porra a un lado en plan vacilón, como si alguien le observara todo el tiempo. No se equivocaba en parte.

El tipo parece fácil de distraer, bien, solo tengo que esperar el momento oportuno y entrar aprovechando mi poder. ¿Dónde habré puesto el espejo…? Aquí está, la madre con Holy, tenía que ser uno de esos con florecitas como adorno… luego me dice a mi…


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Crisis en la Autopista


Un gran atasco ha inmovilizado completamente al tráfico de la autovía principal. Los coches se encuentran apiñados en completo silencio, pues llevan tantas horas parados que los conductores han perdido todo deseo de gritar o de accionar el claxon. Bueno, todos no; aún hay una conductora cuya paciencia ha rebosado hace tiempo. De tanto que ha aporreado el volante se le han amoratonado las manos, y su bocina hace minutos que ya no suena.

Rafaela, la conductora furiosa, se decide finalmente por salir del coche y dirigirse al foco del atasco para ver qué pasa. El resto de conductores se asoma por las ventanillas para ver cómo la furibunda mujer recorre kilómetros y kilómetros de atasco. Los niños la señalan con entretenimiento y con cierta diversión al ver que el sol ha quemado su cara hasta el punto de parecer un dibujo animado enfadado.


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El aterrador jersey errante: segunda parte


Me flaqueaban las piernas y tardé algo más de lo normal en volver a la habitación. La llama de la velita que llevaba en la mano temblaba por la corriente y en el pasillo se oía cómo las gotas sonaban en las ventanas de las habitaciones como insectos golpeando contra un parabrisas.

La puerta de mi habitación estaba entornada, aunque no recordaba haberla cerrado en mi anterior huida, así que la tuve que empujar con el cuchillo jamonero. Vi un relámpago a través de la ventana y una silueta sobre mi cama.

Creo que me quedé de piedra o algo así, porque comencé a mover la boca y los brazos como si fueran de madera. Encima de mi cama y mirando hacia la ventana estaba el jersey de rayas blancas y azules que me había puesto esa misma mañana. Sí, sí, lo he dicho bien, estaba levantado y mirando hacia la ventana en posición contemplativa.


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El aterrador jersey errante: primera parte


Mierda, esto no debería estar pasando, no puede estar pasando. Pero aquí estoy, sentado sobre una cornisa y al borde del vacío. A punto de tirarme para acabar con mis sesos esparcidos por la acera, al lado de un cartel de Colgate. Sé que no es un final digno, pero yo no soy un caballero Yedi y las cosas, bueno, mejor dicho esa cosa, me  han superado. En fin, empezaré por el principio, por el jodido comienzo.

Era una tarde de esas en las que el aire es espeso y caliente, y el ambiente parece estar esperando o escuchando tus pasos, en medio del sonido de los papeles rodando por las aceras. Iba a caer una tormenta de esas que tienen gotas gordas como canicas y relámpagos púrpuras. El caso es que iba  a caer una tormenta que lo flipas. Yo lo notaba y por eso volvía tan rápido de la facultad.


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Dogma


- ¡Papá, papá!

- Dime hijo.

- ¿Por qué esa mujer es virgen?

- Por que es de madera.

- ¡Jesús! Estas no son formas de explicar al niño lo que es la pasión.

La verdad duele, pero curte un huevo.

 


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Ay, carmela…


Hoy, me he levantado indignado.

Si, si, indignado. Estoy hasta los cojones, vamos.

Me he levantado de la cama hoy, 14 de Abril de 2011, con el desayuno en mis narices. Las fresas estaban demasiado maduras, y el chocolate con churros demasiado caliente. Por si esto fuera poco, Pocahontas (que así llamo yo, de forma cariñosa, a mi chacha) ha olvidado lavar mi corbata azul con gaviotas. ¡Ay, cuanto adoro esa corbata!

- Pocahontas, la próxima vez me veré obligado a despedirte.

