SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Oh, querida


Te deseo con locura. Cada vértice, cada ranura. El parpadeo de tu mirada, roja y verde, me convence a cada instante de la certeza de tu vida, me basta un botón para hacerte mía. Mío es tu control, mía es tu realidad. Yo decido qué hay en tu mente, qué hay en tus entrañas, cuándo y cómo se abrirán las ranuras que te comunican conmigo. Es el tacto de mis dedos, acariciando con el sensual y mecánico ritmo que me gusta, lo que te permite abrir la mirada al mundo. O eso creía yo, hasta ahora.

Porque dime, oh, computadora. Dime, asquerosa zorra inmunda: ¿por qué te reseteas? ¿Pero qué carajo te hice yo? ¿Acaso no cambié al vil y malvado de las ventanas de colorines y te abrí las puertas de la libertad a lomos de un pingüino? Yo te quiero, te quiero mía, a mi merced, ¡no a la merced de tus caprichosos reseteos! ¿Es acaso este tórrido calor? ¿Por qué, querida mía? Casi 8 años juntos y ahora me desprecias. Muchas más jóvenes qué tú  suplicaron a mis pies, yo no las acepte… porque eras mía.


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Poesía escatológica 1


Si te están saliendo canas,

no te limpies la almorrana.

Si te está saliendo caspa,

no te limpies la zurraspa.

.

Aprende a vivir con ello.

No te depiles el vello.

Aunque ganes en tamaño

no es para atascar el baño.

.

Los pelillos luego duelen,

cuando salen pica el culo.

Si te rascas no es muy chulo

y los dedos también huelen.

.

Si al limpiar el ano rasca,

y el papel sale hecho trizas,

no se irá la longaniza,

llenará de olor la tasca.

Lascivo. 8 de Agosto de 2008
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Son eto o son lojotro


Si el profiláctico se rompe

lo mejor es tirarlo

dejar que ella los compre

o aprender a usarlos.

.

Cuando la familia crezca

no te olvides de tu fallo

no te pongas a la gresca

aunque ella parezca un callo.

.

Pero no te descompongas

no te tires de los pelos

lo mejor es, con el celo,

taparle al niño la boca

así llegará al cielo.

.

Pero no dejes de verlo

cuando vengan estertores.

Son los momentos mejores

apenas puedas olerlo.

Se cagó en los pantalones.

Lascivo. 8 de Agosto de 2008
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Mi casa cambia…


Todo empezó por culpa del televisor. La tele me espiaba, me miraba mientras yo veía la radio. Luego comencé a con mi paranoia, a cepillarme los dientes con la escobilla del vater y a limpiarme el trasero con el cepillo dental. Tambien me peinaba los pelos de la axila con el peine y me echaba desodorante en la cabeza a modo de fijador. Los cuchillos me atacan y me cortan las yemas de los dedos, que crecen como si fueran plantas, regadas a diario por mi regadora. Mientras tanto, el aire acondicionado refrigera mis espaguettis mientras la nevera me sirve para tirarme a ver la radio y espero bocanadas de aire fresco de mi sofa para refrescarme y combatir el calor.

El televisor fue el que me corrompió, primero se negó a enseñarme las piernas de las presentadoras. Luego escupía basura a traves de los altavoces y en la pantalla siempre estaba el mismo tipo, que me miraba fijamente y hacía oraciones en otro idioma con intenciones hostiles.


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El Restaurante Ming


Cuando entramos en el Restaurante Ming la cara de Luisa se iluminó.

Luisa y yo llevamos casados 2 meses y aunque os parezca una locura, Luisa no ha comido nunca en un resturante chino. Sus padres son muy raritos y nunca comen fuera de casa porque dicen que les da dolor de estómago, asi  que en las bodas y demás siempre se llevan todo pre-preparado.

El caso es que Luisa no era tan rara, y cuando entramos, dijo algo asi como que se había transladado a otro lugar diferente.

Nos sentamos y ella me dejó elegir por los dos, Rollitos primavera, Arroz Tres delicias y pollo al limón, además una ensalada china y una ternera con patatas. Teniamos apetito.

Al final de la comida, se nos acercó la chica y nos dijo que nos invitaba a un licor, bueno, “licol” como decía ella.


