El poder de la palabra
El salón estaba completamente lleno de gente vestida especialmente para la ocasión. Eran varias las mesas que ocupaban todo el pabellón, llenas de copas, cubiertos, platos y, sobre todo, personas sentadas. De esos entes salían palabras, que encadenándose, formaban parte de un coro de murmullos, cotilleos y lamentos. El continuo repiqueteo de una cucharilla de café contra una de las copas de vino atrajo la atención de la muchedumbre, que no paró de cuchichear pero sí de hablar.
-¿No es ese el escritor de esquelas, el que solo sabe escribir sobre gente que ya no está?
-Sí, y también su mejor amigo.
-¡Chitón, que va a hablar!