- ¡Ay lisensiado! ¡Ay lisensiado!

Creo que es lo unico que sabe decir, la muy salvaje. Si no tuviese la destreza que tiene en otras cosas… Mal hicieron en echarnos de su continente, estos tiraflechas. Ahora ya es tarde, desafian a Estados Unidos (que en 2008 perdió mi cariño y aprobación), ganan mundiales, invaden Europa…enfin, no quiero indignarme más.


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Esto es de locos


Esta historia es de locos. Mejor dicho, esta historia va de locos.

Era mi primer día en el hospital psiquiátrico, como médico residente. Había estudiado, oído hablar y hasta visto vídeos de personas afectadas de diferentes clases de psicosis, pero en el hospital sería la primera vez que los trataría cara a cara.

—¿Podría ver una relación de los pacientes y sus diagnósticos? —pregunté al doctor Meza.

—Vamos a hacer algo mejor —respondió —. No voy a darte una “lista de la compra” para que puedas crearte ideas preconcebidas de los pacientes. Tú mismo irás habitación por habitación y les preguntarás por qué están aquí y formularás su diagnóstico.

—¿Es… está seguro doctor? —le dije, inseguro—. ¿Y si alguno de los  pacientes sufre un episodio violento?

—Estate tranquilo, en las habitaciones de los más proclives no se puede entrar sin la compañía de los celadores. A esos, si hace falta, les preguntas desde detrás de la puerta.


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El señorito.


- Y tú, ¿qué crees?

- Yo creo que te mueres y punto.

- ¿Y punto?

- Si.

- ¿Y dejas de pensar?

- Si.

- No, eso es imposible.

- Lo que tu digas.

Después de unos minutos de silencio, la chica retoma la conversación.

- A ver, ¿tú alguna vez has dejado la mente en blanco?

- Claro, cuando duermo.

- ¡Claro! Cuando te mueres, es como si soñases todo el tiempo, ¿no?

- Si, ya lo decía .

- ¿Y con qué crees que sueñas cuando te mueres?

- No sé. Yo sólo sé que soñaré contigo todo el rato.

- Ya, claro.

- Si, de hecho he leído un artículo en El País, de un psicologo muy famoso que se llama Tevez, que es argentino. Dice que cuando la palmas sueñas con tu primer amor.


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¿Y si Todos los Libros Fueran de Ciencia-Ficción?


Hoy me he levantado con esta extraña pregunta grabada a fuego en mi mente: ¿y si sólo existiera un género literario? Por ejemplo, la ciencia-ficción. Analicemos la repercusión de esta idea en forma de otra pregunta: ¿y si todos los libros fueran de ciencia-ficción? ¿Cuáles serían los libros más famosos? Veamos algunos ejemplos:

· Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas:

En el planeta Francia, el déspota regente Luis 13.0 y su principal compinche robot y líder religioso Richebot gobiernan a sus anchas, sembrando el caos y la destrucción en un páramo desolador. Mientras, en la corte, las más altas tecnologías están al servicio de las perversiones de los más allegados a Luis 13.0. Los Mosqueteros, líderes de la resistencia humana, intentarán derrocar al regente.

· Sherlock Holmes, de Arthur C. Doyle:


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De, de, de, de.


De las palabras blancas
que nunca tendrán
un significado
que las haga divagar
por mares y ríos,
sopas de letras
comidas frías,
con tenedores y cuchillos.

De los significados inexistentes
que nunca tendrán
una palabra
que los sepa expresar
sin recurrir
a la invención,
la trampa,
o la imaginación.

De las sombras
enrevesadas,
inmaculadas,
vestidas de blanco,
y sin embargo,
oscuras,
apagadas,
no iluminadas.

De todo lo que rodea
a este mundo loco
del cual nos tocó
ser testigos sin tregua.
De aquello de allá,
y esto de acá.
Orégano, sal y pimienta
para putear al mundo,
si cabe,
algo más de la cuenta.

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De cómo las ansias de libertad nunca traen nada bueno.