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El náufrago humillado


                Despierto. Me duele la cabeza y tengo los ojos secos. Borroso. Todo lo veo borroso. Delante tengo lo que parece ser el mar y debajo de mis nalgas noto la cálida arena de lo que parece ser una playa desierta. No sé cómo he llegado hasta aquí ni cuánto tiempo llevo desmayado.
                El Sol está cada vez más alto y mi moral cada vez más baja. Noto como los rayos del sol me golpean en la cabeza con fuerza, friéndome los sesos por dentro. Mi mirada se pierde en el horizonte tratando de escrutar cualquier tipo de señal que me pueda decir qué demonios hago en este lugar. Finalmente mi cabeza empieza a dar vueltas hasta que caigo desmayado.               
                Vuelvo a abrir los ojos. Ha atardecido. Tengo sed… ¡Tengo mucha sed! Miro a mi alrededor y no veo más que arena y el oleaje del mar. Arena y mar. Mis párpados se vuelven a cerrar. Parece ser que lo único que puedo hacer bajo este sol abrasador es desmayarme.        
                Empecé a soñar que estaba en una bañera blanca algo sucia, junto con un patito de goma amarillo y unas gafas de bucear. Al intentar coger al patito, éste me sonríe y grita:           
                – ¡Heeeelados! ¡Patatas! ¡Cooooocacolasssss!     
                Me despierto sobresaltado. Es obvio que mi imaginación me la está jugando, pero aun así alzo la mirada y busco en la dirección de donde parecía estar gritando el patito. No hay nada. Tan sólo me acompaña el anaranjado tono del atardecer y la salada brisa marina. Me miro las manos y… ¡Oh Dios mío! ¡Está todo borroso! Ahora soy consciente de que el sol ha debido de derretir mis retinas.      
                Empiezo a llorar de desesperación. Me estoy quedando ciego en una isla perdida. Pero las lágrimas no acuden a mí, por lo que la única forma de consolarme es gritar.           
                – ¡¡Ahh!! – trato de gritar, pero no me escucho… ¡Oh Dios mío! ¡Estoy sordo también!    
                – ¡¡Hijo de puta!! – Le grito a Dios. Levanto el puño zarandeándolo amenazadoramente mientras sigo blasfemando.               
                – ¡¡Baja aquí grandísimo hijo de puta!! – Intento levantarme, pero me caigo de culo.     
                No da resultado. Dios no baja a ayudarme. Me llevo las manos a la cara. Las tengo tan secas y ásperas que me hago daño en las yemas de los dedos al tocar mi barba. Intento levantarme otra vez, pero sólo logro ponerme de rodillas. Me tiro al suelo y empiezo a dar puñetazos a la arena. Esto es una maldición, una maldita maldición.       
                De repente un instinto suicida se apodera de mí. Me tumbo en el suelo y empiezo a tragar arena con las dos manos. Prefiero morir rápidamente antes que esperar a morirme de sed en esta isla desierta.   
                Trago arena rápidamente mientras lloro. O mejor dicho mientras me aflijo, ya que las lágrimas no acuden a mis ojos.               
                Para mi sorpresa noto como algo me agarra de hombro. ¿Un oso? Noto que me agarran también de los dos brazo y que tiran de mi hasta inmovilizarme. ¿Caníbales? Forcejeo todo lo que puedo y logro librar mi brazo izquierdo. En mi desesperación por suicidarme lo más rápido posible empiezo a palpar el suelo con la mano libre en busca de algo con lo que poder matarme.              
                Arena… arena… arena… mi mano sólo toca la arena de la playa… un momento… parece que acabo de tocar algo parecido a… ¡mis gafas!               
                Me pongo rápidamente las gafas. Al hacerlo recupero la vista, y veo como tres personas están intentando inmovilizarme. Las tres personas abren la boca constantemente como si estuvieran pidiendo auxilio, mientras más personas acuden a su llamada para tumbarse encima mía. Algunos de ellos me miran con cara de preocupación. Son todos gente normal vestidas con trajes de baños. No parecen caníbales.      
                No logro entender de donde han salido estas personas… ¿Serán compañeros de mi desgracia? ¿Vendrían en mi mismo avión cuando estrellamos? ¿O tal vez nuestro barco encalló cerca de esta isla y el oleaje nos trajo hasta aquí?     
                Noto como unas manos hurgan en mis orejas hasta meterme algo por el oído, y al instante escucho un jaleo. Alguien me ha puesto mi audífono.        
                – ¡Abuelo! ¡Deja de tragar arena! – Me grita una chica sollozante. Reconozco esa voz… ¡es la voz de mi nieta!            
                De repente, en unas milésimas de segundo, mi cerebro lo recuerda todo. Yo vine con mi familia a Benidorm y bajamos a esta playa turística. Me debí de quedar dormido y me desperté bajo el calor del sol. Lo que parecía una isla abandonada no es más que una playa para turistas. Y no estoy solo, sino entre un bullicio de gente que me mira con ojos alarmados. Duele. Me duele mucho la tripa.


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Una de Pinocho


Nota: Este manuscrito fue hayado entre los restos de una antigua biblioteca, abandonada en el siglo XIX. La caligrafía no es muy buena, su ortografía es peor. Tal vez el autor era un niño pequeño, o un fantoche, pero la conclusión es que nos encontramos ante una obra maestra. La Iglesia ha decidido nombrar a este texto como “Texto Bíblico” y comenzará a comercializarse en Enero del 2009 bajo el lema de “Quítatelo, quítaselo. No al aborto”. Sin más preambulos os dejo con el texto sagrado.