Samantha Disaster nació en un pequeño pueblo del interior de Estados Unidos, resultando ser una niña algo marimacho y alocada y una adolescente infantil y rebelde que finalmente, se transformó en una joven con complejo de Peter Pan.
Una chica de dieciocho años menuda, delgaducha, de carita aniñada y ojos redondos de un color negro violáceo muy llamativo, y piel rosada y pecosa. Llevaba ropa de corte roquero, cortada, rajada, de colores oscuros, y su pelo naturalmente negro teñido de un color morado más llamativo si cabe.
Sus padres, una respetable pareja del pueblo, terminaron desesperados por su conducta y actitud, y no se interpusieron en lo más mínimo cuando la pequeña Sam anunció su marcha a la ciudad más próxima, Sunshine Valley, donde, según sus propias palabras, “realizaría su sueño de convertirse en estrella de rock”, tras un pequeño altercado con la policía, donde se vieron implicados toda la pandilla de amigos de Sam. Alcohol y jóvenes en una plaza de un pueblo pequeño a las cinco de la madrugada, ya se sabe.
Volviendo a la historia de cómo las ansias de libertad (de esta chica en concreto. Las ansias en libertad de los demás no tienen por qué conllevar implícitamente el desastre) nunca traen nada bueno, Sam cogió su ropa, algo de dinero de los cumpleaños, la vieja furgoneta, y su guitarra, y se fue a vivir a su famoso primer piso en Sunshine Valley.


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1. Siempre igual.