Fdo: Ministerio de Justicia y Cocina.

“En un pueblo cercano a un lugar lejano, abitaba un personaje yamado Gepeto. El susodicho Gepeto era un ombre carente de sabiduria. Nunca fue a la escuela, ni a la universidad, tampoko izo modulos ni masters. El ombre subsistia de la renta k le dava el estado, pues era un parado. Cierto dia, decidio abandonar a su novia en una cuneta. Se la conoce como La Chica de la Curva; y se echo a caminar por el campo. Llego a un coto y se dio de cara con un OVNI (Orgasmo Violento, Nalgas Invencibles) . Escucho una voz k le dijo:


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¿Está rico el arroz tres delicias?


Ante todo nadie sabe lo que Esteban Alonso piensa. Esteban Alonso está ahora mismo comiendo pollo al limón en un recatado restaurante chino (“Restaurante Ming”) en un pueblo de las afueras de Madrid. Está solo, pero disfruta de la comida. Al lado de su plato de pollo, hay otros dos, uno con restos de rollito de primavera y otro con un tazón vacío de sopa de aleta de tiburón.

Mientras Esteban come sin ser consciente del medio exterior, una pequeña y joven china, con cara risueña, se le acerca por la espalda. Antes de que pueda reaccionar, la menuda china le clava a Esteban Alonso un par de palillos en todo el espinazo. Un par de afilados palillos.

Los palillos se rompen. La cara de Esteban Alonso emana ahora felicidad.

“¡Qué idiota! Uso protección, ¿sabes?” Dice Esteban, dándose la vuelta a la velocidad del rayo.


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Enchilada con tomate y huevo…


Levanté la vista hacia el cielo,…
Tanto tiempo había pasado desde que partimos en aquella nave. Una cantidad ingente de recuerdos me inundaron, a mi derecha se encontraba Lys, mi amiga y compañera de aventuras, y al otro lado Ichigo, el más novato de todos.
Me giré hacia él y le dije, “Alguna vez te conté cómo empezó todo?”, Lys sonrió.

“Alerta, una nave enemiga a la vista!!!”
“Capitán el propulsor hiperespacial está fallando, nos tienen a tiro”

Todo a mi alrededor era caos y destrucción, entre los cadáveres sobre la cubierta sobresalían cables pelados que esparcian chispas por doquier. La gente estaba nerviosa y entre sus cabezas, veía muchas que se volvían hacía mi como pidiendome explicaciones o alguna solución para salir del apuro.
Yo no podía perder la calma, pero sobre mi se cernía el peor de las preocupaciones, el sentimiento de culpabilidad.


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Soy un cerdo


Es increíble. Esta mañana me he despertado y no era yo. Era un cerdo. Un cerdo.

Os preguntaréis cómo es posible que sea un cerdo de la noche a la mañana. Pues yo también. Pero tampoco es que me importe. Mi vida anterior no se diferenciaba mucho de ésta. El caso es que ahora soy un cerdo, y tendré que acostumbrarme a ello. Quién sabe, lo mismo mañana vuelvo a ser humano, y la verdad es que estoy mejor así.

Yo, como cerdo, no es que sea un gran cerdo. Soy bastante gordo, como todo marrano, pero no soy un cerdo que destaque por su tamaño. Tengo la piel rosa con manchas más oscuras, una orejas que cuelgan y que incluso me quitan visión y un rabito rosita enroscado bastante chiquitajo. Vivo en una granja y estoy dentro de una cerca en la que hay un montón de paja y barro. Tenemos también una cuba de agua (bastante sucia, pero al menos no es garrafón) y un comedero lleno de una porquería viscosa que no sabe del todo mal.


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Paciente número 214


17:35 horas. Décima sesión.

Paciente: Techo.

Problema: Leve depresión debida al enamoramiento no correspondido.

- Buenas tardes, señor Techo.

- Hola, buenas tardes.

- Pase, pase. Póngase cómodo. ¿Quiere tomar algo? Mi secretaria ha traido unas galletas, caseras, hechas por ella, que están de muerte. Sírvase.

- Oh… muchas gracias.

- Bien, sr. Techo, ¿cómo se encuentra hoy?

- Bueno… No muy bien, la verdad.

- Cuénteme, ¿qué le ocurre?

- Es que… No puedo más, doctor. La veo siempre. Durante todo el día. Está delante de mí y no soy capaz de decirle nada.

- Estamos, de nuevo, hablando de la señorita Suelo, ¿verdad?

- Sí, sí. No paro de pensar en ella. Está frente a mí día y noche. A veces me pilla mirándola… Y las paredes ya están empezando a cuchichear entre ellas. Saben mucho, ¿sabe? ¡Ay, si las paredes hablasen!


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