Sam llegó a su casa dando una patada a la puerta de su roñoso apartamento, tras subir cinco pisos de unas mugrientas escaleras de linóleo de un color verdoso que nunca le gustó, y sin más, se derrumbó en el sofá, tapizado con una tela áspera de un diseño parecido al tartán. Frotó sus pies el uno contra el otro para sacarse las Converse negras reventadas con dificultad, dejándolas caer al suelo con un ruido sordo, y con algo más de delicadeza, dejó su guitarra eléctrica, con estampado de piel de cebra, también en el suelo.
Había sido un día de mierda.
Soltó todo el aire, desesperada. Por la mañana, al sonar su móvil como despertador, lo había apagado medio en sueños, dispuesta a despertarse al cabo de un rato. Por desgracia, la noche anterior había estado rondando hasta las tantas, por lo que se quedó dormida, y, tras salir pitando de casa sin desayunar (sin sus cereales azucarados de la mañana, Sam Disaster no era persona), llegó con un petardeo de su vieja camioneta al trabajo, donde su jefe, como siempre, le echó bronca, y, aprovechando que llegaba tarde, la despidió.
Por si no fuera poco, al salir de su ex-trabajo, su camioneta se caló, negándose rotundamente a arrancar. Sam tuvo que andar 5 km hasta llegar a su casa, bajo una fina y oportuna lluvia.
Y por último, el colmo.
Al llegar a su bloque, donde vivía sola, su casera, una vieja gruñona de la que cuyo nombre nunca se acordaba, le dijo que mañana mismo debía estar fuera. Ya no le atrasaban más el pago del mes de alquiler.
Se dio la vuelta en el sofá hasta quedar con la cabeza hundida en el sucio y viejo olor del duro colchón, donde tuvo una de sus míticas pataletas.
Hasta que, milagrosamente, una carta salvó su vida de un ahogamiento por chillar demasiado seguido a causa de la frustración.
Un sobre blanco, pulcro y limpio, que cayó con suavidad a través de la rendija del correo. Sam levantó la mirada de pronto al oír el suave sonido del papel contra el suelo de linóleo. Observó escépticamente el sobre un instante, hasta que finalmente se levantó del sofá perezosamente, refunfuñando, y despeinándose la mata de pelo morado.
Una vez cogido el sobre, se echó en el sofá de nuevo, con cuidado de no dar con la cabeza en el reposabrazos de madera.
-Vaya… ¿Quién demonios puede llamarse Lara Lovely y no haberse cambiado el nombre a estas alturas? -rió cuando leyó el remite. -Oh, y encima vive en la Avenida del Olmo, será pija la tía…
Rasgó el sobre blanco con una de sus largas uñas pintadas de negro o azul oscuro, no lo recordaba, y se dispuso a leer el contenido, cuando una melodía de rock la distrajo. Su móvil.
Se estiró por encima del sofá para coger su móvil, una antigualla con pantalla en blanco y negro que se resistía a morir y darle una excusa para cambiárselo, y lo descolgó.
-No, Vince, no quiero saber nada sobre lo que pasó ayer. -empezó ella cortando lo que fuera que su amigo iba a decir.
-Joder Sam, siempre estás igual. ¿Me harás el favor de dejarme hablar? -suspiró él exasperado. -Son buenas noticias. Y ayer no pasó nada que yo sepa; bebiste tanto que ya ni te acuerdas y quieres asegurarte, ¿no es eso?
Sam bufó, asqueada.
-Vale, sí, lo que tú digas. Buenas noticias, ¡ya, ya!
-¡No me cortes al principio y luego me des prisas, Disaster! -le advirtió Vince aparentemente antipático.
-Jooo, vaaale. Estaré calladita. -inconscientemente, Sam puso morritos. Vince suspiró al otro lado del aparato.
-Está bien, escucha, enana. Encontré una compañera de piso para ti. -Sam se incorporó de golpe en el sofá.
-¡¿Qué?! ¡¿Compañera de piso?! -se enfadó. -¡Demasiado tarde, tonto el culo, me echan ya! ¡Te lo dije hace un mes, ¿como puedes haber tardado tanto…?!
-Eh eh eh, quieta, fierecilla. ¿Me vas a dejar terminar? -Sam se calló, y Vince bufó. -Uf, si es que siempre igual. Nunca va a cambiar. En fin, el caso es que la chica en cuestión, Lara, es la hermana de un colega de un colega mío… Bueno, les di detalles de donde vives y tal, y como la señorita tiene casa ya, me ofreció para ti quedarte a vivir en su casa, pagando la mitad del alquiler que pagas ahora. Supuse que te gustaría la idea, la casa es bonita y tal…
-Espera, ¿una casa? -Sam aplaudió satisfecha. -¡Eres genial, Vinnie! Voy a hacer las maletas y… Espera, ¿cómo se llama la tía? ¿Y dónde vive? ¿Y…?
-¡Por Dios Sam!
-Lo siento.
-Se llama Lara Lovely, y vive en una casita de la Avenida del Olmo creo… Sea como sea, heredó la casa de su abuela hace poco, así que está buscando alguien con quién compartir esa casa tan grande como para uno. Pero Sam, hay una pega y…
-¡Dios! ¡Lara Noséqué! ¡La tipa de la carta, estupendo! De hecho estaba leyéndola justo cuando tú me interrumpiste y tal, pero da igual, Vinnie, ¡te per-do-no! -canturreó.
-Sam, me alegro de verte tan contenta, pero te repito que hay algo que debes saber antes de aceptar tan felizmente y es que…
-Uy, se me acaba la batería. Bueno, da igual Vince, no será tan importante, iré a hacer las maletas y luego hablamos, ¿vale? ¡Chao-chao!
-¡Sam! -la chica colgó alegre, sin preocuparse lo más mínimo por lo que fuera que Vince tuviera que decirle. Miró la carta perezosamente. Bueno, ya la leería más tarde. El caso era que ya tenía sitio donde dormir esa noche. Y la dirección ahí anotada.
Una vez recogidas sus escasas pertenencias en una pequeña maleta y una mochila aun más pequeña, Sam salió de su viejo piso sonriente.
La portera malhumorada miró despectivamente a su ex-inquilina, menuda, pecosa y con look roquero, que se despidió alegre con un gesto considerado ampliamente obsceno.


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